Apocrifus: Legado, Balanza y Destino

Capítulo 47:

Cuando Miguel Ángel abrió los ojos, estaba en su habitación, con su padre dormido a su lado y Salomón durmiendo en el sofá. Sentía la energía de Demian, Belegfor y Gonzalo en el piso de arriba y la de Karim y Samuel en la habitación de su padre y la de Salomón. Intentó moverse, pero Michelangelo se aferró más a él. En eso Vlad abrió la puerta de la habitación.

—¡Hola! Tú canica me cuida de las cosas Santas pero no del sol ¿No es irónico eso? Estaré arriba hasta que sea de noche otra vez. O hasta que Judas me venga a buscar. Una de dos. ¿Qué tal estás hoy, querido Ahijado?— susurró desde la puerta, con una taza de café en la mano y Miguel Ángel le sonrió. En realidad le dolían hasta las orejas.

Vlad asintió y volvió a su habitación. Miguel Ángel se acurrucó con Michelangelo. Le dolía todo el cuerpo. Pero al menos sabía que todos estaban bien. Se preguntaba qué había pasado. No lograba recordarlo.

—A saber cómo le voy a explicar ahora al Regente qué hace ese ser aquí.— murmura Michelangelo pasando lentamente su cara en el cabello amarillo y desordenado de Miguel Ángel.

—Yo me ocupo. De todos modos yo lo llamé.—

—Me está empezando a preocupar y alegrar lo diverso que es tu círculo de amistades.—

—A tí nada más no. Aquí la verdadera pregunta es, ¿Cómo lograste llamar a ese ser? Y ¿Cómo se salió de la cárcel? ¿Y como entró a la casa con todas las runas?— dice Salomón desde el sofá, manos entrelazadas sobre el pecho y mirada de necesitar tres vacaciones seguidas.

—Esas son tres preguntas, Salomón.—dice Michelangelo burlón, pero su voz se oía cansada. Los tres ríen, adoloridos y agotados.

—Lo último que recuerdo es al esquizofrénico de mi Tío disparando a lo loco e insultando en colombiano. Ahora lo quiero más.— admite Miguel Ángel y ellos ríen en voz baja.

—Miedo y prudencia son dos cosas que Karim no posee. Está loco. Toca llevarlo a un psiquiatra.—

—Lo dice el que cayó a apuñaladas al hijo de Luzbel junto con un vampiro.— dice Salomón sonriendo.

Michelangelo ríe y empieza a quejarse del dolor en sus costillas. Miguel Ángel extiende las manos para curarlo, pero él no lo deja.

—Estás muy débil. Ya luego te dejo, ¿Vale?— le dijo mientras lo aferraba a sí y le besaba la cabeza.

—Está bien papá.—

Salomón se levantó del sofá a duras penas y bajó a la cocina.

—Llegaron los Regentes... Ay no, yo me quedo aquí.— dice Michelangelo y Miguel Ángel ríe.

Timoteo y Mary entran a la habitación tras pedir permiso. Michelangelo se incorpora en la cama con dolor y ayuda a Miguel Ángel a sentarse.

En el piso de arriba, Belegfor sostenía a Demian dormido en sus brazos, mientras Gonzalo los miraba preocupado.

—¿Cuando va a despertar Eminencia? Ya me tiene mal que no dé señales de mejoría.— dice Gonzalo pasándose varias veces las manos por la cara.

—Tienes que calmarte, Gonzalo. Demian está bien. Agotado, pero bien. Juntos, esos dos hirieron a Dion de manera increíble... Y le arrancaron parte de su poder. Un poco más y lo deportan. Pero Demian absorbió ese poder. Eso y sus propias emociones lo dejaron muy débil. Sólo necesita descansar.— respondió Belegfor, algo preocupado también, pero con calma.

—Eminencia, a Dion no le importó que Luciel estuviera con nosotros. Y sin embargo, se enfureció cuando Mathías le recriminó que lo abandonó para hacerle molestar. Dijo que hacía todo ésto por él.—

—¿Esa es la excusa que está usando para justificar su codicia? Dion realmente está enloquecido. Lo bueno es que los muchachos no han renovado del todo los Tratados y aún Demian no pagará por las heridas de los Hijos de Asuer... Pero sí la situación escala más...—

En eso, Vlad pasa convertido en sombra por frente de la habitación y ellos logran verlo por tener la puerta abierta.

—¿Ese señor...—

—También me sigo preguntando como es que anda por ahí como si nada Eminencia. Sobretodo porque estaba preso en el Reginato.—

—Al menos lo tienen de aliado.—

Esa tarde, Belegfor logra llevarse a Demian a casa prácticamente a rastras con ayuda de Gonzalo, quién ahora tenía derecho de viajar entre su Plano y el Plano Terrenal. Mary, Timoteo, Salomón, Samuel y Michelangelo hablaban en la oficina, sin notar que ya con el sol bajo, Vlad podía moverse por la casa. Cuando llegó a la sala, Miguel Ángel tenía la mirada perdida en el patio, su energía suave deslizándose por el suelo como cintas doradas hechas de escarcha y aire. Hacía mucho frío y caía un leve rocío en el patio que empezaba a convertirse en nieve.

(¿Aún tienes miedo?)— le pregunta Vlad colocando una manta en sus hombros. Miguel Ángel trató de sonreír.

—No sabría decirle, Padrino. Estoy muy cansado. Y tal vez consternado.— dice y Vlad le acaricia la cabeza.

(¿Cómo no vas a estar cansado? Si eran las 4 de la mañana y te andábamos persiguiendo porque te dió por flotar por toda la casa hablando en arameo. Según te habíamos dejado dormido y te dió por convertirte en globo con helio.)— le dijo Vlad, tratando de sonar burlón. Finalmente Miguel Ángel soltó una risita.

—Yo no recuerdo nada de eso. Así que, culpa mía no es.—

Vlad niega con la cabeza y lo levanta hasta sentarlo en su hombro. Salió con él al patio. Miguel Ángel extendió las manos y atrapó un copo de nieve. Vlad sonrió.

(Mereces todo lo bueno de éste mundo. ¿Lo sabes verdad? Ya has sufrido lo suficiente protegiendo a los demás. No te lamentes porque te andamos cuidando a tí.)

—Padrino Vlad...—

—¿Umm?—

—¿Quieres irte?—

(¿Su Alteza quiere que me vaya?)

—No se trata de lo que yo quiera. Se trata de dónde seas feliz tú. Yo... No puedo pedirte que te quedes conmigo a sabiendas de que eso te hará daño.—

—¿Umm?—

—No soy inmortal. Tú lo sabes. Soy tal vez más efímero que cualquiera de mis conocidos. En algún momento me verás morir. Y eso te va a doler. Y no quiero eso para tí. Ya los míos te hicieron demasiado daño. ¿Qué pasará si de la nada...—



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En el texto hay: comedia, drama y secretos, curación y magia

Editado: 26.06.2026

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