Apocrifus: Legado, Balanza y Destino

Capítulo 42:

Después que Michelangelo se fue, Miguel Ángel y Salomón quedaron en la sala de la casa, cada uno en un teléfono. De a ratos, Salomón le daba jugo y pastillas a Miguel Ángel, pese a que este las recibía con disgusto. Estaba revisando las redes de los Conspiranoicos. La foto que le había pedido a Luis que compartiera había sutirdo efecto. Era la misma foto que Tomás le había mostrado a Layla. En eso, una notificación de mensaje llegó a la pantalla, dentro de la misma red Conspiranoica.

'—Exijo una respuesta. ¿Eres Miguel Ángel Adeleine?—'

'—Buenos días, o buenas tardes tal vez. Si soy o no, ¿No debería poder saber primero quién es usted?—'

'—No te hagas el imbécil conmigo. No voy a decirte quién soy si no me dices si eres o no Adeleine.—'

'—Entonces sólo tengo una cosa que decir. Adiós.—'

'—¡Aguarda!—'

'—¿Ajá?—

'—Soy... Vengo del Clan de los Protectores. Me crié junto a Miguel Ángel.—'

'—¿Así? Tú me pediste pruebas. ¿Qué pruebas tienes tu?—'

'—Yo... Miguel Ángel era mi amigo.—'

'—¿Era?—'

'—¡Por amor al Creador! ¿Eres tú no es así? ¡¿Solo estás jugando conmigo?!—'

'—Podría ser. Si soy o no él, no te lo diré abiertamente sin saber quién eres.—'

'—Mira imbécil. No tengo tiempo para ésto. Los Protectores lanzaron un memorándum a la Capitanía de Italia. Que se dirijan al Reginato y exijan la libertad de Miguel Ángel. No lo creo tan idiota, pero haz lo que puedas para que no salga de ahí. La orden no es liberar a Miguel Ángel. La orden es ejecutarlo por traición.—'

'—¿Layla?—'

Ambos estaban mirando sus teléfonos con caras pálidas. Salomón notó la diferencia.

—Miguel Ángel ¿Qué pasa?— él le pasó el teléfono sin decir palabra.— ¿Quién es ella?—

—Mi prima.— respondió tranquilamente y Salomón siguió mirando el teléfono.

—No recuerdo ese nombre entre los Baorrounotti. Y menos entre los Adeleine... ¿Ella... ¿Ella es...—

Pero cuando volteó a mirarlo otra vez, Miguel Ángel tenía ambas manos en equis sobre la boca. Lágrimas se deslizaban por su cara. Salomón dejó caer el teléfono. Le costaba procesar lo que ocurría. Pero se lanzó hacia él y lo abrazó.

—No llores. No tengas miedo. No voy a permitir que te pase algo. No voy a permitirlo. No tengas miedo. Descuida. Yo no sé nada. Yo no te entendí nada.— le dijo y Miguel Ángel lloró más fuerte.— Llamaré al Regente. Le voy a avisar de ésto. No tengas miedo. Tranquilo.—

Del otro lado, Layla también lloraba, cubriéndose la boca para no dejarse oír en el baño del instituto.

'—¿Nos traicionaste, Miguel Ángel?—' texteó, temiendo la respuesta.

'—Nunca. Ni antes, tampoco ahora. Mi boca sigue cerrada. No tienes que creerme. Solo te pido que no me odies más. Te he protegido toda mi vida. No tienes idea de lo que me ha costado. Duele. Duele mucho.—'

'—¿Porqué quemaste los archivos? ¿Porqué escapaste?—'

'—Era la única evidencia de la verdad. Era la única razón por la cual se podía presentar la guerra. Los Cazadores tenían ya la ubicación. Los Protectores la intención. El que sobreviviera tomaría los archivos y sabría tú proceder. Fuera cuál fuera el lado que prevaleciera, el otro sería totalmente destruido. En el fondo de ti lo sabes. Era sólo cuestión de tiempo y una excusa para que esos señores levantaran armas y quebraran la poca paz que teníamos. Perdóname. Prometí que me quedaría cerca de tí. Pero no tuve otra opción. Era quedarme y ver a los míos caer y cómo te arracaban de mi protección sin poder hacer nada, o quemar los archivos y salvarlos de ese final. Con eso hasta Izael está a salvo. No puedo arrepentirme de eso.—'

Layla se cubrió la boca. Era verdad. Miguel Ángel sabía toda la verdad y quemó esos archivos para protegerlos a todos.

'—Ya la comitiva debe haber salido para allá. Escóndete antes de que te encuentren.—'

'—Descuida. Así lo hagan, no pueden llegar hasta mí.—'

'—Okey. Por favor cuídate, insensato. Yo te creo. Y recuerda. París. 22. 16/05. Más te vale no faltar. Se te quiere, idiota.—'

'—Y yo a tí, macaca de circo.—'

Inmediatamente después, ambos perfiles desaparecieron y la conversación quedó eliminada.

—¿Qué fue eso último?—

—Somos primos. El respeto es un lujo que no poseo cuando se trata de esa muchacha. Olvídalo. No volveremos a saber de ella a menos de que sea así.—

—No me refería a eso, Miguel Ángel.— Él negó con la cabeza y volvió a cubrir su boca con ambas manos.

—Así que... Eso acordó el consejo... Mi ejecución.—

—No pienses en eso. De todos modos, no creo que Michelangelo esté muy tranquilo sabiendo que hay Protectores buscando la vida de su único hijo.—

—Lo que me preocupa es qué pueda hacer mi papá si esos locos logran tocarme siquiera un cabello.—

—No lo harán Miguel Ángel. Ya le avisé al Regente. Me ha preguntado cómo estás. ¿Qué debería responderle?— Él levantó los hombros.— Oye, a ver, cuéntame. ¿Qué es lo que pasa realmente?—

—Yo... A decir verdad no puedo mentirte, Salomón. Para mí desgracia, tienes la misma influencia que mi papá sobre mí.—

—Eso es un honor y a decir verdad un gran privilegio. ¿A ver?—

—Me duele, Salomón. Tuve la oportunidad de entregarle sus vidas a los Cazadores con tal de salvarme yo. Y no lo hice. Quemé esos archivos para protegerlos de una guerra civil. A los Cazadores los respalda el Reginato. ¿Quién respalda a los Protectores, si se supone que ya no existen? Por eso no dudé en salvarlos, así me costara mi posición. El memorándum que lanzaron tras la quema del Estandarte decía que no merecía siquiera cobertura de mis familiares, que mientras guardara silencio me perdonarían la vida. Ahora resulta que ante sus ojos no merezco ni siquiera vivir, a pesar de que no he hecho nada en su contra. Pero ya a éstas alturas debería estar acostumbrado, ¿Verdad?—

Salomón lo cargó entre sus brazos. Y deseó poder hablar con Luis, darles sus nombres y que fueran capturados. Pero eso terminaría de destruir la moral del niño en sus brazos. Porqué eso era: sólo un niño.



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En el texto hay: comedia, drama y secretos, curación y magia

Editado: 26.06.2026

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