Apocrifus: Legado, Balanza y Destino

Capítulo 48:

Miguel Ángel estaba en su habitación y podía escuchar las risas de sus... ¿Familiares? Si, eso eran. No había uno en esa sala que no tuviera un lugarcito ya en su corazón. Tenía su teléfono en la mano, sin siquiera encenderle la pantalla. Pensaba en mil y una cosas. Acercó la pierna con el yeso y repasó cada frase escrita en él. Las firmas de sus amigos, de su padre, de Samuel y Karim parecían ahora, más que un mensaje de su cariño, el recordatorio de que no estaba solo. Nunca lo estaba. Y eso le era un arma de doble filo. Si estuviera solo hubiese enfrentado él mismo a Dion. No tendría tanto miedo. Pero ahora temía resultar herido. Temía morir. Y eso le resultaba patético. Sin embargo, no era el tener que enfrentarse a la muerte lo que le aterraba. Era saber lo que su muerte provocaría.

—Si sigues pensando así te vas a enfermar, Miguel Ángel.— dice Timoteo desde la puerta de su habitación. Él esbozó una sonrisa.— Tu padrino insiste en que celebremos tu cumpleaños ahora. ¿Qué opinas al respecto?—

—¿Su Eminencia me ha venido a decir ésto porque teme decirle directamente a él que no, verdad?—

—Considerando al personaje, es más que obvio hijito.—

—... No tengo ganas... Pero mi Padrino no es el único que está de acuerdo con la idea. No me agrada la idea de hacer enojar a dos señores con complejo de Cronos.—

—¿Dos? ¡Yo en ese saco no entro!— exclama Vlad desde la sala.

—Si claro, Cronos y Kaos los llaman ahora.— dice Miguel Ángel y Timoteo empieza a reír. Más risas se escuchan en el piso de abajo.

En eso, Salomón entre risas también entra a la habitación y se acerca para levantarlo. Pero Miguel Ángel no se lo permite. De la nada, se levanta y logra ponerse de pie.

—¿Cómo...— intenta preguntar Michelangelo desde la puerta.

—Se reparó cuando recuperé mi energía hace un rato... Lo que me preocupa es que me arde desde dentro.—

En eso, el timbre de la puerta principal suena y los que estaban dentro de la casa se tensan. Salomón y Timoteo ayudan a Miguel Ángel a llegar a la sala y allí se quedan mirándose entre sí. Nadie se atreve a abrir.

—¿Alguien puede explicarme qué son esas cosas?— pregunta Samuel pálido viendo las cámaras. Vlad se acerca a mirar y gruñe.

—Ay no... Son La Escandalosa, La Dramática y el Mala Influencia. Cada uno con su Regente. Estaré en el ático hasta que me llamen.— dice Vlad de la nada señalando en la pantalla lo que Samuel veía como nubes de colores y desaparece rápidamente.

—Ah mira, Michael Jackson se volvió a escapar.—dice Michelangelo y abre la puerta.

—¡Buenas noches señor papá de Miguel Ángel! ¿Podemos entregarle sus regalos a su hijo a pesar de que nos dijo que vinieramos el domingo?— exclama Coraline apenas la puerta se abre. Uriud a su lado se aprieta el centro de la frente.

—Gracias por recordárselo Cora', ahora ya nos van a regañar.— murmura Demian tras de ella.

—No es que regaño ya te mereces tú.— dice Michelangelo levantando una ceja. Demian sonríe con vergüenza y lo saluda con la mano vendada.

Alondra estaba al lado de la puerta, casi escondiéndose dentro de la chaqueta lila y peluda que usaba. Michelangelo niega con la cabeza y los deja entrar, saludando con algo de vergüenza a los Regentes.

—¡Buenas Hermanito Mayor!— exclama Coraline y de la nada aparece ya abrazándose del cuello de Miguel Ángel. Pero de la nada retrocede y palidece, mirando hacia arriba con una expresión que mezclaba miedo y extrañeza.— ¿Por... Porqué...—

—Es su padrino, Coraline. Y por cierto, lo más amable sería que llegaras saludando también a los adultos.— dice Demian saludando a los Regentes y tratando de no temblar al saludar a Salomón. Coraline los mira y vuelve a mirar a Miguel Ángel.

—Cada tío tuyo da más miedo que el anterior.— suelta Coraline finalmente y Uriud se da una palmada en la frente. Karim empieza a reír y Salomón se esconde tras su taza de café para no carcajear. Samuel mira la situación sin saber si ofenderse o reír.

—¿Cómo así?— pregunta Mary con una sonrisa burlona.

—Si claro, primero el señor Obispo que da miedo nomás con una mirada. Después el señor de la máscara que por algo es hermano del señor obispo. Después el dios Vampiro. ¿A tí lo paranormal te persigue es?— dice y Michelangelo, Timoteo y Belegfor empiezan a carcajear.

—Obvio no, solo tengo a mi amiga hada-sirena criticando a mi familia, a mí amigo demonio tratando de electrocutarse con la consola, a mi amiga cósmica escondiéndose en la cocina y a mi padrino vampiro escuchando todo desde el segundo piso. Pero del resto, todos somos perfectamente normales.— dice Miguel con sarcasmo y los Regentes empiezan a reír.

En eso, de verdad Demian se electrocuta tratando de conectar la consola y Alondra le da un palazo con la escoba. El silencio reinó durante varios segundos.

—¿Estás bien?— le pregunta Alondra a Demian en el piso, sujetando la escoba como si fuera un bastón.

—Eso pareció súper personal, Alondra.— dice Belegfor con una ceja levantada.

—Claro que no, lo estaba tratando de salvar.— responde y Demian apenas se sienta en el piso mientras se frota la cabeza.

—No pues, menos mal, porque si lo quisiera matar...— suelta Karim y ellos empiezan a reír.

—A saber cuántas gracias harán ustedes cuando están aquí sin supervisión.— dice Agmodiel de brazos cruzados.

—Se sorprendería, Regente.— dice Salomón negando con la cabeza.

—Ya hasta tienen al pobre Salomón acostumbrado a sus gracias.— dice Michelangelo y Timoteo ríe.

—¿Cómo le hace? Nosotros 4 tuvimos que cuidarlos en el Plano Austral y una se nos fue volando, el otro gateando, el otro le mordió el dedo a Belegfor, y la otra me quería dejar sin pelo.— dice Uriud y los demás Regentes ríen.

—No se crean sus Eminencias, me descuidé tres segundos y se me escaparon al patio a jugar con un balón. Y Michelangelo y yo salimos 20 minutos y los encontramos metidos en la piscina.— dice Salomón negando con la cabeza. Los presentes ríen.



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En el texto hay: comedia, drama y secretos, curación y magia

Editado: 26.06.2026

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