“Parece que sí sobrvive en ésta Familia”
Con esa frase Karim recibió a su nueva cuñada. Y es que sí, había que asegurarse de que Leticia sobreviviera a la Familia Baorrounotti, sobretodo a la escogida.
—Yo no entender... Parpadea si te obligaron a venir.— le dice Karim a Leticia y el gesto de rabia de Michelangelo la hace carcajearse.
—Te estás ganando un castigo por idiota, Karim. Ve a tomarte tus pastillas.— le dice y Karim sonríe burlón.
—Bueno vale, me calmo entonces. Ey, ¿Me voy ahora a la Ciudad del Reginato?— dijo y Michelangelo volteó a mirarlo.
—¿Y tú para qué quieres ir allá?—
—Investigar... Monitorear... ¿Acaso no sabrás tú Michel'?— dice y Michelangelo detecta la mentira.
—Tú y yo tenemos que sentarnos a hablar. Pero ahora no, te necesito en La Costa. ¿Cuando sales?—
—¡De una! ¿No pretenderás que me quede aquí en tu noche de bodas?—
—Serás idiota Karim—
Él soltó una carcajada y corrió escaleras arriba. Michelangelo avanzó hasta la sala, con Leticia siguiéndolo obedientemente. Él se sentó en el sofá y le indicó a ella que hiciera lo mismo. Sin embargo, Leticia se sentó a casi un metro de él, sin atreverse a levantar la mirada.
—Entre Karim y mi papá me van a volver loco...—murmura y Leticia trata de no reír.—Oye Leti' ¿Te molesta si te digo así?—
—No, señor Michel'.— le dijo y él sonrió.
—Quitemos el 'señor' y quedamos bien. Así pareciera que estás enojada conmigo. Aunque contenta no creo que estés dado que no se me ocurrió llevarte a que compres ropa. En ésta casa no hay ni una sola prenda femenina. ¿Quieres ir ahora o prefieres pedir por línea?—
—¿Se puede?—
—Si claro. Por ahora puedes usar mi laptop. De allí pide lo que necesites. Ya de aquí a más tarde te entrego tu teléfono nuevo con tu propia cuenta y eso. Aysh... Tengo mil cosas por hacer...—
—Pierde cuidado. De todos modos tampoco es que necesite todo para hoy.— Michelangelo la miró unos segundos.
Luego cerró los ojos y se acomodó en el sillón. Una llamada entró a su teléfono.
—¿Qué pasó Samuel?— contestó y desgraciadamente Leticia pudo oír la otra parte de la llamada.
“—10 caídos más en intervención. Y ya le dimos piso a Garçon. ¿Río o fuego Jefe?—”
—Fuego. Deshazte de ellos. Y comunícame con Gonzalo Álvarez.— dice con tranquilidad y Leticia siente un escalofrío subirle por la espalda.
Samuel accede y la llamada termina.Poco después, una sirvienta ya entrada en años se acerca y hace una reverencia.
—Amo, señora, ¿Desean comer algo?— dice y Leticia enrojece. No esperaba que ya la consideraran señora de la casa.
—Rosita, no tienes idea de cuánto te extrañé. Te presento a Leticia. Está muy temprano para el almuerzo. ¿Leti', quieres postre?—
—Estoy bien, gracias.— dijo tímidamente. Rosita la miró de arriba a abajo y sonrió.
—Amo, el Joven Amo le dejó unos mensajes a su correo.— dice Rosita y le entrega una tablet.
—¿Al correo? ¿Miguel Ángel?— Michelangelo mira la pantalla y su mirada se ensombreció unos segundos. Luego volteó a mirar a Leticia.—Oye Leticia, ve arriba con Rosita. Ella te mostrará cuál es tu habitación y Rosita, dale mi laptop a Leticia y enséñale como debe pedir. Y dile a Karim que vaya a mi oficina.—
—Como desee Amo.—
Leticia tardó unos segundos en reaccionar y quería preguntarle qué pasaba, pero Rosita la agarró con suavidad del brazo y con una sonrisa y la sacó de allí. Tres simples mensajes.
“Hola papá, bendición. Si, ya me chismearon que te casaste. Lo creas o no estoy feliz. Porqué sí, sé quién es tu nueva esposa. Avísame cuando puedo llamar para verte y saludarla.”—10:20am.
“Papá, tuve que borrar la mayor parte de mis datos en el teléfono porque alguien intentó rastrear mi ubicación. Salomón activó protocolos de emergencia y el tío Samuel está aquí. Pero no me han dicho qué pasa.”—10:22am.
“Papá... Estoy en la clínica con Samuel y Salomón. Recibí un disparo en el hombro hace un rato. Éste es el último mensaje que te puedo enviar por ahora. No sé qué está pasando exactamente, Salomón y Samuel no me dicen qué pasa.”—10:29am.
Tres correos. Ni siquiera mensajes. Pero suficiente para desestabilizar a Michelangelo por su contenido. Leticia y Rosita estaban en la habitación de Leticia, escuchando en el pasillo de las habitaciones los pasos apresurados de Karim, Michelangelo y uno que otro guardaespaldas.
—¿Está mal si pregunto qué pasa?— dice Leticia con algo de timidez. Rosita asiente.
—A mí, pregúntame todo lo que quieras siempre que ellos no te escuchen. No es muy difícil ofender a mi Amo si no se tiene confianza con él. Alcancé a leer los correos. Algo pasó y el Joven Amo está en el hospital. Alguien trató de matarlo... Supongo, ahora el Jefe está averiguando qué pasó y porqué. Saldrá para allá de inmediato, me imagino. No debes preguntar nada directamente si ves al Jefe enojado. Mejor ni siquiera hables. Aprende a diferenciar las miradas. Eso determina cuando puedes hablar o pedir algo o no.— le dice y Leticia asiente con un nudo en el estómago.— Eres una desconocida en ésta casa, pero no pareces mala persona. Tú sólo trata de ser prudente y todo irá bien. Ya mi Amo hablará contigo cuando haga falta.—
Luego le entregó la laptop de Michelangelo y Leticia notó, con una sonrisa, que el fondo de pantalla era una foto del cumpleaños de Miguel Ángel.
—¿Él es Miguel Ángel?— pregunta y Rosita asiente con una sonrisa.
—No sé si lo tengas permitido, pero al rato te muestro una foto de él para que lo veas bien.—
Rosita le enseñó a usar la laptop a Leticia y le enseñó qué cosas pedir y cómo. Luego, cómo prometió, le mostró una foto de Miguel Ángel. Traía su uniforme de paramédico y tenía lo que parecía ser su diploma en las manos.
—Bueno, esa foto es de hace casi tres años. Mejor ésta.—
Era una foto de Miguel Ángel y Demian entre risas mientras jugaban en la consola. Leticia miró las fotos. Pese a su edad, Miguel Ángel realmente parecía un niño.