Apocrifus: Legado, Balanza y Destino

Capítulo 39:

Cuando Demian regresa al Plano Avernal, Belegfor y Dianné lo esperan en su habitación, teléfonos en mano.

—¡Demian! ¡¿Se puede saber porqué siquiera no contestas el teléfono?!— grita Dianné enfurecida.

—Perdón mamá, lo dejé en el Plano Austral. Me lo acaba de entregar el Regente cuando acompañé a Amina allá.—

—¡Excusas! ¡Y ni siquiera una excusa creíble! ¡¿Ves que no piensas en nadie más que en ti?! ¡Eres exactamente igual a tu padre! ¡Casi nos matas de los nervios! ¡Creímos que te había pasado algo! ¡Te dije claramente...—

Demian caminó hasta el Regente y le pidió la bendición sentado frente a él, con ojos cansados. Belegfor le hizo la misma señal que hacía Timoteo mientras lo veía fijamente. Dianné se sintió ignorada y salió de la habitación furiosa.

—Te esperábamos a las 7, Luciel. ¿Pasó algo?— él negó con la cabeza.

—Solo nos ditrajimos y se nos fue la hora. No me dí cuenta que había dejado mi teléfono. ¿Perdón? ¡Ay! ¡Tampoco es que sea mi culpa!— exclamó levantándose de golpe y caminando hasta el vestidor.

—Sé que no, Luciel.— le dice Belegfor y él frena en seco.

—¿Qué?—

—Te agradan. Son tus amigos. Es perfectamente normal. Sólo que a Dianné y a mí nos preocupó que te hubiese ocurrido algo. Considerando cómo está la situación allá...— dijo, sus manos sujetando la taza de té en sus manos temblorosas.

—Enserio no ví en qué momento dejé mi teléfono en el escritorio de Amina. Y si el Regente no me dice, hubiera jurado que lo dejé aquí. Ezequiel no está en su Reginato. Lo tienen en una casa dentro de la misma ciudad. Allí es donde le van a celebrar su cumpleaños, me dijo su padre.—

—¿Está con su familia? ¿No es peligroso eso?— dice Belegfor casi alterado.

—Me atrevo a asegurar que esa casa está más protegida que el mismo Reginato de ellos y el nuestro. Tiene guardias, paredes blindadas, las casas tienen detectores y de paso runas de alerta y alejamiento de criaturas. Viven varios de los nuestros en esa zona, por cierto. Los que tienen Impunidad claro está.—

—¿En esa zona está tu padre?—

—No sabría decirle. No me importa tampoco.— Belegfor se levanta de la silla en la que estaba y le toma los hombros.

—No eres cómo él, Luciel.—

—Mi madre no está de acuerdo con sus palabras, Eminencia.—

—Dianné sigue herida por la huida de Dion. Debes entenderla también. Sé que temes ser igual a él por el daño que nos hizo a todos. Pero no eres igual a él. Cálmate. Yo hablaré con Dianné. Si no sabe cómo dirigirse a tí sin lastimarte, entonces que no venga.— dijo y finalmente Luciel volvió a mirarlo.

—¿Usted no era el mismo que me andaba regañando porque nunca sigo el Protocolo?—

—Es que tienes que seguir el Protocolo. Pero tampoco enterrarte en él. También mereces ser feliz de vez en cuando.—

—¿Teme hartarme y que también huya, Eminencia?—

—¿Lo harías?—

—No. No soy cómo él. A diferencia suya, ustedes sí me importan. Aunque no se quejen si me escapo de vez en cuando.— dice intentando aliviar la intensidad de la situación.

—No necesitas escaparte. Sólo habla conmigo. El problema con tus escapes es que te vas con esos muchachos que tú y yo sabemos muy bien que te hacen mal. Te llevan a lugares peligrosos, te incitan a hacer cosas que no son buenas para ti y te llevan a embriagarse a sabiendas de que tú por el bien de tu salud y de tu energía no debes. En cambio, con éstos nuevos amigos tuyos me siento más tranquilo porque más bien eres tú el que anda cuidando a la loquita de Uriud.—

—Caos Brillante es un mal incontrolable. Pero igual es linda.—

—¡¿Cómo?!—

—¡Terca! ¡Es terca! ¡Dije terca!—

—¿Te gusta la loquita Demian Luciel?—

—¡Nooo!—

—Cosmerius Luciel Demian, ¿Te gusta la Estrellita incontrolable del Plano Místico?—

—¡No, de verdad no me gusta papá, enserio!— gritó y luego bajó la mirada cuando se escuchó lo que dijo.— Lo siento Eminencia, yo no quería...—

—Descuida. No tienes la culpa de eso. Ven acá, hijito.— dijo y lo jaló hacia sí, mientras lo abrazaba con un brazo, el otro le frotaba la cabeza con el puño cerrado.

Belegfor tenía miedo. Esas dos horas de retraso lo hicieron entrar en pánico. Ya el padre de Luciel, Dion, había escapado por la presión sobre él, las reglas, el protocolo y su propio deseo. Y fuera de las puertas de su Reginato, no habían vuelto a saber de él. Por eso Demian era el Príncipe a pesar de ser tan joven. Su padre había huido meses después de su Presentación, con un Demian muy pequeño para entender porqué de la nada todos los cuidaban como si se fuera a romper y porqué su padre se había ido. Belegfor había controlado cada movimiento de Demian desde entonces, asegurándose de que no ocurriera lo mismo. Y sin embargo, el ataque al Reginato Humano y esas dos horas de atraso le demostraron lo efímero que podía ser un Príncipe de Plano. Pudieron matar a Ezequiel dentro de su mismo Reginato, ¿Qué le hacía pensar que a Demian, por huir de las reglas, no le pasaría lo mismo? El protocolo podía esperar. La Vida y la Juventud del niño que había criado sin querer no.

Es casi media noche en la Ciudad del Reginato, en la casa allí de Michelangelo. Él y Salomón finalmente se iban a dormir después de charlar un poco y que Salomón pusiera al tanto a Michel' de todo lo ocurrido los últimos días. Cuando Michelangelo se iba a dormir, sintió claramente la energía de su hijo aún activa. Se asomó a la habitación y Miguel Ángel estaba acostado, inmóvil en su cama, haciéndose el dormido. Michelangelo se quedó mirándolo unos segundos.

—¿Y tú te crees que yo no te conozco? ¡A ver! ¿Qué haces despierto aún?— exclamó y se escuchó una leve risita desde debajo de las mantas.

Michelangelo se sentó a su lado y empezó a hacerle cosquillas. Inmediatamente Miguel Ángel empezó a carcajear. Hasta que logró sujetarle las manos a su padre.

—A ver mi Pedacito de Vida, ¿Porqué no estás dormido?— le dijo después de un rato entre risas.



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En el texto hay: comedia, drama y secretos, curación y magia

Editado: 26.06.2026

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