Apocrifus: Legado, Balanza y Destino

Capítulo 49:

A la mañana siguiente, Michelangelo y Salomón llevaron a Miguel Ángel de regreso a la clínica y el traumatólogo afirmó lo que ya se sabía: el hueso de su pierna estaba ya como nuevo. Le quitaron el yeso allí mismo y él lo guardó como recuerdo. Ese yeso significaba mucho más que el recuerdo de una herida y de su primer hueso roto. Salieron al estacionamiento entre risas, pero de la nada Michelangelo le jala de un brazo a su hijo y lo empuja hasta dejarlo tras de sí. El gesto sorprende a Salomón, pero inmediatamente voltea y mira la causa de la reacción de Michelangelo. Apoyado del auto, mirándolos con ojos fríos y analíticos pero con una postura despreocupada y fumando de un cigarrillo, estaba Dion. Los tres se congelaron en el sitio. Dion esbozó una sonrisa. Y levantó una mano, haciendo señales de tregua.

—Con un rehén y varios demonios alrededor ¿Y se atreve a pedir tregua?— murmura Salomón entre dientes.

—Se la juega. Se cree que Tepez no puede llegar hasta aquí porque es de día. ¿Acaso no vió que está nevando?— murmura Michelangelo.

Y de la nada Miguel Ángel avanza varios pasos y Dion se acerca a él. Quedan frente a frente, separados por apenas unos 3 metros. Dion lo mira a los ojos y sonríe. Le da una última inspiración a su cigarrillo y lo desecha, apartando la cara a un lado para soltar el humo. Ese gesto de respeto los sorprendió.

—No era mentira eso de que andas por el mundo sin temor alguno y con la convicción en los hombros.— dice Dion de la nada, su voz oscura pero tranquila, volteando a mirar directamente a Miguel Ángel a los ojos. Su sonrisa había desaparecido.

—Nací sin miedo. Y sigo sin miedo ahora.— respondió y su mirada pareció afilarse.

—¿La prudencia no es un concepto que apliques, verdad?—

—Lo aprendí de usted.— Dion volvió a sonreír, pero su mirada se afiló.

—¿Realmente crees que no puedo dañarte?—

—¿Y usted realmente cree que le permitiré hacerlo?—

—Hasta anteayer tenías miedo. Sabías y sabes perfectamente el alcance de mi influencia y poder. ¿Realmente crees que puedes vencerme, niñito?—

—Exijo que me respetes, Agnel Dion.— exclamó y su voz pareció resonar como un trueno en el estacionamiento. Dion retrocedió un poco sin notarlo.— No te creas Todopoderoso por tener el poder de corromper lo que tocas. Te recuerdo que si aún existes es por misericordia del Creador y por el cariño que le tengo a tu hijo. Muy bien lo sabes. Tengo en mis manos el poder de destruirte.—

La frase enfureció a Dion.

—Quiero verte intentarlo faltándote esos trozos de escencia. Puede que seas un hijo de Asuer... Pero sigues siendo perfectamente mortal. Y tienes mucha, mucha gente a la que amas que no tiene ni la más mínima pizca de estabilidad espiritual. ¿No temes que arremeta contra ellos?—

—No. No lo creo tan cobarde.— respondió con calma y Dion enfureció al punto de que humo rojo empezó a salir de su espalda.

De la nada tomó forma demoníaca y se acercó a él. Salomón corrió hasta ellos, pero un muro invisible le impidió el paso.

—¿Sigues sin tener miedo, aún viendo de que si te ataco no pueden ayudarte?— le dijo Dion, su voz aterradora y oscura.

—Demonios más feos y más grandes que tú he enfrentado. Nahuales, Doppelgangers y Anomalías. ¿Qué tiene usted que me sorprenda? Y además, ¿Que debo asustarme de que no me puedan ayudar? Es gracioso que diga eso... Porque a usted tampoco.—

En eso, sacó de una de sus manos un látigo hecho de oro y con piedras preciosas en toda la cuerda de cuero recubierta con escamas de oro. Dion retrocedió. Miguel Ángel se tensó y se preparó para atacar. Pero Dion apareció tras él, hizo que Miguel Ángel se aterrara y le lanzara un bloque de hielo enorme encima. Cuando Dion salió del hielo, Miguel Ángel lo recibió con un latigazo que lo hizo gruñir de dolor. Se lanzó hacia él y lo embistió de un manotazo, pero Miguel Ángel logró mantenerse de pie. Lanzó otro latigazo que Dion intentó evitar, pero Miguel Ángel le disparó agujas que lo hicieron retroceder y pisar el látigo. Dion comenzó a lanzarle también rayos de color rojo, que Miguel Ángel evitaba con rapidez y atacando cada que podía. En una de éstas, Dion logró darle con uno de los rayos y lo arrojó al suelo. Se abalanzó sobre él, dispuesto a aplastarlo con sus puños, pero no contó con que Miguel Ángel desde el suelo le envolviera el látigo en las manos y al jalar, se las arrancó. Dion cayó de rodillas, bramando de forma horrible por el dolor. Miguel Ángel se acercó y el látigo en sus manos se convirtió en una lanza. Dion lo miró acercarse y atacó a su mente. Miguel Ángel cayó al suelo retorciéndose de dolor, y le arrojó con rabia la lanza, ensartándola en su hombro. Dion empezó a arrastrarse en el suelo de dolor, tratando con desesperación de quitarse la lanza. En su desesperación, rompió sin querer la pared que mantenía a Michelangelo y a Salomón lejos de ellos. Ambos corrieron a ayudar a Miguel Ángel. Él estaba en el suelo, lágrimas salían de sus ojos y temblaba, pero no emitía ni el más mínimo quejido. Michelangelo corrió al auto y apartó al chófer que Dion había hecho desmayarse. Salomón subió a Miguel Ángel al auto y salieron de allí rápidamente con Michelangelo al volante.

Volvieron a casa a toda velocidad, con Salomón intentando desesperado hacer despertar a Miguel Ángel. No podía. Dion le había implantado un hechizo de locura. Dado que no podía atacar y corronper su mente, le implantó una pesadilla, obligándolo a ver cada uno de sus traumas, todos esos recuerdos como en un sueño, en un estado que mezclaba el sueño y la mente consciente. Salomón intentaba ayudarlo, pero le era imposible. Solo le quedaba abrazarlo contra su pecho y rogar que fuera lo suficientemente fuerte para lograr salir de esa pesadilla con la cordura intacta.

Al recibir el ataque, Miguel Ángel vió como todo a su alrededor se oscureció, los ojos naranjas de Dion lo veían desde la oscuridad y el aire le resultaba asfixiante. Todo su cuerpo empezó a temblar sin motivo. Pánico. Su cuerpo respondía entrando en pánico. Pero no lo permitió. Se obligó a respirar con calma, apretó sus manos con fuerza y se obligó a mantenerse calmado.



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En el texto hay: comedia, drama y secretos, curación y magia

Editado: 26.06.2026

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