Apocrifus: Legado, Balanza y Destino

Capítulo 23:

Es martes por la tarde en el Reginato y Ezequiel revisa los Tratados en compañía de Salomón y Amós. Curiosamente, podía deslizar las manos por las hojas y aprender su contenido. De la nada levantó la mirada hacia los pedestales.

—Si... Si claro... Vale, a las 5 será.— dijo y un destello brilló en el centro de los pedestales.

—¿Pasa algo Alteza?— pregunta Amós.

—A las 5 viene el Príncipe Cosmerius Luciel a llevarse a los suyos que tenemos en el Reginato.— dice texteando rápidamente en su teléfono, avisándole al Regente.

—Pero, ¿Tú...—

—No tengo que ponerle mucha energía dado que son, literalmente, ciudadanos de ese plano. Él y su Regente vienen en un rato. Tengo que estar listo para entonces.— dijo levantándose de su cojín y caminando al vestidor a cambiarse.

Salomón y Amós se vieron las caras. El Regente llegó poco después.

—Ya pedí que trajeran los registros de los demonios en la cárcel, pero, Ezequiel, ¿Seguro de poder con ésto?— le dijo Timoteo preocupado.

Ezequiel salió del vestidor con su uniforme de tribunal y su máscara.

—Hay que hacerlo. Mientras menos de ellos hayan aquí, mejor para nosotros. Los infiltrados perderán fuerzas y los Cazadores tendrán menos problemas en la cárcel.— le dijo mirando al suelo. Timoteo le levantó la mirada.

—Estás haciendo demasiados esfuerzos.— le dijo mirándolo a los ojos.

—Apenas estoy comenzando...—

Ambos salieron de la habitación y llegaron al Tribunal. Poco después un destello rojo brilló entre los pedestales y Cosmerius apareció vestido con un uniforme igual al de Ezequiel en rojo y negro, en compañía de un hombre mayor, de ojos rojos y piel oscura. Ezequiel y Timoteo se levantaron de sus sillas para saludarlos. El Regente Avernal saludó conforme a su protocolo, dándole una patada disimulada a Cosmerius para que hiciese lo mismo. Éste obedeció a regañadientes y Ezequiel contuvo la risa.

—Gusto saludarte, Príncipe Cosmerius Luciel.—

—Gusto verte otra vez, Príncipe Ezequiel. Si me descubrieron ese día. ¿Ya te encuentras mejor?— le dijo, con un formalismo que amenazaba con asquearlo.

—Aun no. Pero igual, hay que sentarnos a tratar éstos temas.—

—Concuerdo. Le presento a mi Regente, Belegfor Octavo. Por ahora, él es el que está lidiando conmigo.— dijo, olvidándose a lo último del protocolo y ganándose que su Regente lo regañara con la mirada.

—Te habías tardado en hacer una de las tuyas, Luciel. Compórtate por favor.— le dijo Belegfor, algo disgustado.

—Creí que nada más tú lanzabas esas frases célebres, Ezequiel.— murmuró Timoteo y Ezequiel contuvo la risa.

—Por favor conozcan también al Regente Timoteo VII, actual en la línea de éste Plano.— dijo Ezequiel y Timoteo y Belegfor se estrecharon las manos.

Un rato después, los 4 estaban en una de las salas del Tribunal revisando documentos.

—Me estoy cansando de ésto, lo confieso. ¿Y tú no tenías migraña? ¿Qué haces revisando expedientes?— dijo Luciel después de un rato.

—¡Luciel!— lo regañó Belegfor con dos dedos apretando el centro de su frente.

—Si, aún me duele la cabeza, pero no puedo entregártelos sin tener los expedientes completos, Luciel.— dice Ezequiel con los papeles en la mano.

—Dámelos y allá yo reviso esas cosas.—

—Si fuera por mi lo harías, pero nos meteríamos en líos después.— le dijo y Luciel suspiró.— Venga, todo sea por descansar un rato.—

—Buá será.— dijo levantando las manos.

Un rato después, los 4 salieron de la sala y empezaron a contar los demonios que ya los Cazadores tenían en el Tribunal.

—¿Ves lo que te digo? Falta uno.— dijo Ezequiel tras contar.

—Ese no. Ese lo tienes que pasar por juicio en el Plano Austral primero porque era humano.— le dijo Luciel.

—¿Y qué va a pasar con los híbridos?— preguntó el Belegfor y los dos voltearon sus miradas.

—Nada aún. A ellos les toca o quedarse aquí o irse al Plano Místico. Pero a mí Plano no pueden irse, por muy hijos de los míos que sean.— dijo Luciel cerrando los ojos con fuerza. Varios de los demonios frente a ellos empezaron a protestar. Ezequiel tocó su hombro.

—Pierde cuidado. Y ustedes ¡A callar! Agradezcan que su Príncipe los vino a buscar y no los mandó a ejecutar por sus delitos.— dijo hablándoles a los demonios con dureza. Luciel asintió.

Timoteo le entregó los papeles a Belegfor y Ezequiel y Luciel se estrecharon las manos.

—Ay verdad, yo te traje algo.— dijo y sacó de su bolsillo una cajita pequeña.— Aquí hay unas, no sé, ¿50? Botellitas de retención. Con ésto los tuyos no tendrán tanto problema en atrapar a los míos y me los puedas entregar sin tanto problema ¿Vale?—

—Te lo agradezco, Luciel.—

Los dos extendieron las manos hacia los demonios y éstos desaparecieron en una nube de color rojo con destellos dorados. Pero al hacer eso, Ezequiel cayó al suelo mientras de su máscara caían gotas de sangre. Luciel retrocedió aterrado y Belegfor lo atrajo hacia sí. Timoteo corrió y sostuvo a Ezequiel en sus brazos. Cuando quiso darse cuenta, a Luciel también le sangraba la nariz por debajo de su propia máscara. Pero él si se desmayó.

—¿Ezequiel? Ezequiel hijo, ¿Estás bien?—

—Uno... Uno... De esos... Era un Ministro.— logró apenas pronunciar y una bocanada de sangre salió de su boca.

Belegfor también intentaba despertar a Luciel. Pero él no reaccionaba. Sacó algo parecido a un teléfono de su bata y empezó a llamar hablando en idioma demoníaco. En el Reginato del Plano Avernal, los guardias allá intentaban contener al Ministro demoníaco que intentaba rebelarse contra Belegfor y Luciel. Por suerte, no los encontró.

Un rato más tarde, Ezequiel y Luciel estaba acostados los dos en la habitación de Ezequiel, sin reaccionar aún. Timoteo sostenía la mano de Ezequiel y la acariciaba.

Belegfor alternaba entre pasarse las manos por la cara y acariciar el cabello de Luciel.



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En el texto hay: secretos, drama,

Editado: 05.06.2026

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