Apocrifus: Legado, Balanza y Destino

Capítulo 64:

Esa noche, Leticia duerme al bebé entre caricias y arrullos, mientras Michelangelo la observa, enamorado, sin que ella lo advierta. Ella recuesta al bebé en la cuna, dándole su peluche para que lo abrace. Pero se queda mirándolo unos minutos. Michelangelo se acerca y la abraza por la espalda, entrelazando sus manos en la cintura de ella.

—No tienes idea de cómo lo quiero... Pero tengo miedo... Me aterra que le hagan daño...— murmura Leticia y Michelangelo apoya su barbilla en su hombro.

—¿No es eso lo que teme toda madre?— le susurró y ella asintió.

Él besó su hombro con ternura y ella le besó la mejilla. Ese beso en el hombro captó inmediatamente la atención de Leticia. Sabía lo que significaba. Ella empezó a besarlo y las manos de Michelangelo bajaron hasta sus caderas.

—Leti'... Te amo.— susurró, casi con miedo. Ella sonrió.

—También te amo, Michel'.—le dijo y él cerró los ojos con fuerza. Ella se giró y quedó frente a él y acercó sus labios a su oído. Y le habló en susurros.— Te amo, Michelangelo. No tienes idea de cuánto. Y no me importa cuánto creas tú que no, yo sí te amo mucho más allá de cualquier trato que hayamos hecho.—

Él la apartó sólo para mirarla a los ojos. Cerró los ojos y asintió. Ahora era que Leticia lo entendía. Cuando ambos hacían eso, tanto él como Miguel Ángel, era para saber sí mentía o no. Podían escudriñarla con la mirada, aunque Michelangelo no podía hacerlo al punto como lo hacía Miguel Ángel, que con una mirada sabía todo lo que había en su ser.

—Nunca me dijiste qué carrera vas a tomar. En unos días empiezan las clases.— le dijo él y Leticia lo sacó a rastras de la habitación. Lo miró a los ojos con seriedad y eso hizo que Michelangelo la mirara confundido.

—Michel', no voy a ir a la universidad mientras Miguel Ángel esté siendo un bebé.— le dijo y Michelangelo la miró confundido.

—... ¿Qué?— ella negó con la cabeza.

—No voy a ir a la universidad mientras nuestro bebé esté tan pequeño.—

—Claro que sí. Rosita y Teresita lo pueden cuidar mientras no estás. Los guardias lo pueden cuidar. Dijiste que ésto era lo que querías y me encargaré de que lo cumplas.— le espetó y ella enrojeció. Era cierto.

—No Michel'. Y no es que desconfíe de la gente que los ha cuidado a ambos hasta ahora. Pero muy claro me lo han dejado. Ellos no van a ponerse a tí sin importar qué. Y ese qué era nuestro bebé vomitando sin control. Y ellos se rehusaron a llevarlo al hospital porque tú te opondrías. Y eso es exactamente lo que me preocupa. Que lo van a cuidar bien, sí, pero si surge un problema de esos, van a preferir mantenerse cumpliendo tus órdenes sin importar el cómo esté Miguel Ángel. Y ahorita es solo un bebé que ni siquiera puede hablar y defenderse. Yo... Yo sé que también debo obedecerte, sobretodo yo como tu esposa pero... Si es Miguel Ángel el que está en peligro no voy a dudar en hacer lo necesario para mantenerlo a salvo. No voy a ir a la universidad aún, Michel'. Semestres hay muchos. Y nuestro bebé es uno solo.— le dijo.

Michelangelo se apoyó de la barandilla tras él, de la que se veía la sala y comedor. Varios de los sirvientes de la casa estaban bajo ellos escuchando todo.

—¿Y sí después no puedes Leticia?— le preguntó y Leticia advirtió que no la miraba a la cara.

—Habrá valido la pena cada segundo. Soy pésima madre Michel', pero no quiero que le pase nada.— dice y Michelangelo la mira sorprendido y con una ceja levantada.— Claro, le dí fórmula la primera noche, le puse un pañal que no era, me quedé dormida y casi se tira de la cama y casi lo ahogo en la bañera porque lo senté del lado incorrecto.—

—¿Llevas contado cada error que cometes como madre?— le dice burlón.

—Te sorprenderías.—

Michelangelo se acercó y le besó la cara.

—Ey Leti'... Mejor de lo que lo has hecho hasta ahora no podrías hacerlo. Te amamos, amor mío. Y le metiste un jarrón en la cabeza a un vampiro por proteger a nuestro hijo. Tú me dirás, amor.— dice y logra que ella ría.

—Eso fue por puro instinto.— dice y le rodea por el cuello con sus brazos y apoya la cabeza en su pecho.

—Eso más que claro quedó... Pero... ¿Qué te dicen tus instintos ahora?— dijo con una sonrisa coqueta y ella se acercó a su oído.

—¿Quieres que lo diga en voz alta?— susurró en su oído y él enrojeció.

Ambos entraron en la habitación de Michelangelo y la puerta se cerró tras ellos.

La mañana siguiente llegó rápido y un golpe suave en la puerta de la habitación despertó a Michelangelo. Leticia estaba dormida entre sus brazos. Y los sirvientes le escribían a su teléfono en vez de tocar en la puerta. Karim estaba en la Ciudad del Reginato, al igual que Samuel. Otro golpe volvió a sonar, pero muy suavemente. Michelangelo se levantó y se colocó una bata de baño, aún preguntándose quién tocaba. Eran casi las 6 de la mañana. Un tercer golpe sonó cuando estaba cerca de la puerta. Y escuchó un balbuceo muy bajo del otro lado de la puerta. No era posible. No podía ser posible. Abrió la puerta de golpe y sí, si era posible. Ahí estaba Miguel Ángel, sentado en el suelo mirándolo fijamente. Una sonrisa se dibujó en sus pequeños labios cuando vió a Michelangelo. Y extendió sus manitos hacia él. Pero él no reaccionó y el bebé gateó hasta sus pies y le jaló el borde de la bata. Michelangelo lo tomó en sus brazos.

—¿Tú... ¿Cómo te saliste de tu cuna? ¿Y desde cuándo gateas?— el bebé balbuceó algo, y Michelangelo negó con la cabeza.

Abrazó a su hijo contra su pecho y se sentó con él junto a Leticia dormida en la cama. Miguel Ángel se lanzó de sus brazos hacia ella, sin que Michelangelo reaccionara a tiempo. El bebé cayó junto a Leticia y le dió un beso de bebé, con baba incluida. Leticia se despertó en el acto.

—¿Y tú, pedacito de mi vida? ¿Eso fue un beso?— le dijo incorporándose pero manteniendo la sábana sobre su cuerpo.

—Te cuento que nuestro hijo gatea, Leticia. Pero a saber cómo se bajó de su cuna.— le dijo, pero Leticia ladeó la cabeza.



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En el texto hay: comedia, drama y secretos, curación y magia

Editado: 02.08.2026

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