Apocrifus: Legado, Balanza y Destino

Capítulo 46:

La frase rompió la poca serenidad de Miguel Ángel. Mientras Michelangelo regañaba a Karim por su imprudencia, Demian se refugió en una esquina de la sala, en el suelo, con los brazos rodeando sus piernas. No podía hacer nada. No contra Dion.

—Vengo del Reginato. El Regente dijo que mandarían Cazadores y Exorcistas, pero no han llegado.— dice Gonzalo apareciendo en la sala. Nadie había notado en qué momento se fue.

Miguel Ángel miraba la situación con impotencia. Si usaba su poder, no solo no sería suficiente, sino que lo pagaría muy caro.

—Ni siquiera lo pienses. No te preocupes. Yo me ocupo.— dijo Michelangelo, escuchando claramente lo que pensaba.

Michelangelo salió de la casa, espadín en la mano dispuesto a matar él mismo a Dion. Los guardias seguían disparando a los demonios. Los terroristas disparaban escondidos tras sus vehículos mientras los demonios se ocupaban de distraer a los guardias. Michelangelo se acerca a Dion y éste lo recibe con una sonrisa pedante.

—Necesitarás más que eso para vencerme.— le dijo.

Michelangelo apretó la empuñadura del espadín y atacó. Dion repelió los ataques y sacó también un espadín de una nube de polvo vinotinto. Ambos empezaron a pelear, atacando y repeliendo sin que ninguno dañara al otro.

—Me sorprende que trates de proteger al Reginato cuando no eres digno de entrar allí.—

—No es el Reginato lo que cuido.—

—¿Porqué lo proteges? ¿Porqué vale tanto para tí?—

—Porque a diferencia tuya, yo no soy capaz de abandonar a mi hijo.— dijo y logró hacer a Dion retroceder. Éste contorsionó la cara de rabia.

—¡¿Qué sabrás tú de eso?!— bramó, su voz volviéndose más estruendosa y paranormal. Michelangelo tragó saliva. Estaba logrando sacar su forma demoníaca, pero no sabía si seguiría haciéndole frente aún.

En eso, Dion atacó y Michelangelo no pudo detenerlo. Recibió una cortada en un brazo que empezó a sangrar.

—¡Ésto ganas haciéndome enojar, Baorrounotti!—

—Me sorprende que te molestes tanto a sabiendas de que fuiste tú quién abandonó a Demian.— Dion soltó el espadín y agarró a Michelangelo del cuello.

—¡Saca el nombre de mi hijo de tú sucia boca!— bramó. Su piel empezaba a cambiar de color, había crecido al menos una cabeza más y las garras de sus manos eran más grandes ahora.

En eso, Gonzalo atacó a Dion por la espalda y lo hizo soltar a Michelangelo.

—Si Demian te importara en lo más mínimo, no estarías haciendo ésto. Sabes perfectamente que si matas al Príncipe de éste Plano, lo condenas a él a muerte. Tú codicia matará a tu hijo. Pero a ti, ¿Cómo va a importarte eso? Si sólo piensas en ti.—

—Te equivocas. Yo jamás renuncié al Reginato. Demian no es el Príncipe legítimo. Lo soy yo. ¡Y todo ésto es para que mi hijo no viva como el resto de los nuestros, bajando la cabeza delante de los malditos Hijos de Asuer!— bramó y creció aun más.

Tomó la cabeza de Gonzalo con una mano gigantesca, y con la otra empezó a jalar su cuerpo hacia abajo. Ya estaba casi transformado por completo en demonio. Gonzalo soltó un alarido de dolor. Michelangelo atacó por la espalda y logró cortarle la espalda a Dion. Pero él arrojó a Gonzalo contra la puerta de la casa y de un manotazo golpeó a Michelangelo, tirándolo contra uno de los carros estacionados allí. Unos guardias llegaron y se lo llevaron rápidamente adentro de la casa. Cuando Gonzalo salió volando por la mano de Dion, la puerta estaba abierta y cayó a los pies de Miguel Ángel. Dion alcanzó a verlo y sonrió. Quiso correr para entrar, pero Demian, al entrar Michelangelo, cerró la puerta. Dion retrocedió al ver qué era él. Pero Demian no podía reconocerlo. Dion, de la impresión, volvió a su forma más humana. Él no sabía que Demian estaba allí. Pero se deshizo de sus emociones. Con él o no allí, Ezequiel debía morir esa noche.

Dentro de la casa, la situación estaba muy tensa. Gonzalo con la columna dislocada, tratando de arreglarla por su cuenta. Salomón con la boca, la nariz y la cabeza sangrando de los golpes de Samuel, de rodillas manteniendo la protección de la casa en pie. Samuel en el piso, aún inconsciente. Karim había regresado del techo lleno de rasguños por los demonios voladores y Michelangelo ahora también golpeado y herido por Dion. Miguel Ángel se sentía impotente. Pero luego miró su pastel de cumpleaños en la mesa. Pensó en algo y tomó un cuchillo.

—Por favor, Creador, Padre mío... No permitas que me arrepienta de ésto.— dice en voz alta, llamando la atención sobre él.

Encendió la vela y la sopló. Las luces de la casa se apagaron. Y una canica color verde apareció en la sala en un destello y descendió hasta sus manos. Las luces volvieron.

—¿Qué... Qué es?— pregunta Demian ya alterado.

—Es un Privilegio Adeleine. Cuando alguien de mi familia por parte de los Adeleine cumple la mayoría de edad, se le concede éste Privilegio. Con ésto, se puede tocar las Reliquias Santas y hasta ensuciarse de Sangre Real, incluso teniendo las manos muy sucias, sin resultar herido. Yo no lo puedo usar. El Estandarte de la familia fue quemado por mi culpa. Pero lo puedo ceder. Y esa es la parte que no me gusta.—

—¿Sobrino?— pregunta Karim ya preocupado.

Miguel Ángel levantó la mirada hacia él y respiró hondo. Y de la nada se hizo una cortada en el brazo ante la mirada aterrada de todos. La sangre goteó y cayó al suelo.

(Lord Vlad, amigo mío y Padrino escogido. Ayúdame. Me van a matar. Y no puedo defenderme. Te necesito.)— dijo en rumano y lágrimas escaparon de sus ojos.

Las luces de todo el vecindario parpadearon. Los disparos se congelaron unos segundos. Hasta Dion sintió el cambio. El aire se enfrió. Las luces dentro de la casa se atenuaron. Y los ojos rojos de Vald aparecieron en el patio oscuro.

(¿Quienes y cuántos son?)— pregunta Vald entrando a la casa como si nada.

Salomón palideció, Gonzalo se arrastró hasta quedar tras Salomón y Michelangelo quedó congelado a medio camino de ir por Miguel Ángel. Era casi imposible que pudiera entrar. Pero ahí estaba.



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En el texto hay: comedia, drama y secretos, curación y magia

Editado: 26.06.2026

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