Apocrifus: Legado, Balanza y Destino

Capítulo 55:

Miguel Ángel despierta aún en el helicóptero, ruidos de disparos se escuchan a su alrededor. Estaba cubierto con varios cojines anti-balas. Estaba mareado y sentía náuseas. El helicóptero volaba violentamente, esquivando los disparos, mientras los guardaespaldas dentro disparaban hacia afuera. Miguel Ángel no podía ver qué ocurría. Habían varios autos persiguiendo el helicóptero, con gente disparando hacia él sin darle tregua. Samuel hablaba por un walkie talkie, dando códigos e instrucciones. Los refuerzos tardarían en llegar. Se oían las balas golpear la cubierta del helicóptero. Todos dentro estaban agitados, desesperados y más de uno herido. Los autos eran demasiados. Ellos unos pocos.

—¡Lanza granadas! ¡Protejan al Joven Amo!— gritó uno de los guardias. Todos se tensaron y se acercaron corriendo para formar una cadena humana alrededor de Miguel Ángel.

De uno de los autos, el que estaba disparando desde el techo sacó un lanzagranadas y apuntó al helicóptero. Miguel Ángel logró salir de entre los cojines al escuchar la frase y pasó por debajo de la cadena humana de los guardias sin que ellos pudieran evitarlo a tiempo. Se asomó al borde del helicóptero, con los guardias espantados y tratando de cubrirlo. Pero de la nada un destello dorado salió de su mano derecha y el auto con el tirador del lanzagranadas se volcó de la nada, haciendo también caer los autos tras él. La explosión se intensificó, creando una reacción en cadena de autos estrellándose y explotando. Los autos que quedaron tuvieron que detenerse, pero seguían disparando. Samuel lo volvió a jalar al asiento y lo volvió a meter entre los cojines, sin saber si enojarse o aliviarse. Los guardias estaban asombrados, pero seguían cumpliendo órdenes. Samuel le pidió a uno de ellos que dejara de disparar y cuidara de Miguel Ángel. Sacó él una granada y la arrojó sobre los autos que quedaron. Pero era una granada de fragmentos. Al caer y explotar, siguió explotando y derribando autos sin control. Habían escapado y salido victoriosos gracias a la intervención de Miguel Ángel. Pero su energía espiritual estaba sellada. ¿Cómo había hecho eso? El guardia lo sujetaba con cuidado, mientras Miguel Ángel se mecía con el movimiento ahora más tranquilo del helicóptero. Parecía estarse desmayando.

—Nos salvamos por los pelos...— murmura Samuel y finalmente le quitan los cojines de encima a Miguel Ángel.— ¿Cuánto falta para llegar a Milán?—

—16Km señor.— le contesta uno de los guardias.

—Al hospital central de Milán. Alisten la zona.— dice Samuel y los guardias asienten.

El guardia que sostenía a Miguel Ángel trataba de mantenerlo despierto, pero él se volvió a quedar dormido. Samuel se sentó del otro lado. Y lo volteó a mirar, dormido sobre el hombro del guardia.

—¿Cómo c****o te despertaste?— murmura Samuel mirándolo.

De todos modos, agradeció al Creador que se había despertado justo en el momento preciso para salvarlos. Él ya se había resignado a que posiblemente los matarían allí si los refuerzos no llegaban. Por eso habían dejado de disparar. Todos los protegían a él. “Michelangelo me va a matar cuando se entere... ¿Será que altero el reporte?” pensaba Samuel intentando recobrar la calma. Aún tenía adrenalina corriendo por su cuerpo.

Llegaron al hospital de Milán y varios paramédicos y enfermeros los recibieron en la azotea. Éstos empezaron a atender a los heridos, pero Samuel no dejó que tocaran a Miguel Ángel. Aseguró la zona con todo su equipo en Milán. Sólo así despertó a Miguel Ángel poniéndole alcohol en la cara. Lo bajó en sus brazos hasta el interior del hospital, dónde ya había una habitación del último piso reservada para él. Un médico y varios enfermeros lo seguían.

(Necesito que también venga un cardiólogo. A ésta habitación no entra nadie sin autorización. No es necesario decir que éste niño está protegido por los Baorrounotti ¿Verdad?)— les dijo en un italiano fluido que sonaba peligroso en su boca.

(Para nada señor Samuel. No se preocupe, mantendremos todo en secreto.)— respondió el médico. De hecho, era el director del hospital.

Miguel Ángel apenas estaba consiente. De la nada empezó a vomitar. Y la herida en su hombro empezó a sangrar. Su nariz también.

—¡Ay mira qué bonito!... Me voy a ganar una suspensión.— exclama Samuel y luego murmura y Miguel Ángel ríe unos segundos.

Otro doctor se acerca rápidamente a examinarlo. Mientras, Samuel trata de llamar a Michelangelo.

—¡¿Se puede saber qué c****o está pasando?!— exclama Michelangelo apenas el teléfono suena. Rosita, Karim y Leticia, a pocos centímetros de él porque estaban en el comedor, se tensaron.

Hasta hace 10 segundos antes, Michelangelo estaba del todo tranquilo, bromeando con Rosita y en cierto modo coqueteándole a Leticia mientras Karim reía. Pero se le notaba tenso. Cada cierto tiempo se le veía tamborilear los dedos en la mesa. No había probado bocado del almuerzo todavía. Al escuchar la voz de Samuel en el teléfono, finalmente explotó. Arrojó el teléfono en altavoz sobre la mesa y Karim retrocedió.

—Calmado Jefe, ya la situación está bajo control. Evacuación de emergencia, un código 4-2-6, 5 bajas y hombres armados rodeando la clínica. Ataque durante el camino. Situación actual controlada. Y al Joven Amo ya lo están examinando aquí en el hospital.—

—Existe algo llamado textear Samuel, ¿Qué demonios pasó?— dice Michelangelo, más tranquilo pero aún enojado.

—Ni siquiera yo lo sé aún Jefe. Estaba recibiendo indicaciones del médico y traté de marcarle para informarle lo dicho. Y de la nada llegó el código y el informe de zona insegura. Salimos de ahí de inmediato. Ya me están reportando la situación. Estamos aquí en Milán.—

—Eso explica porque ya las llamadas suenan mejor. Voy para allá. ¿Algo que tenga que saber antes de ir Samuel?— dijo con algo de sarcasmo en la última frase. Samuel dudó en contestar. Al fondo se oyó la voz de Miguel Ángel hablando en italiano con el doctor. Las palabras “informe” y “anomalía cardíaca” se escucharon claramente y Karim abrió los ojos como platos.— Qué bonito Samuel... Se me olvida que cada que te dejo cuidando a Miguel Ángel pasa algo. Avisa la entrada. Voy para allá.—



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En el texto hay: comedia, drama y secretos, curación y magia

Editado: 14.07.2026

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