Apocrifus: Legado, Balanza y Destino

Capítulo 58:

Cerca de las 9, Leticia va a la habitación de Miguel Ángel. En realidad, le preocupaba que el leoncito no hubiera salido de allí todavía. Su sorpresa fue grande con lo que encontró. En el lugar donde debía estar Miguel Ángel o el leoncito, había un bebé que parecía de apenas unos días de nacido. Leticia se obligó a taparse la boca para no gritar, le puso unas almohadas alrededor y corrió escaleras abajo a llamar a Rosita. Ella no le creyó. Ambas subieron a la habitación y, efectivamente, había un bebé de aproximadamente una semana de nacido en la habitación.

—¿Qué hacemos?— pregunta Leticia aterrada en un susurro.

—Será llamar al Jefe porque yo tampoco sé mi Señora. Ésto nunca había pasado, al menos no en éste Plano.— dice Rosita asustada.

En eso, el bebé se despierta y las dos palidecen. Pero raramente el bebé se despertó y se quedó mirando a su alrededor sin llorar. Leticia se acercó lentamente a él mientras Rosita intentaba llamar a Michelangelo en vano. En eso, el bebé empezó a llorar y Leticia lo cargó en brazos. Rosita le marcó hasta a Samuel, pero tampoco contestó. Leticia trató de consolarlo, pero no podía.

—Tiene hambre.— dice Leticia. Rosita la veía sin saber qué hacer.— Rosita, manda a alguien a comprar leche para bebés, que se aseguren de que sea apta para recién nacidos y pañales. También un biberón. Algo tenemos que resolver si Michelangelo no contesta.—

Rosita asintió y mandó a unos sirvientes a hacer el pedido. Apenas regresaron, Rosita preparó la leche en el biberón y se la dió al bebé. Se bebió todo y finalmente dejó de llorar. Pero media hora después volvió a llorar. Leticia y Rosita trataban de calmarlo, pero no pudieron.

—Pareciera que le doliera algo ¿Serán cólicos?— dice Rosita aterrada.

Leticia intentó llamar ella, pero la llamada no llegaba al teléfono de Michelangelo. Los guardias también veían la escena sin saber qué hacer. Intentaban desesperadamente también llamar a sus compañeros que se sabía que habían ido con Michelangelo y Samuel, pero sus teléfonos sonaban apagados.

—Si ésto sigue así lo vamos a tener que llevar al hospital. Esos ya no son cólicos.— decía Leticia meciendo en vano al bebé en sus brazos para calmarlo.

—Pero Señora, no podemos sacar al Joven Amo de la casa sin autorización del Jefe.—le dijo uno de los guardias aterrado.

—Lo sé, pero si sigue llorando así podría ser peor. Además, Miguel Ángel no pierde del todo la conciencia cuando cambia de forma. Si sigue llorando sin control es porque en verdad se siente mal.—

En eso, el bebé comienza a vomitar muchísimo, saliéndole vómito hasta por la nariz. Leticia lo colocó boca abajo instintivamente mientras le golpeaba la espalda. Se empezó a ahogar con el vómito en su nariz y ella no dudó en limpiarlo de manera antigua y rápida, por muy asqueroso que fuera. Era eso o que se les muriera el bebé. Volvió a vomitar y ya la casa se descontroló.

—Preparen todo. Vamos a llevarlo al hospital. Yo seré la culpable delante de Michelangelo si algo sale mal. Pero no podemos quedarnos de brazos cruzados, se nos va a descompensar si sigue vomitando así.— les dijo Leticia con firmeza y ellos accedieron rápidamente.

Unos minutos después, Leticia y Rosita se llevaban al bebé al hospital en el auto a toda velocidad. Llegaron muy rápido y apenas entraron a la emergencia del hospital, varias enfermeras los rodearon. Sabían que eran gente de los Baorrounotti, pero su extrañeza fue enorme cuando les dijeron que el paciente era el bebé en brazos de la Señora Baorrounotti. Un pediatra empezó a atenderlo y el bebé volvió a vomitar. Al bebé lo acuestan en una camilla y le ponen una vía intravenosa en su manito diminuta. Le colocan el suero y los medicamentos. Minutos después, dejó de llorar y se quedó dormido. Rosita y Leticia finalmente respiraron aliviadas.

—Parece que la leche que le dieron le ha dado ésta reacción. Pero no entiendo, ¿Porqué le han dado leche procesada en vez de la materna?— pregunta el pediatra y Rosita palidece. Pero ya Leticia sabía qué iba a decir.

—Su madre ha fallecido apenas ayer doctor y lastimosamente no hemos podido conseguir quién lo alimente. Yo lo he adoptado, pero no puedo darle de comer mágicamente claro está. ¿Habrá alguna manera en que yo pueda?— le dice ella con voz lastimera. Claro que sí había forma. Así fue como salvó al niño que estaba criando en su pueblo.

—Si hay manera si quiere ser usted quien lo alimente. Venga, vamos a hablar con un ginecólogo de las opciones que podemos seguir.— le dijo el pediatra.

Rosita quedó cuidado al bebé. Cuando Leticia volvió, le habían suministrado hormonas y regalado un poco de leche materna del banco del hospital. Al bebé le dieron de alta apenas el tratamiento terminó y se sintió mejor. Todos volvieron a casa agradeciendo al cielo que ese proceso no había tardado demasiado. Eran casi la 1 de la madrugada cuando volvieron a casa. Y a las 2 am el bebé se despertó. Leticia estaba a su lado, incapaz aún de irse. Leticia le dió un biberón con la leche materna al bebé, pero no quiso tomársela. La desechaba antes de tragarla. Empezó a llorar y Teresita llegó corriendo a ver qué pasaba. Leticia intentaba darle del biberón y él no lo quería. Ella lo miró. Luego sus pechos. Ya estaban un poco hinchados.

—Ojala Michelangelo no se enfade por ésto.— murmuró Leticia preocupada. Pero de todos modos, ya estaba en problemas por sacarlo de la casa.

Tras suspirar, sacó uno de sus pechos y le introdujo su pezón en la boca. Empezó a beber con desesperación.

—Pobrecito, has de estar muriendo de hambre.— le dice ella con una voz suave.

Teresita la veía con preocupación.

—¿Mi señora no se enfermará por hacer ésto?— le pregunta con cuidado.

—Mi mayor preocupación ahora es cómo va a reaccionar Michelangelo cuando se entere que saqué a su hijo, al que persiguen para matarlo de la zona segura y de paso le estoy dando del pecho.—

Teresita la miró y no supo qué decirle.



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En el texto hay: comedia, drama y secretos, curación y magia

Editado: 14.07.2026

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