Los 6 se quedan parados en la puerta del patio, mirando al cocodrilo sin saber si reír o llorar.
—Oigan... ¿Son ideas mías o reptil tiene un collar con placa?— dice Miguel Ángel.
—Si sobrino, ni modo. ¿No ves que es perro? A ver reptiliano, ladra.— dice Karim y el cocodrilo empieza a caminar hacia ellos.— ¡J***r, era broma! ¡Quédate ahí, no vengas!— exclama Karim aterrado y Samuel empieza a carcajear.
—En realidad Miguel Ángel tiene razón, ese animal debe ser la mascota exótica de alguien... Aysh, llamaré al condominio a ver a quién se le perdió un cocodrilo.— dice Michelangelo y se aparta con el teléfono en la mano.
—Lo dice como si fuera perfectamente normal.— murmura Salomón negando con la cabeza y con la vista clavada en el animal.
—Yo tenía 4 de éstos en mi castillo...— comenta Vlad y Miguel Ángel sonríe.
—Si, y por eso ahora estás atrapado en ésta familia. Por anormal.— dice Karim, pero retrocede cuando Vlad, ofendido, le muestra los colmillos y gruñe. Karim pone la mano en la puerta de vidrio.— Bueno, no creo que una mordida de cocodrilo duela más que una de él.—
—No te preocupes Karim. Lo ofendes y él mismo te tirará al cocodrilo.— dice Samuel y Vlad asiente. Pero Miguel Ángel ríe por lo bajo y Vlad le pasa la mano por el cabello.
—¿Será muy difícil montar un cocodrilo?— murmura Karim después de un rato y Salomón se espanta.
—Ahora ya sé a quién salió buscando Miguel Ángel. No es difícil, Karim. Tú solo le pones un pie encima y ya. Te despiertas allá arriba con San Pedro y el Creador.— le dice Salomón y Miguel Ángel empieza a carcajear.
—Oigan, ese animal es de la bruja vecina de al lado. O de la vecina bruja de al lado.— dice Michelangelo y Karim ríe.
—Entonces está domesticado...— dice Miguel Ángel pensativo.
—Ni siquiera lo pienses muchacho.— dice Vlad.
E inmediatamente lo levanta y lo aparta de la puerta. Luego sale al patio, agarra al cocodrilo como si fuera un saco y sale con él en el hombro.
—¿A dónde hay que llevar a ésta cosa?— pregunta con algo de rabia y Michelangelo señala el lado derecho de la casa. Vlad sale mascullando algo que no entendieron.
Vlad salió de la casa con el cocodrilo en el hombro, ante la mirada perpleja y aterrada de los de seguridad, llegó a la casa y tocó el timbre.
—¿Quién?— respondieron desde dentro, una voz dulce y tranquila de mujer.
—Cocodrilos a domicilio, proporcionamos demandas por invasión de propiedad y daños psicológicos a niños.— exclama Vlad, con burla pero aún con el ceño fruncido.
—Ay...— exclama la mujer desde dentro y Michelangelo, parado tras Vlad ríe.
La mujer, hermosa de manera misteriosa, abre la puerta y se sorprende de verlos allí. Vlad le pone el cocodrilo encima y ella lo carga como si fuese un perro.
—Yo... Me estaba arreglando para ir a buscarlo. ¿Les ha causado muchas molestias?— dice y abraza al animal, mientras los mira algo confundida.
—Nada grave, descuide.— responde Michelangelo y Vlad asiente.
—Se los agradezco mucho. Se escapó hace unos días desde que vacíe mi piscina para limpiar. Ya sabía yo que no podía estar muy lejos... Se los debo, ¿Vale?—
—No es para tanto.—
—Es mi hijito, señor Baorrounotti. Y el suyo lo ha sacado de una muerte segura y lo han traído de regreso a casa. Otro lo liquida y luego averigua. Cualquiera cosa que necesite, si le puedo ayudar avíseme.— dice y se despide.
Ambos salen del porche de la casa y en el pasillo se miran las caras.
—Eso estuvo raro.— murmura Vlad.
—Parece que le gustaste a la bruja, compadre.— dice Michelangelo y Vlad lo empuja suavemente, pero casi lo hace caer.
En eso, ambos notan al hombre parado en la reja de la residencia. Alto, músculos prominentes y vestido de manera antigua con pieles y una capucha de cuero. Tenía cicatrices en los brazos, traía una espada en la espalda y de su cinturón colgaban varias bolsas.
—Judas Iscariote... Y yo que pensaba quedarme para Navidad.— dice Vlad con burla, pero se le notaba tenso.
—Es el Principe de Plano quién te ha llamado aquí. No tiene porqué actuar mal.— dice Michelangelo.
Judas se acerca a la taquilla de los guardias. Michelangelo y Vlad vuelven a la casa. Y cuando entran, se oía la voz de Miguel Ángel, algo alterada, discutiendo con alguien.
—(¡Es mío! Sabes perfectamente que cumplió su condena y puede estar libre siempre que no haga daño.)— exclamó en hebreo antiguo, tratando de mantener la calma.
—(¿Su Alteza se olvida de los más de 30 hombres que asesinó hace unos días? ¿Que hay con eso?)— le respondió, una voz masculina.
—(¡Era a mí a quien protegía!)—
Vlad y Michelangelo intentan avanzar a la sala, de dónde venían las voces, pero Salomón les hizo señas de que no fueran. Y que guardaran silencio. Ambos se quedaron en la cocina, y desde allí oían la discusión. Miguel Ángel estaba en la sala, de pie, tratando de no perder los estribos frente a Judas Iscariote, quién era mucho más alto e imponente que él, pero no se atrevía a arremeter contra Vlad sabiendo que Miguel Ángel lo protegía.
—(Su Alteza ha corrido un riesgo muy grande al liberar a Tepez. Sabe perfectamente que pertece a la cárcel. No merece su misericordia después de todo lo que ha hecho.)—
—(¿Y tú de dónde sacas moral para decir eso?)— le dijo y Judas retrocedió.
—(Yo cumplía un propósito. Y sigo aquí con una función. Yo pagué por mis pecados.)—
—(¿Y qué te hace creer que Vlad no? ¿O acaso no han sido suficientes los 100 años que tiene entre torturas y humillaciones? ¿Y quién dice que Vlad no cumple también una función? Él es lo único que marcó la diferencia entre sí éste Plano se mantenía con Guía o no. No pienso permitir que lo trates como un criminal.)—
—(Es un asesino de sangre fría, Alteza. No merece que le tenga piedad. No puede poner en peligro a la humanidad dejando a ese ser suelto por allí, sobretodo con el poder que le concedió. Además, pagó su condena, pero no ha cumplido con demostrar serle fiel al Reginato, el ser de confianza.)—