Apocrifus: Legado, Balanza y Destino

Capítulo 51:

Vlad intentaba no mirarlo a los ojos para no dejar notar el disgusto y preocupación que sentía.

—Puedes decirme, padrino.— le dijo Ezequiel. Vlad lo miró unos segundos. Luego volvió a desviar la mirada.

(Si Judas y yo encontramos a esa diosa específicamente, puedes usar su poder para limpiar el Reginato. Con sus poderes unidos a los de Anubis, puedes encontrar el Altar que falta y destruirlo sin necesidad de que tengas que meterte en esa cueva de corruptos.)

(¿Así que es eso lo que realmente te preocupa? Mi maravilloso plan de infiltrarme allá.)—

(Ajá. Esos imbéciles, si no saben quién eres, te van a tratar con los pies y no soy capaz de permitir eso. Me voy a ganar otros 100 años de prisión si se atreven a tocarte un solo cabello de esa cabeza imprudente que tienes.)—le dijo sin notar que había empezado a fruncir el ceño y sus ojos se veían más rojos que antes.

(¿Serías capaz?)

(Dándose el caso así, iría feliz de regreso a la cárcel. Voy preso feliz.)— dijo y Ezequiel trató de no carcajear con la frase.

(Eso sonó extrañamente latino viniendo de ti, Padrino. ¿Puedes por favor calmarte? No va a pasarme nada.)

(La última vez que dijiste eso...)

(No aplica ahora. Y sí, lo recuerdo, terminé con una pierna amputada. Pero no viene al caso.)— Vlad lo miró unos segundos a los ojos.

(Bien. Supongo que me estoy preocupando más de lo que debería. No me agrada la idea de que vayas allí de verdad... Pero sí hasta el Regente te dió permiso, yo no puedo hacer nada... Ahijado, ¿No podrías darme al menos la oportunidad de encontrar a la bruja antes de irte a meter a esa cueva de serpientes? Esos inútiles te van a tratar mal y yo voy a querer mandarlos de una para arriba.)— Ezequiel lo pensó unos segundos.— (Sino, estoy muy seguro de que a Mathías no le va a gustar para nada la idea después de oír mis motivos.)

(Serán solo unos meses, Padrino. Solo semanas si tengo suerte. Al menos podrías confiar un poco en mí.)

(En tí confio. No tienes idea de cuánto. Lo que no quiero es que resultes lastimado. Y no hablo de las heridas en tu piel.)— le dijo y Ezequiel le mostró una sonrisa que casi hace que Vlad se derrita.

(Si la cosa se pone muy dura, prometo que saldré de ahí. No te preocupes. Voy a estar bien.)— le dijo y finalmente Vlad asintió. De todos modos, creía poder encontrar a la diosa antes que las clases en la Escuela de Exorcismo empezaran.

El año nuevo entró con la familia del Reginato unida en un abrazo que mezclaba lo extraño, lo tierno y lo dulce en una sola sala. Mathías, Timoteo, Mary, Salomón, Amós, Vlad, Samuel (que andaba de infiltrado y finalmente fue llamado a la mesa), Felicity y Ezequiel. Karim andaba en Milán con el resto de los Baorrounotti. Eso sí era fijo: Karim no pasaba ni Navidad, ni Año Nuevo lejos de sus padres. Los fuegos artificiales del Reginato iluminaron el cielo nocturno, en un espectáculo que podría resultar común para quienes tenían años allí. Era diferente. Ese año habían recuperado lo que creyeron nunca volvería al Reginato. Y ese niño que veía al cielo intentando no llorar se había convertido en el tesoro más valioso del Reginato y tal vez de todo un pueblo de creyentes.

Ezequiel miró a su alrededor y luego al cielo. Muchas veces se creyó tan efímero como esos fuegos artificiales. Muchas veces creyó que moriría ese año entre torturas y abandono. Pero ahí estaba. Seguía vivo. Y cargaba ahora con un propósito limpio y puro, respaldado por el mismísimo Creador. Y ese año le regaló algo más que la oportunidad de seguir con vida. Obtuvo una familia. Una nueva familia que lo amaba con locura y lo aceptaba con todo y sus impulsos de tirarse a la piscina cargando un yeso en la pierna. Esa familia que lo amaba sin importarle si flotaba a las 4 de la mañana hablando en arameo, si provocaba un Estallido o si se enfrentaba a hombres armados sin siquiera un tenedor para defenderse. Después de 15 años siendo rechazado, obligado a dejar de lado su propio bienestar para cuidar de los demás y condenado a una vida de ansiedad y desolación, había encontrado una familia que lo amaba sin restricciones y sin importarle si era fuerte o no, más bien lo protegían de ello. Su nueva familia lo cuidaba como un niño, el niño que su familia original no le permitió ser. Esa nueva familia, la escogida, la que decidió quedarse pudiendo rechazarlo o simplemente apartarse, lo rodeaba ahora. Y no existía mayor bendición que esa.

Es el 3 de enero en la mañana y Mathías decide salir hacia su casa en Milán, de dónde prácticamente controlaba el mundo entero. A Michelangelo lo único que le faltaba era ser el presidente para tener el control absoluto sobre Italia y sus alrededores. Aunque, su nombre también era temido y aclamado en Asia y América. Salió esa mañana del Reginato, afirmando que volvería lo más pronto posible. Vlad y Judas, ya más que rivales, ahora compañeros, salieron hacia América del Sur, hacia los lados del Amazonas. Tenían un gran camino que recorrer si querían encontrar pronto a Gaia. Vald se marchó prometiendo que, así no lo llamara, si sentía una mínima gota de su sangre derramarse, volvería corriendo a cuidarlo. Samuel sí se quedó en la Ciudad del Reginato, al pendiente de su pequeño sobrino. Y no solo de él, sino de mantener la ciudad en calma.

Michelangelo llega a Milán cuando son casi las 5 de la tarde, sin atreverse a llegar directamente a la casa familiar de los Baorrounotti. Quería de todo menos empezar otro año recibiendo las quejas de Gina sobre que prefería andarsela en Navidad con desconocidos o trabajando solo por no estar con ellos. Mentira no era, pero éste año la había pasado de maravilla, sintiendo por primera vez en muchísimos años el calor de un hogar. Fue directamente a su casa en Milán y allí, apenas llegó, recibió una llamada de su padre.

—Ah mira, si contestó. Ya creía que habías cambiado de número sin decirnos otra vez, Michelangelo.— le dijo Fidel.



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En el texto hay: comedia, drama y secretos, curación y magia

Editado: 26.06.2026

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