Cuando Salomón salió de la habitación, una voz llamó a Ezequiel desde los pedestales.
—Hola ¿Ya tienes la migraña? ¿Puedo pasar?— le dijo la voz, masculina y joven.
Ezequiel asintió y un chico llegó en una nube roja con destellos. Era un chico sonriente, usando una máscara de viaje, cabello de un rojo intenso y vestido con unos jeans negros con cadenitas a la cadera y una chaqueta de cuero vinotinto. Se quitó la máscara y, curiosamente, tenía la misma edad que Ezequiel, sus ojos de un marrón pálido y despreocupados y una piel blanca como de vampiro.
—Venga, ¿Ya tienes la migraña en punto cierto? Toma, no sé si a tí te prohíben también usar pastillas, pero enserio las vas a necesitar.— dijo acercándose con toda confianza a la cama dónde Ezequiel, extrañado pero sonriente, seguía recostado.
Le dió una caja de pastillas de migraña, más extraño aún que eran de una marca reconocida. Marca que Michelangelo había comprado unos años antes.
—Venga, tómate una. Yo me vine escapado de mi Regente, así que si no me delatas yo tampoco a tí. ¿Me puedo sentar contigo? Se ve cómoda tu manta.— le dijo y Ezequiel asintió. El chico se sentó cerca de sus pies y se recostó del poste de la cama. Ezequiel quiso hablar pero empezó a toser.— Uy, así estarás que hasta náuseas tienes. No me extrañaría, éste Reginato tenía 57 años sin un Príncipe. El mío estuvo sólo 10 sin un Heredero y yo pasé casi 24 horas entre vómitos y migraña que hasta me deshidraté. No me quiero imaginar en que estado estarás tú. Ay j***r, yo llegué aquí y ni me presenté. Me llamo Cosmerius Luciel, aunque en lo personal me gusta que me llamen con el nombre que me dieron en mi casa. Ese es Demian, ese fue el nombre que me dió mi mamá, aunque me llamaron Luciel cuando me nombraron Príncipe. Pero en serio detesto las formalidades innecesarias.—
—¿Cómo te saliste del Plano Infernal siendo el Príncipe sin que lo notaran?—
—Truquitos que uno aprende cuando tiene un Regente pesado y estricto.— dice y Ezequiel se ríe mientras al mismo tiempo se queja.— Venga, tómate una pastilla antes de que te pase como a Tsularis. Esa sí se desmayó el día de su Presentación.—
—¿Qué?—
—No te extrañes. Ella es muy delicada. Aunque incluso Amina estuvo grave unas 24 horas tras su Presentación. De todos modos, de nosotros tú eres el que está próximo a cumplir los 18 años. Oye y a todas éstas, tú tienes que ser demasiado valiente como para aceptar estar en éste Reginato con la cantidad de corrupción que tiene. Yo vengo del Averno y mi Reginato está más limpio de Corrupción que éste. Eso, sin ánimo de ofender, lo juro.—
—Pierde cuidado. La Corrupción fue tal que los mis antecesores huyeron y se escondieron de aquí, así que no tengo derecho a ofenderme por eso.—
—Amina tenía razón respecto a tí, eres bastante razonable. Me extraña que no seas tan formal como ella, pero a decir verdad me cae bien eso.—
—Tú mismo lo has dicho, ¿Para qué te voy a hablar en privado con formalidad sabiendo que odias eso?—
—Cierto. A propósito, ¿Enserio no quieres que me quede con la deidad menor que atraparon aquí?—
—Negocié las almas de los que estaban en desacato con ella.—
—...—
—¿Qué pasa?—
—Yo los habría condenado, si me lo preguntas. Pero tú vienes de la línea del Gran Maestro, así que supongo que está bien. Bueno, te dejo descansar. Ya los asuntos formales lo tratamos luego. Mientras más tiempo pase antes de eso mejor. Para eso hay que sentarnos con los Tratados y los Regentes, llevar entidades y demonios a juicio, revisar expedientes... Aysh... No tengo ganas de eso ahorita y tú no tienes la energía para eso. Haz el favor de recuperarte para poder invitarte a jugar basket en el Plano Austral. O fútbol. O lo que nos salga del orto, pero venga. Tú tienes años huyéndole a los de tú Reginato y yo tengo apenas seis meses como Príncipe y ya me quiero escapar. Un ratito de juego no viene mal.— dijo levantando los hombros. Ezequiel ladeó la cabeza.— Si claro. Amina es demasiado seria (aunque tengo entendido que la obligan a ser así) y Tsularis es imposible incluso conversar normalmente con ella. Si voy contigo al menos se pueden hacer cosas de varones.—
La frase hizo reír a Ezequiel.
—Deja que las conozcas y vas a entender mi desesperación. Vale, te dejo descansar.— dijo riendo y se levantó para irse.
—Oye Demian.—
—¿Qué fue?—
—Tengo algo tuyo que les costó las vidas a unos míos.— Demian abrió los ojos como platos.— Un libro de Maldiciones Postreras de tú Plano.—
—¿Porqué esa cosa está aquí? Mi gente tiene años buscando esa cosa. Supongo que tampoco lo has leído tú, ¿Verdad?—
—No me he atrevido, si me lo preguntas.— extendió la mano y Demian la tomó.— Es esa la ubicación. Llévate el libro, pero no a quién lo protege.—
—¿Porqué?—
—Una vieja deuda. Libertad por libertad.—
—Venga que tienes una alta moral. Es Asuer lo destruye sin pensarlo dos veces.— dice y un escalofrío lo hace temblar.
—¿Cómo así?—
—De los que han pasado por esa posición tuya, por lo que me cuentan, sólo tres han sido muy amables con los míos y los del Plano Místico. Los otros suelen tratarnos como si no merecieramos existir.—
—No tendrás ese problema conmigo, descuida. Si existe, existiendo quedará aunque... ¿Me harías un favor, Demian?—
—¿Que pasó?—
—Tengo una entidad allá abajo que me atacó ayer. No es tanto que me haya atacado a mí, sino que aún hoy día usa las almas de los niños que mancilló y asesinó para nutrirse. ¿Hay alguna manera de que la Entidad te la lleves tú, pero los niños avancen al Plano Celestial?— Demian miró a Ezequiel a los ojos.
—Los pasamos por juicio por separado junto con Amina y ya está. Al ser una Entidad, debe corresponder a Tsularis quedarse con ella.—
—Eso es exactamente lo que no quiero. Al pasar al Plano Místico se llevará a los niños con él.—