—Aquí ya comienzan a notar las diferencias, su Alteza, sobretodo los niños. Si alguien lo dice en voz alta, el traje falso colapsará y quedará al descubierto la mentira.— dice Dandelion frustrado.
En eso, tocan a la puerta y Adeleine entra a la habitación. Miguel Ángel lo mira.
—¿Qué tal?— le pregunta y la extensión de sí mismo le contesta con una sonrisa.
—Tan horrible como se esperaba, no lo voy a negar. Pero esa cosa no me quiere ahí. Supongo que sospecha que estoy tratando de encontrarla. Al menos ya estoy empezando a descartar en qué lugares no está. Debo de registrar muy bien.— le responde pensativo.
—Ya que provocar a Dion no funcionó, ¿Qué podemos hacer?— le pregunta Dandelion a Adeleine y éste niega con la cabeza.
—Toca esperar entonces. Si nos precipitamos a atacar, Dion podría sospechar. Y tenderle una trampa ésta difícil...— dice Adeleine pensativo.
—No está tan difícil. Tú estás cerca de sus oídos y ojos. Podríamos tenderle una trampa, utilizando cualquier excusa que le diga a él que puede atacar.— dice Miguel Ángel y Dandelion asiente.
—Me puedo intoxicar fácilmente ¿Verdad?— dice Dandelion con una sonrisa.— Adeleine se encargará de que él escuche eso por medio del Altar y cuando trate de atacar, lo capturamos.—
—Esa idea... Hay que pulirla para que funcione. Pero es una grandiosa opción.— dice Adeleine asintiendo.
—Bien entonces. ¿Y del otro asunto?—
—1-22-14 14-1-4-1 (Aún nada) todavía. Toca esperar el informe de los Cazadores. A menos de que nos expongamos y usemos los poderes de Anubis para encontrarla.— dice Adeleine y Dandelion abre los ojos como platos.
—El riesgo es muy grande... Se puede usar incluso para atrapar a Dion, pero es un peligro para su Alteza. Mejor, desgraciadamente, confiamos en los Cazadores.— dice Dandelion, tratando de sonar persuasivo.
—Ambos tienen razón, pero si salgo de mi casa lo más probable es que Dion me capture, sobretodo porque no me puedo defender en lo más mínimo. Debo regresar ya.— dice Miguel Ángel y su imagen comienza a volverse más transparente.
—Vaya, Alteza. Adeleine y yo nos ocupamos de los detalles revisando los libros.— dice Dandelion haciendo una reverencia. Adeleine también.
Miguel Ángel desaparece y cuando abre los ojos, Leticia lo tenía en brazos.
—Cariño, no me asustes así bebé.— le dijo, apenas aliviada. Había venido porque ya era su hora de comer y él no despertaba.
El bebé cerró los ojos y se acurrucó en el pecho de Leticia. Adoraba sentirla cerca. Leticia lo comienza a alimentar con ternura.
—Ya estás más pesado y más grande. Pareces de 5 meses ya a pesar de que sólo han pasado unos días... ¿Qué opinas si le decimos a tu papá que nos compre un columpio o una mecedora? Aunque, nos compran una mecedora y nos dormimos los dos ahí.— dice y ambos ríen.— Hay que comprarte ropita. Ya no tenemos ropa que te quede. Ya esa ropita quedará para un Miguel Ángel Junior, ¿No crees? A propósito, tú papá me habló de Alondra. Ojalá la pueda conocer pronto. Dice que es una chica maravillosa y por eso te gusta tanto. Aunque, no sé cómo debería presentarme con ella.—
El bebé la miró fijamente.
—¿Qué fue?—
Balbuceó algo que Leticia no podía entender. Pero igual sonrió. Poco después, Leticia metió al bebé en la cangurera y se lo llevó a la cocina, dónde Michelangelo, curiosamente, preparaba algo. Leticia lo vió y se detuvo en seco antes de acercarse. Analizó su actitud y mirada antes de decidir si se acercaba o no. Y entonces lo supo. Estaba preocupado.
—Michel' ¿Qué tienes?— le preguntó con voz suave y se acercó para acariciar sus hombros.
Michelangelo tomó la mano que lo acariciaba y la besó. Le puso una tapa a la olla y volteó a mirarlos, señalándolos con la cuchara sucia en su mano.
—¿Qué hacen ustedes dos aquí? Tú deberías estar dormido y tú descansando Leti'.— les dijo con una sonrisa.
—Bueno, ya yo he descansado mucho y Bebé de la casa acaba de despertar. ¿Te ayudamos?—
—Prefiero saques al bebé de la cocina, amor mío. Es capaz de ir directamente a quemarse.—
—Con el nivel de consciencia que tiene, no lo creo.—
—Considerando que aún con 18 años es capaz de meterle un dedo al chocolate hirviendo, no me sorprendería que siendo bebé se tire en la olla y consigamos un flan de bebé al vapor.— dice riendo.
Leticia se sienta en la isla de la cocina, con el bebé chupando su dedito dentro del canguro. Michelangelo metió lo que hacía en el horno y lo cerró, dejando el temporizador allí.
—Tengo la impresión de que ustedes dos venían a pedirme algo. ¿Qué pasó?— dice Michelangelo mirándolos.
Leticia levantó al bebé y se escondió tras él. Michelangelo extendió la mano y el bebé le tomó un dedo con una sonrisa.
—Dile tú, Micky.— dice Leticia y Michelangelo suelta una carcajada.— Dile bebé, dile. 'Papá ¿Podemos tener una mecedora?'—
Michelangelo negó con la cabeza.
—¿Qué hago con ustedes dos? ¿No les dije ya que lo que necesiten lo compren?— les dijo casi en regaño, pero la ternura en su voz no dejaba espacio para ira.
—Vale, vale. ¿Y un perrito?—
—No. Sabes perfectamente que tenemos discrepancias en qué cachorro podemos tener con nuestro hijo.—
—No vamos a tener un Cane Corso, Michel'.—
—Tampoco un Golden Retriever Leticia. Ya tenemos suficiente con nuestro hijo.— dice con una carcajada.
—Ay Michel'.—
—Deja que empiece a caminar y me vas a dar la razón.—
—Hablando de eso, ¿Crees que también pase por esa época? Es que está creciendo muy rápido.—
—Ambos somos iguales de nuevos en ésto, Leti'.—
—Bueno... Michel', por casualidad, ¿Miguel Ángel tiene astigmatismo o miopía?—
Michelangelo retrocedió.
—Hasta dónde sé no. ¿Qué te hace pensar eso?—
—Pareciera que no ve las cosas de cerca, Michel'. Me dí cuenta ésta mañana. Tenía el sonajero a un lado y no notó que estaba allí hasta que se dió de bruces con él.—