Apocrifus: Legado, Balanza y Destino

Capítulo 34:

—¿Y porqué tendríamos que disculparnos?— pregunta Tsularis haciendo gestos con las manos.

—Con esa cláusula, fácilmente, están haciendo ver qué no confían en que Luciel cumpla su parte de las leyes. Lo cual me ofende hasta a mí. Si no es para tanto ¿Porqué insisten en que se haga? Es bastante ofensivo para él. Y exijo que las dos se disculpen al respecto.— dice Ezequiel con calma pero firme. Los Regentes clavan la mirada en él.

—Bueno, viéndolo así... Vale. Lo siento Luciel. No era mi intención ofenderte.— dice Amina y enrojece de vergüenza.

—Yo sigo insistiendo en que no es para tanto.— dice Tsularis desviando la mirada. Ezequiel asintió y no dijo más.

Segundos más tarde, la siguiente en gritar fue Tsularis.

—¿Qué es ésto? ¿Quién es el gracioso que quiere hacerme firmar un acuerdo de comportamiento para cada reunión? ¿Enserio me creen tan infantil como para no saber comportarme?— exclama Tsularis enojada y Luciel la mira, jocoso y levantando una ceja.

Todos ahora la miran. Y Ezequiel esbozó una sonrisa.

—Ah. Ya entendí. Perdona Ezequiel. De verdad lo siento Luciel.— dice finalmente.

Ezequiel asintió tranquilamente intentando no reír, mientras bebía de un té. Luciel y Amina lo miraban con sonrisas en la cara. Pero segundos después siguieron trabajando.

Del otro lado, los Regentes aún no superaban lo ocurrido.

—Lo escucha Asuer y lo deshereda.— dice Agmodiel y Uriud casi escupe su té. Timoteo y Belegfor ríen en voz baja.

—Es curioso escuchar a un hijo de Jhesua defendiendo a un hijo de Luzbel.— dice Belegfor tranquilamente.— Eso habla mucho de la clase de persona que es. Ahora lo que me preocupa es que sea amigo de mi muchacho.—

Agmodiel se ahogó con el té. Uriud hacía hasta lo imposible por no soltar una carcajada y Timoteo intentaba desaparecer en su taza de té vacía.

Pasaron varias horas más. No se sabía cuántas. Después de la discusión de los muchachos, los Regentes ahora conversaban animadamente. Tanto que sólo notaron que los chicos no trabajaban sino hasta que uno de ellos se levantó de golpe. Fue Uriud. Había dejado de sentir la energía de Tsularis. Ahí lo notaron. Los muchachos ya no estaban en la sala. Corrieron al sitio donde estaban, con Agmodiel al punto de llamar a los guardias. Pero Timoteo aún escuchaba la voz de Ezequiel en ese sitio. Cuando se acercó a ver bien, encontró a 4 bebés dormidos sobre lo que parecía ser el traje de Príncipe de Ezequiel. Timoteo quedó paralizado en el acto, pero Uriud suspiró aliviado.

—Así que ahí estaban. Menudo susto nos han dado.— dijo y tomó a uno de los bebés. Era una niña pequeñita, de apenas unos ricitos rosas en la cabeza, apenas cubierta por un pañal y con tatuajes de hada por todo el cuerpo. Era Tsularis.

Belegfor, renegando, tomó a otro bebé, que se despertó en el acto. Adorable, pero con cuernitos de punta redonda como púas de guanabana, colmillos de vampiro y cabello vinotinto. Se despertó y empezó a pelear en idioma bebé. No era difícil saber que ese era Luciel.

Timoteo tomó a los dos bebés restantes. Amina, pequeñita y de pelito brillante y blanco como nieve, y Ezequiel muy parecido a un angelito de obra de arte. Agmodiel tomó a Amina y empezó a hablar por teléfono.

—Oye Lumina... Necesito que vengas.—

Minutos más tarde, los 4 Regentes estaban en una habitación preparada para todos, tratando de ponerles ropa de bebés a sus respectivos niños. Ezequiel estaba dormido y era imposible vestirlo sin despertarlo, Luciel se rehusaba a usar ropa de bebé y Tsularis se negaba a usar esa ropa de color blanco sin brillitos. Amina también estaba dormida, pero a ella la vistió su madre, Lumina. Qué de hecho, madre e hija eran idénticas salvo en altura, porque Lumina era mucho más alta. Timoteo dejó a Ezequiel dormido y cobijado en su cama asignada para ayudar a Belegfor a sujetar a Luciel. Así lograron vestirlo. Lumina consiguió una pijama rosa para Tsularis y Uriud logró vestirla. Y Ezequiel... Seguía dormido.

—¿Cuánto tiempo estarán así?— pregunta Uriud con una bebé Tsularis en brazos que amenazaba con arrancarle las orejas de lobo sobre su cabeza.

—Al menos unas 12 horas.— dice Agmodiel y Amina en sus brazos empezó a llorar.

Y como consecuencia, los demás también. Entre sus “Agugu tata dada gaga” se sabía que decían algo, pero era difícil descifrarlo. Incluso despertaron a Ezequiel. Éste se sentó solo en la cama, los miró y soltó un:

—¡Agugu atata tú!—

—¡Dada abumpu!— respondió Luciel.

—¡Tatataga gama gu!— replicó Ezequiel. Finalmente acabaron sacándose mutuamente las lenguas.

Ridículo, pero muy adorable. Timoteo se acercó y lo vistió. Y él volvió a quedarse dormido con su cabecita apoyada en las piernas de Timoteo.

—¡Agagaga!— grita Luciel y Belegfor lo levanta.

—¡¿Ni cómo bebé te calmas?! Ya deja de andar buscando pelea.— le dice y Luciel empieza a llorar entonces.

Amina yacía ya dormida sobre Agmodiel, mientras Tsularis jugaba con el pelaje de Uriud. Era bastante complicada la situación.

—Estoy muy viejo como para andar lidiando con éste muchacho bebé otra vez.— dice Belegfor tras un suspiro. Luciel en sus brazos empezó a refunfuñar.

—Yo nunca pensé que volvería a ver a ésta enana como bebé otra vez. Fueron tiempos bonitos, lo reconozco.— dice Uriud y Tsularis se abraza a su brazo.

Timoteo miró a Ezequiel unos segundos. Él no lo vió crecer. Michelangelo tampoco. Y posiblemente, su infancia no fue exactamente la más bonita.

—Oye, Timoteo.— lo llama Agmodiel en voz baja.— Tú muchacho está más pequeño que los demás. ¿Es normal eso?—

—Lo es considerando que Ezequiel tiene sólo unos pocos días siendo Príncipe de nuestro Plano y, de paso, no fue criado en nuestro Reginato.— dice Timoteo intentando sonar tranquilo.

—Así que eso es lo que pasa...—

Timoteo asintió. En eso Ezequiel estornuda y se despierta.

—Agmodiel, ¿Porque los muchachos retrocedieron casi 16 años de edad?— pregunta Uriud.



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En el texto hay: comedia, drama y secretos, curación y magia

Editado: 26.06.2026

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