Apocrifus: Legado, Balanza y Destino

Capítulo 29:

Timoteo a las puertas del Reginato intentaba escuchar las preguntas de los reporteros que hablaban todos al unísono.

—Eminencia, toda la ciudad se pregunta qué pasó y qué significa lo que ocurrió, ¿Qué respuesta les da?— pregunta una reportera, única a la que se le entendió su pregunta.

El Regente abrió la boca para responder, pero una oleada de polvo dorado se levantó y se extendió por gran parte de la ciudad. Una nota de voz llegó al teléfono del Regente y, tras escucharla, la puso al micrófono de la reportera.

—'Eminencia, ya el Príncipe Ezequiel se siente mejor. Ya su energía está estable y ha limpiado gran parte de la Ciudad.'— decía la voz de Salomón en el teléfono.

Los reporteros quedaron en silencio. Timoteo levantó los hombros con una sonrisa.

—Tenemos un Príncipe. Un Principe joven y muy fuerte, pero igual sigue siendo joven. Finalmente tenemos un Príncipe.— dice levantando los hombros y suspiró.

Luego se dió la vuelta y regresó dentro del Reginato sin decir nada más. Los reporteros se quedaron en las cercanías, transmitiendo y hablando de lo sucedido. Tardarían en olvidarlo. Cuando Timoteo entró de regreso a la habitación de Ezequiel, éste y Mathías descansaban los dos en la cama, Salomón frente a ellos leía algo en un libro y Luis en otro. Al verlo llegar, ambos se apresuran a contarle lo ocurrido.

—¿Osea qué Mathías recuperó también parte de su propia escencia?... ¿No es un peligro eso?— pregunta Timoteo y Salomón lo mira preocupado.

—No sabría decirle, Eminencia. El Principe Ezequiel despertó, estuvo jugando unos minutos con su energía y levantó esa ola de polvo. Pero quedó agotado en el proceso. Dijo que tendría que cruzar al Plano Celestial una vez se recuperara de eso. Y Mathías dice que saldrá mañana en la mañana a esconder eso. Al parecer, le entregaron dos Reliquias de aquel lado.— dice señalando la daga y el puñal envueltos en una tela bordada.

—Todo ésto está sucediendo muy rápido...— dice Timoteo pensativo.

—El Príncipe Ezequiel no está físicamente apto para éstos sobresaltos. Aunque, tampoco es que sea su culpa.— dice Luis cabizbajo.

Timoteo se sentía impotente. Su misión en el Reginato era cuidar de Ezequiel. Y no lo estaba logrando.

Ezequiel despierta casi a media noche y se abraza a su padre dormido a su lado. Pensaba en lo ocurrido. Y le aterraba saber que eso era solo la cuarta parte de su poder. ¿Como iba a controlar semejante energía? Y fuera de eso, temía incluso haber ofendido al Creador. Movió la Balanza, algo que nunca se había hecho, algo que ni siquiera el Gran Maestro se atrevía a hacer.

(No ha sido tu culpa, Miguel Ángel. Ven acá, necesito que vengas para explicarte algunas cosas.)— le dijo una voz de hombre de entre los pedestales.

Ezequiel se levantó cabizbajo y fue hasta ella. Un segundo después, desapareció en una nube de polvo blanco.

Por otro lado, en el pueblo natal de Miguel Ángel, los Protectores estaban en reunión. Ya a sus oídos había llegado la noticia de que Miguel Ángel estaba vivo. Y debatían qué hacer entonces.

—No debería preocuparnos. Lo hubieran matado si hubiese dicho algo.— dice uno de ellos levantando los hombros.

—El Capitán de Italia les cedió el control sobre Adeleine. Al considerarlo traidor, no quisieron negociar su vida. Lo abandonaron.—

—Lo merecía. Huyó. Abandonó su deber y rompió sus juramentos. Muerto debería estar.—

—Pero está vivo. Y vivo es más peligroso que muerto.—

—Tal vez negoció información a cambio de su vida.—

—No lo creo tan cobarde.—

—El chico quemó los archivos para poder escaparse, ¿Te parece muy valiente eso?—

—Sigo insistiendo en que ese chico sabía algo que nosotros no y por eso quemó los archivos.— murmura uno de ellos y los otros lo miran. Más de uno también sospechaba lo mismo.

El Líder al mando guardó silencio. De hecho, dadas las pruebas y las notas que dejó, también lo sospechaba.

—La única razón por la que Miguel Ángel quemó esos archivos fue para que Izael no ocupara su lugar. No le den más vueltas al asunto. Los Adeleine son traidores de éste Clan por su culpa. Ahora, desgraciadamente, hay que resolver qué hacer con él...— dice otro de los miembros y los demás asienten.

—Adeleine está en el Reginato, a saber cómo logró que le predonaran la vida.—

—Yo estoy muy seguro de que ese traidor se alió con los Cazadores y por eso aún vive.—

—O... ¿Estará vivo porque no pudieron hacerlo hablar?— los demás enmudecieron.

—No creo... Nadie sobrevive una tortura de los Cazadores. Mucho menos los dos meses que se estima que estuvo ahí.—

“Miguel Ángel sí es capaz de eso. Y de más.. ¿Será qué...?” piensa Layla con el corazón en la boca.

—Bueno, entonces, ¿Proponen que sea ejecutado?— dice el Líder y Layla palidece.

—Primero deberíamos averiguar si habló o no.—

—¡Qué tontería! No estaría vivo si no hubiese hablado.—

—Estaríamos ejecutando al único que conoce esos secretos por especulaciones sin pruebas de ningún tipo.— dice otro de ellos y los demás dudan.

—No estaríamos tan tranquilos si Miguel Ángel hubiese hablado. Después de dos meses ya los Cazadores nos hubieran capturado y hubiesen robado las Reliquias que guardamos.— indica el hombre junto a Layla. Ella le da la razón. Y ahora le duele el corazón por la duda.

—Bien... Me comunicaré con el Líder de Italia y con él acordaré si Adeleine merece o no la ejecución.—

—Una vez muerto Miguel Ángel, ¿No quedaría limpia la Línea de los Adeleine?— la pregunta sorprendió al líder.

—Si, lo estaría. Pero los Adeleine ya no serían los Guardianes de la Familia Real Viva. He ahí la diferencia. Además, no creo que el pequeño Izael quiera tomar el lugar de su hermano después de creer que se suicidó por culpa de ésto.—

Layla asintió lentamente. Era verdad. Lo último que Izael Buroz Adeleine supo de su hermano mayor era que se había suicidado en la Ciudad del Reginato, poco después de que se le declarara traidor y se quemara su estandarte. Era mentira, pero para Izael era mucho más fácil manejar eso. De todos modos, Layla sabía que esos dos aún mantenían contacto. De pronto, lo supo. Izael era el único que podía saber el paradero de su hermano. Pero Izael seguía guardándole rencor a Layla por consentir lo de la destitución de su hermano dos años antes. Y sin embargo, Celia, la madre de Izael y Miguel Ángel, no culpaba a nadie de lo sucedido. De hecho, ella se conformaba con saber que se había suicidado. Por alguna razón que no declaraba, se sentía mejor con eso. Por eso dejó a Layla entrar a la casa a hablar con un Izael de 12 años aún enfurecido con ella. Layla tocó de a varias veces la puerta de la habitación, pero Izael se rehusaba a abrirle.



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En el texto hay: secretos, drama,

Editado: 05.06.2026

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