Apocrifus: Legado, Balanza y Destino

Capítulo 43:

Tras hablar con el Ministro, Belegfor mira a Luciel con ojos graves.

—¿Qué sucede, papá Regente?— dice y esa frase hace temblar a Belegfor. Ya Luciel no estaba enojado. Le preocupaba la palidez en el rostro del Regente.

—No es...— intentó decir, pero la voz le tembló. Dudó de si era buena idea ocultarle algo así a Luciel. No sabía si podía resolverlo sin que él se enterara— Hablaré contigo después. Vamos al Plano Terrenal en un rato. Necesito reunirme con el Regente Timoteo.—

—¿Puedo ir a casa de Ezequiel?—

—Si, hijo. Tú vas a casa de la familia de Ezequiel. Yo me reuniré en el Reginato con el Regente.—

—¡Vale! ¡Gracias papá Regente!— dijo y corrió a su habitación. Belegfor quedó parado en el sitio, con las manos temblando.

Un Ministro se acercó al Regente aún de pie en el pasillo.

—¿Pasa algo Eminencia?— pregunta.

—Son sólo niños...— murmura Belegfor ronco.

—Si, Eminencia, ésta generación de Príncipes son niños apenas. A veces siento tristeza por ellos. Ninguno está en esa posición porque quiere o al menos porque le dieron a elegir. Y son muy pequeños.—

—Si... Lo son. Ministro, hágame un favor. Vaya a la zona de castigo y trate de que el Heraldo Traidor le dé una respuesta a ésta inquietud que tengo.—

—¿Cuál es?—

—Haga lo que tenga que hacer, pero averigüe si fue Dion el que les dió acceso al él y al otro que aún no sacan al Reginato.— dice y el Ministro palidece.

—¿E... E... Eminencia?—

—Si Dion está detrás de ésto... Será Luciel el que pague las consecuencias...—

—¡No podemos permitirlo! ¡Demian es sólo un niño!— exclamó casi histérico, llamando la atención de los otros Ministros que venían saliendo de la oficina.

—Si consigue una respuesta afirmativa, alerte a los nuestros más fieles. Deberemos reunirnos al respecto. Yo voy al Reginato Humano. Y Ministro... Demian no debe enterarse aún.—

El Ministro asintió y salió a toda velocidad del pasillo. Belegfor subió a la habitación de Luciel. Cuando entró, éste se había cambiado ya y llevaba algo en un bolso.

—¿Qué llevas ahí?—

—Mis balones. Allá los lleno.—

—Pero Ezequiel tiene una pierna rota hijo.—

—Pero tiene ambos brazos enteros.— dice levantando los hombros. Belegfor niega con la cabeza.

Poco después, ambos viajan en los pedestales hasta el Reginato Humano. Allí, Timoteo los recibe con alegría, pese a que parecía no haber dormido bien.

—Buenos días, Regente Timoteo. Perdone me presente aquí sin avisar, pero tengo algo serio que tratar con usted.— dice, tratando de sonar profesional, pero Demian a su lado despidiéndose con la mano no lo permitía.

Demian se despidió rápidamente sin haber siquiera saludado y se marchó a casa de los Baorrounotti en la ciudad del Reginato. Belegfor negó con la cabeza mientras Timoteo reía.

—Este muchacho...—

—Descuide. A decir verdad me alegra bastante que lo haya traído a visitar a Ezequiel. Ha estado muy decaído hoy. Dice que son las pastillas, pero a decir verdad no le creo del todo.—

—¿Su Principe suele mentir?—

—No, pero tiende a esconderme cosas con tal de no preocuparme. Eso me preocupa aún más.—

—Ah, y pensar que el mío me esconde cosas para que no lo regañe. Pero el consejo que me dió sirvió de mucho, Regente. Ya Luciel no se me escapa de casa sin avisar antes.—

—Le dije que funcionaría. Ahora vamos a mi oficina, podemos reunirnos allí a solas.—

Ambos entraron en la oficina.

—¿Que tal van, Regente Timoteo?— Timoteo suspiró.

—Si le soy sincero, la situación está muy tensa. Mathías ha dicho que se ocuparía del asunto y eso me preocupa aún más. Ésto está pasando muy rápido. Y temo mucho por Ezequiel. La bala en su pierna la recibió tras evitar que mataran a las Sacerdotisas y Monaguillos. Luego se fue a África en forma Astral en la madrugada y allá hizo un milagro. Ese niño no mide el peligro si se trata de ayudar a los demás.— Belegfor asintió lentamente.— Pero cuénteme Regente, ¿En qué puedo ayudarle?—

—A grandes rasgos, comenzaré diciendo que el padre de Luciel, mi Príncipe que huyó, es el orquestó el atentado y pretende acabar con Ezequiel.—

Luciel llega a la calle de la casa y se sorprende de ver tanta seguridad en la zona. Pero se acerca tranquilamente a la casa, con ojos afilados y cautelosos mirando a su alrededor. Un guardia lo detiene.

—Buenos días joven, ¿A dónde se dirige?— le dice amablemente, pero con una mano en su cinturón y la otra en su saco. Demian sonrió a pesar de notar el gesto.

—Buenos días. Mi nombre es Demian Luciel. Vengo a visitar a Miguel Ángel. Soy su amigo.— dice con calma y otro guardia revisa una lista. Luego le muestra una sonrisa a Demian.

—Pase adelante, joven Demian. Pero debo advertirle que el señor Baorrounotti no está y quien cuida al Joven Amo es el Obispo.— dice el guardia con una sonrisa cómplice y ladeando ligeramente la cabeza.

—Rayos...— masculla Demian. Pero igual decide entrar.

Ya en la puerta, Salomón le abre antes de que toque.

—Mira quién ha venido. ¿No te habrás escapado, verdad Principe Luciel?— dice Salomón de brazos cruzados, levantando una ceja.

—¡No! De hecho vine con mi Regente. Pero él se quedó en el Reginato en reunión con el Regente Timoteo.—

Salomón sonríe y lo deja entrar.

—Espera aquí, le diré que has venido.— dice Salomón sonriendo.

—¿Está dormido?—

—No, está arriba intentando armar una consola de la que no sabe absolutamente nada. Despertó hace rato.— dice Salomón subiendo las escaleras. Demian se quedó de pie en la sala.— Puedes sentarte, Demian.—

Él asintió y se sentó en el sofá. Pocos segundos después, Salomón bajó con Miguel Ángel es sus brazos, y éste con la consola en sus manos.

—Mira nada más, no te creía tan liviano para que te cargarán como doncella.— dice Demian con burla al verlos y Salomón se ofendió.

—No te creas, Salomón es tan fuerte que nos levanta a los dos si quiere.— dice Miguel Ángel con una sonrisa.



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En el texto hay: comedia, drama y secretos, curación y magia

Editado: 26.06.2026

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