Michelangelo le pide a Samuel que vigile a los muchachos y que no dejara a Karim hacer alguna estupidez y le pidió a Salomón que lo acompañara.
—¿A dónde vamos, Michel'?— le preguntó Salomón pese a saber y temer la respuesta.
—A la casa del demonio que quería hablar con nosotros. Gonzalo Alvarez.—le dice, su voz fría y afilada como si no fuera el mismo que acababa de burlarse y hacer reír a los amigos de su hijo.
Salomón no preguntó más. No necesitaba hacerlo. Gonzalo aguardaba bajo la sombra del portal de su casa, su sonrisa arrogante para con Salomón había desaparecido. Se le notaba tenso.
—Buenas tardes vecino. Me contaron que quería hablar conmigo.— le dijo Michelangelo, intentando no sonar sarcástico. Le era casi imposible dada su actitud arrogante cuando estaba tenso.
—Buenas tardes Baorrounotti. Con ambos necesito hablar. Pasen por favor.— les dijo, mirando a ambos lados de la calle. Le hizo una señal al guardia tras ellos para que entrara también.
Ellos obedecieron. No les quedaba más. Gonzalo estaba tenso y le costaba disimularlo. Les dijo que hablarían en su estudio, pero Michelangelo insistió en quedarse en la sala. Gonzalo aceptó, pero cerró las puertas de cristal que daban al patio.
—¿Pasa algo, Alvarez?— pregunta Michelangelo ya con la curiosidad desbordada.
Salomón estaba que se comía las uñas. Tenso y con el terror de estar en la casa de un Ministro del Averno. El corazón le latía tan fuerte que lo escuchaba en sus oídos. “A los lados que me meto por ti, querido Príncipe” pensó y un escalofrío le recorrió la espalda cuando Gonzalo empezó a hablar.
—Pasó, pasa y desgraciadamente quiere seguir pasando. Ya me imagino que sabes que el que atacó al Reginato no es humano. Pero debes de saber que el que lo hizo no es cualquiera. Su nombre es Cosmerius Agnel Dion. Usualmente conocido por los nuestros como el Príncipe Fugitivo. Pero en éste plano, usa el nombre de Dion Harmleín.— pone una foto en la mesa del mencionado, alternando entre mirar a Michelangelo y a Salomón. Su mirada pesaba.— No es cualquier demonio. Es un Príncipe, del Linaje puro de Luzbel. Y el imbécil está ciego de codicia... Quiere la cabeza del Principe Ezequiel y del Regente Timoteo para asegurarse la Impunidad y de paso apoderarse de éste Plano. Pero si ese imbécil logra dañar al Príncipe y al Regente directamente, será el Príncipe Luciel el que pague las consecuencias. Las Leyes lo establecen. Si un demonio con Impunidad peca en el Plano que habita y su pecado pone en peligro al Plano, su Príncipe será acusado de negligencia y traición y castigado. Y Luciel ni siquiera sabe que su padre está aquí. Baorrounotti... Por meterme en éste asunto, posiblemente Dion me corte la cabeza. Pero tienes que evitarlo. Son sólo niños... Llevan el peso del universo en sus hombros, pero al final del día son niños...—
Michelangelo tragaba saliva. Salomón palideció. El guardia también escuchaba tras ellos y estaba aterrado. Michelangelo suspiró.
—Este sujeto...— continúa Gonzalo tocando la foto con el dedo.— Es la maldad encarnada. Tiene la capacidad de corromper mentes, convencer a los humanos de pecar y hacerlos creer que lo que hacen está bien. Se divierte con eso, pero usa a esos humanos como armas contra el Reginato. Los únicos que podrían resistir su poder son aquellos creyentes cuya fé no escucha apelaciones... Baorrounotti, perfectamente a leguas se nota que tienes al Príncipe Ezequiel en tu casa. También sospecho que es tu hijo, el único que tienes en ésta vida. Si Dion logra entrar al conjunto... Se acabó. Si Dion se vuelve loco y decide atacar él mismo, se acabó ¿Entiendes eso? Éste tipo hizo colar la Corrupción dentro del Reginato. Él no quería debilitarlos. Quería a Sedequías muerto. Pero no lo consiguió y cuando fue presentado como Príncipe y el Creador lo confrontó por lo que había hecho, huyó. Pero eso no borra que aún tiene Sangre Real del Averno. Eso no borra que el muy desgraciado tiene el poder suficiente para hacerle frente hasta al mismo Luciel.—
—¿Cómo lo detengo? Debe de haber una forma en la que sea su cabeza la que ruede y no la de Ezequiel.— pregunta Michelangelo, ya con el corazón a mil y la pregunta saliendo con desesperación apenas disimulada de su garganta.
—No puedes a menos que tengas la oportunidad y un Arma Sagrada. En el supuesto negado de tener el arma, deberás obligarlo a mostrar su forma demoníaca, pero eso triplificaría su poder. Sólo así puedes matarlo sin riesgo de que se vuelva humo y aparezca en el Plano Avernal. Pero, cómo eso es misión suicida, preferiría que hagas lo mismo que yo: mantener al Príncipe Ezequiel con vida hasta que los Regentes logren atrapar a Dion.— Salomón levantó una ceja.— Esas son mis órdenes, Obispo. Acabo de decirlo. Si de la nada Dion aparece dentro de éste conjunto residencial, no habrá poder humano que lo detenga. Pero puedo estar ahí y hacerlo retroceder mientras ustedes se llevan al Príncipe.—
Michelangelo asintió lentamente.
—Y por cierto, posiblemente mientras hablamos ya haya hecho más soldados para su fin. Cuando fui a hablar con él el desgraciado casi me mata, pero al menos sé que tiene fechas claves para atacar. 21 y 24 de diciembre, aunque ví algunas fichas marcando el 18. Luego, 28 durante la misa de los Santos Inocentes y el 30 durante la misa nocturna de Fin de Año. Y no, con ninguno de esos la intención es directamente matar al Príncipe. Saben que no pueden. Van a dejarlo primero sin creyentes fieles y sin Alto Mando. Ah no, aquí no se le llama así... Si logran debilitar el Reginato, el ataque definitivo será antes de que el año termine. Es todo lo que sé, lo que pido ahora es que al menos me dejes un amuleto para ir y entrar corriendo si hace falta. De todos modos, yo creo que conjurando bien las runas de su habitación, ni siquiera el mismo Dion podría entrar ahí.—
—¿Dónde está él ahora?— pregunta Michelangelo ahora, con voz tranquila. Gonzalo se tensó más aún.