Apocrifus: Legado, Balanza y Destino

Capítulo 54:

Salomón lo miró unos segundos a los ojos antes de hablar. Parecía angustiado. El nudo en el estómago de Ezequiel crecía cada segundo más.

—¿Qué pasa?— preguntó finalmente. Salomón desvió la mirada.

—Yo... No sé cómo decirte ésto, Ezequiel.—

—Solo dime Salomón, me hace peor tanto misterio.— dice, casi suplicando y la voz a punto de quebrarse.

—Quien te atacó hoy fue un miembro del Reginato. Ya el Regente se está ocupando de ese asunto. Lo que necesito decirte es algo mucho peor... Alguien envenenó tu desayuno ésta mañana. Por eso nunca llegó a tu habitación. Felicity se dió cuenta de eso y descubrió quien lo hizo... Así que le dispararon directo al pecho. Ella está muy mal... Y dada su edad... No existe mucha posibilidad de que se salve. Pero ella alcanzó a decirnos quién fue.— Ezequiel bajó la mirada. Un dolor fuerte, casi físico, se alojó en su pecho. Felicity se estaba debatiendo entre la vida y la muerte por protegerlo. Dolió. Y mucho. Salomón lo abrazó y acarició su cabello. Lágrimas caían por su cara.— El Regente ya dió la orden. No puedes regresar al Reginato hasta que hayamos resuelto ésta situación. Él... Me pidió hacer algo con lo que sé que no estarás de acuerdo. Pero tengo que hacerlo. Es la única manera que tenemos por ahora de que no descubran quién eres por fuera del Reginato.—

Salomón le quitó la máscara y le besó la frente.

—De aquí te vas hacia Milán con tu padre. Yo no iré contigo ésta vez. Tengo que ayudar a arreglar éste desastre para que puedas regresar pronto... Perdóname. Te ruego, Alteza, perdóname. Pero tengo que hacerlo.—

Acto seguido conjuró un sello y extendió la mano para adhérirselo al hombro. Él retrocedió instintivamente y trató de escapar, pero no contaba con que Samuel lo sujetara y lo inmovilizara. Salomón selló su energía, dejándola casi al mínimo. Miguel Ángel se desmayó y Samuel lo acostó en su cama de hospital.

—Descuida. No creo que se enfade contigo por ésto.— dice Samuel y le pone una mano en el hombro a su hermano.

—Sí lo hará... Pero al menos me perdonará pronto. Es la única manera de que no lo encuentren... Me duele tener que alejarme de él.—

—Lo sé. Descuida. Lo voy a cuidar bien. Lo prometo.— afirma Samuel. Ambos se miran unos segundos y terminan por abrazarse.

Era la primera vez, en más de 15 años, que ambos hermanos se abrazaban. Después de tantas rivalidades, discusiones y rencores, finalmente estaban unidos por un mismo propósito: proteger al niño que les devolvió la sonrisa. Salomón salió de la clínica y volvió al Reginato casi con el corazón roto. Un pedazo de su vida se quedaba en esa clínica, bajo el cuidado de sicarios y guardaespaldas. Y sin embargo, bien claro estaba, esos eran capaces de incendiar medio planeta por protegerlo. Con eso se consolaba. Al llegar al Reginato, varios niños lo esperaban a las puertas, expectantes. Pero sus miradas parecieron apagarse cuando lo vieron llegar solo. Los niños le tenían miedo a Salomón. Pero, fue más fuerte la preocupación que el miedo. Se acercaron corriendo a él apenas llegó dentro del Reginato y lo rodearon.

—¿Dónde está el Príncipe Ezequiel? ¿Cómo está él? ¿Porqué no ha vuelto? ¿Lo han dejado en el hospital? ¿Cuando va a volver? ¿Está bien él?— preguntaban entre todos, sus miradas preocupadas clavadas en Salomón, como exigiendo respuestas.

Salomón suspiró. Y negó con la cabeza.

—Va a pasar algún tiempo antes de que el Príncipe Ezequiel vuelva. Hay gente que quiere hacerle daño. Y no podemos dejar que le pase algo malo. Pero él va a regresar pronto ¿Si? No estén tristes.— les dijo, pero igual los niños se entristecieron.

Salomón caminó por los pasillos. Ya no olía a pan, ni a vainilla, ni a canela. Y eso le dolió más. Volvió a su habitación y se sentó un rato en su cama, mirando al suelo. De verdad creyó que podría protegerlo. De verdad creyó que ya todo había mejorado. Y esa negligencia pudo costarle la vida de Ezequiel. Amós entra a la habitación tras tocar.

—Salomón, el Regente quiere verte.— le dice, pero Salomón siguió con la mirada perdida en el piso.— Oye... ¿Está todo bien?—

Él negó con la cabeza. Amós asintió lentamente.

—Lo entiendo. Desde que llegó, es la primera que lo separan de ti. No es tú culpa ¿Sabes verdad? No sabíamos que de los nuestros había gente capaz de algo así. En realidad, me sigue pareciendo increíble.—

—Todo es por ese m*****o altar.—dice y Amós lo mira sorprendido.— A eso se refiere el demonio. Ese altar le da información de los movimientos de Ezequiel dentro del Reginato. Mientras ese Altar siga en pie, éste nunca será un lugar seguro para él. Si tan sólo...—

—Estamos trabajando todos en eso, Salomón. Cálmate.—

—¿Sabes que es lo que realmente me molesta?—

—¿Umm?—

—Lo injusto del caso. Porque ¿Qué culpa tiene él de todo ésto? ¿Qué culpa tiene él de la Corrupción, la traición de los nuestros, la inestabilidad del Plano, el escape del Príncipe Sedequías y lo que pasó con su padre hace 15 años? 18 años cumplió a duras penas... Ni siquiera había nacido cuando esas cosas pasaron... Y sin embargo, no sólo tiene que arreglarlo todo. Sufre demasiado en el proceso. Y me molesta porque... Porque no se lo merece.—

Amós desvió la mirada. Salomón se levantó, aún cabizbajo.

—Vamos, el Regente debe tener rato esperando.— dice intentando sonreír.

Cuando Miguel Ángel despierta es de noche ya. Samuel estaba sentado en el sofá de su habitación de hospital, alternando entre mirar su teléfono y mirar por la ventana. Parecía alerta.

—¿Tío Samuel?— le dijo y él se levantó rápidamente hacia él.

—¿Qué pasó? ¿Cómo te sientes?—

—Lo mismo te pregunto ¿Qué pasó?— le dice y Samuel tardó en responder.

—Bueno, toca decirte porque no me parece bien escóndertelo. Después de que Salomón se fue llegó la radiografía que el médico te mandó a hacer por precaución ésta mañana cuando llegamos. Resulta que te sacaron la bala, si, pero era sólo un trozo. Resulta que tenías aún varios fragmentos de bala en el cuerpo, uno de ellos cerca de tu corazón. Casi te nos vas con San Pedro y ni nos enteramos. Te metieron al quirófano ésta tarde de emergencia mientras estabas desmayado. Ya está todo bien. No hay de qué preocuparse, tranquilo. Ven, te conseguí algo para comer. ¿Come algo sí? Tienes todo el santo día sin probar bocado.—



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En el texto hay: comedia, drama y secretos, curación y magia

Editado: 14.07.2026

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