Salomón bebía un café con el teléfono en la mano. Cerca de él estaban Amós, Luis y Daniel. El Regente estaba sentado frente a él en una mesita. Estaban en la oficina de Timoteo. Eran cerca de las 10 de la mañana. De la nada, un mensaje de Samuel llega a su teléfono y él frunce el ceño.
'—Tienes que ver ésto.—' decía el mensaje.
Y así, sin anestesia, le mandó una de las casi 100 fotos que había tomado. Michelangelo en el suelo armando una cuna mientras Leticia sentada a su lado sostenía a un bebé. Salomón escupió el café que bebía, lanzándoselo directamente encima al Regente. Luis, Amós y Daniel lo voltearon a ver, consternados.
—... ... ¿Qué?— dijo en voz alta y Amós corrió a su lado.
—¿Qué fue Salomón?— pregunta el Regente limpiándose.
Amós llega a su lado, mira la foto y su mandíbula cae. El Regente no aguanta la curiosidad y le quita el teléfono de las manos a Salomón. Y se encuentra con la foto.
—Eminencia... ¿Ese es...— intenta preguntar Amós, pero la sola pregunta se le hacía increíble.
Timoteo abrió los ojos como platos. Luis a su lado también. Asintió lentamente. Luego acercó la foto hasta mirar bien. Efectivamente.
—¿Más o menos?— pregunta Luis consternado.
—Al parecer la herida de Ezequiel si fue muy grave... Y ahora tiene nueva mamá.— dice Salomón volviendo a beber de su café mientras procesaba.
El Regente le devolvió el teléfono.
'—¿Y más o menos? ¿Ahí qué pasó? 😦—' pregunta Salomón en un mensaje para Samuel.
'—Está demasiado difícil de explicar. Sólo diré que al menos así está más controlado 🤭.—'
Ellos se miraron las caras. Finalmente, el Regente le marca a Michelangelo y éste contesta entre risas, cambiando a videollamada.
—(No te conocía tan chismoso Samuel)—le recriminaba Michelangelo cuando las 5 caras conocidas aparecieron en la pantalla. Los miró y se hechó a reír.— Buenos días Eminencia. La bendición.—
—El Creador te bendiga y te guarde Mathías. ¿Serías tan amable de explicarme qué pasó?—
Michelangelo le mostró al bebé acostado en sus piernas sobre una almohada mientras mordía la pata de un peluche. Abrió sus enormes y expresivos ojos, cuyas iris azules resplandecían y reflejaban pequeñas estrellas. Inmediatamente, Timoteo serio y preocupado, se derritió.
—¿E... Ezequiel?— pregunta Salomón y el bebé lo miró en la pantalla fijamente.
—¡Hola! ¡Hola Ezequiel!— exclama Amós ya derretido de ternura y el bebé empezó a reír.
Luis se apartó de ahí cubriéndose la boca. No sabía si reír, gritar o tirarse al suelo. Tenían la ternura, la alegría y la preocupación mezcladas. Michelangelo empezó a contarles los sucesos de la noche y el Regente quedó más perplejo que antes.
—Mathias... ¿Cómo que te casaste sin decir nada? ¿Cómo que tu esposa es quién está alimentando a Ezequiel?— pregunta Timoteo con el corazón en la boca. Esos eran casi 7 protocolos rotos.
Michelangelo se mordió los labios. En eso, unas manos sacan al bebé de la pantalla y de la vista de ellos. Michelangelo enfoca a Leticia, hablando tranquilamente de que debían llevar al bebé al pediatra por si acaso y preguntando si debía bañarlo con agua normal o debía ponerle agua bendita. Eso claro, sin notar las caras en el teléfono que la veían con las cabezas ladeadas.
—¡Michel'! ¡Avísame por amor al Creador! ¿Cómo me vas a poner al mismísimo Regente en pantalla cuando estoy así?— le reprochó avergonzada y se puso de espaldas a la pantalla.
—¿Así como? ¿Con tu look maternal de mamá primeriza cuyo bebé le dió por dormirse a las dos de la madrugada?— le replica Michelangelo y ella lo mira con ojos filosos.
—Es curioso que le tenga vergüenza al Regente mientras que le da del pecho al Príncipe y discute con Lord Mathías.— dice Amós burlón.
—En mi defensa diré que Ezequiel es un bebé y Michel' es mi esposo.— dice Leticia con las mejillas rojas mientras arrulla al bebé en sus brazos y él ríe.
—Tiene un punto. Además, a Mathías le faltan par de tornillos.— dice Salomón y el Regente ríe.
—Nadie te preguntó Salomón.— reprocha Michelangelo y Leticia ríe.
—Oigan, pero la señora tiene razón, ¿No deberían llevarlo a un médico que lo examine?— pregunta Amós.
—Te recuerdo que están en Milán. Y además, está difícil que un médico común examine al Príncipe.— indica Daniel y Michelangelo también asiente.
—Pero no hay casi peligro en que lo traigan. Nuestros enemigos no saben nada del asunto. Ellos buscan a un adolescente, no a un bebé recién nacido.— indica Amós.
Todos guardaron silencio.
—Dejen estabilizar la situación para poder hablar del tema, que de lejos se nota que tú lo que quieres es cargar al bebé, Amós.— dice Michelangelo y ellos ríen.
—Soy culpable.— dice Amós levantando las manos. El bebé en brazos de Leticia rió también.
Michelangelo salió con el teléfono en la mano. Y se metió en su oficina.
—Toca ahora de que hablemos seriamente nosotros.— dice Michelangelo cerrando la puerta tras de sí.
—Vayamos primero por lo más bajo. ¿Y ella Mathías?— pregunta el Regente. Daniel y Luis salen de la oficina a paso rápido.
—Su nombre es Leticia. Y como habrán notado, creo que quiere más al bebé que a mí. Con respecto a ella tengo todo cubierto. Nada sin revisar. Limpia y con muy buenos antecedentes.— dice Michelangelo tranquilamente. El Regente niega con la cabeza.
—Voy a confiar en tí respecto a eso, Mathías. Ahora bien, necesitamos sentarnos a hablar.— dice el Regente y Michelangelo nota que se mordió el labio.
—Tambien tengo que informarles algo.— dice y baja la mirada un momento. Ellos tragan saliva.— La bala sí le tocó el corazón. Fisura en el ventrículo superior derecho y posible rotura de arterias. Pero no dejó que lo volvieran a operar. Tenía razón. Si lo volvían a someter a anestesia, el remedio sería peor que el mal. Dijo que podía regenerarse sólo, pero no entiendo qué pasó para que adquiriera esa forma. Lo que me preocupa es que tengo entendido que Salomón selló su energía espiritual. ¿Porqué aún puede usar sus poderes a voluntad?—