Apocrifus: Legado, Balanza y Destino

Capítulo 65:

Los tres se congelaron con lo que Leticia acababa de decir. Laureem soltó una carcajada. Y se levantó del suelo.

—Mírame a ésta... Sólo hay una manera en que éste animalito aprenda. Fede', ven para acá. Hay que darle una lección. Veamos si se cree la gran cosa cuando tenga la cara desfigurada y Michelangelo le tenga asco.— dijo Laureem y Federico se acercó a Leticia con una navaja en la mano.

Pero Leticia advirtió el gesto y le propinó una patada en la cara que hizo a Federico caer al suelo. Gina corrió hasta él con preocupación exagerada y Laureem avanzó hacia Leticia con rabia en los ojos. Se abalanzó sobre Leticia como un animal, dispuesta a sacarle los ojos con las uñas. Pero rápidamente Leticia dominó la pelea y la sometió en el suelo. Gina se acercó por su espalda y la pateó. Pero Leticia no soltó a Laureem y con esa patada le golpeó un ojo. Y cuando Gina le dió otro golpe, Leticia le rompió la boca a Laureem.

—A usted no le puedo hacer nada porque es una anciana, pero deme un golpe más y le aseguro que le desfiguro la cara a su hija.— dijo Leticia, ya fuera de sí.

Federico la embistió y la tiró al suelo, sin contar con que Leticia le diera una patada en los bajos. Federico se retorció, pero sacó una navaja de su bolsillo. Leticia se arrastró hasta la cocina, sacando rápidamente un cuchillo de los gabinetes y amenazando a Federico con él.

—¡Para atrás!— le gritó Leticia y Federico la miró con malicia.

—A ver, apuñálame si eres tan valiente. A ver hazlo, a ver si después Michelangelo te perdona la vida.— le dijo y Leticia dudó. Y con esa duda, Federico aprovechó de atacar.

Leticia logró retroceder a tiempo, pero eso no evitó que Federico le cortara el hombro y uno de los tirantes del vestido. Gina se acercó y le arrojó un jarrón, que si Leticia no se agacha, le da de lleno en la cabeza. El jarrón se estrelló contra los gabinetes de cocina y se hizo pedazos que cayeron sobre Leticia. Federico la agarró del cuello, quitándole el cuchillo y la arrastró sobre los trozos del jarrón roto. Sin embargo Leticia tomó uno de los cristales y se lo clavó a Federico en el hombro, haciéndolo gritar de dolor. Ella lo golpeó varias veces para quitárselo de encima y logró escapar de Federico. Pero notó que Gina la veía con burla. Laureem no estaba en la sala. Leticia intuyó lo que pasaba y corrió escaleras arriba hacia la habitación de Miguel Ángel, empujando a Gina al suelo cuando trató de evitarlo.

El llanto de Miguel Ángel le confirmó que algo horrible ocurría. Teresita le rogaba a Laureem que no le hiciera daño, pero no se atrevía a ponerle una mano encima. No a la Cuarta y Mimada de los Baorrounotti. Laureem empujó a Teresita, haciéndola golpearse la cabeza con fuerza y acercó una navaja al cuello del bebé.

—Llora pequeño bastardo. Llora porque es lo último que harás en ésta vida. Y recuerda pedir que en tu próxima vida tu madre no sea una p***a capaz de creerse lo más grande del mundo.—

En eso, Leticia le estrella un jarrón en la cabeza, desmayándola en el acto. La sacó de la habitación a rastras y cerró la puerta, pasando los 4 seguros de seguridad, haciendo que fuera imposible que alguien la abriera. Federico subió las escaleras histérico al ver a su madre haciendo el drama de que le dolía la cadera porque Leticia la había arrojado por las escaleras, encontrando a Laureem inconsciente en la puerta. Pero cuando quiso arremeter contra la puerta, algo lo detuvo. Notó lo que Laureem no: las runas en todo el marco de la puerta y la cruz colgada con la bolsita. Un escalofrío le recorrió la espalda. Michelangelo no era tan creyente para colgar una cruz en la puerta. Solo había una persona cuya habitación siempre tenía runas y una cruz colgada en la puerta.

—Mal****ón...— masculló entre dientes.

Lo sabía. Esa habitación era de su sobrino. Pero a quien habían subido allí era al bebé. No podía comprenderlo. Pero algo estaba claro. Habían llamado Bastardo a un hijo de Michelangelo. Y eso les podía costar la vida. Intentó abrir la puerta con desesperación pero una mano en su hombro lo detuvo. Federico palideció. Era Michelangelo.

De regreso en la sala, Gina afirmaba que Leticia había atacado primero, que la golpeó a ella, a Laureem y apuñaló a Federico.

—Michelangelo, mira lo que esa mujer ha hecho, ¿Cómo puedes permitir que esa z***a nos ataque y quedarte tan...— pero antes de que siguiera, Michelangelo le cruzó la cara de una bofetada que hizo palidecer a todos los presentes.

—Como habrás notado ya, te acabo de perder la última pizca de respeto que te tenía. Ésto merece una visita con honores al galpón... Pero no tengo tiempo. Llamen tres ambulancias.— dijo y los guardias obecedieron.

—Pero Michelangelo, esa mujer nos atacó.—espeta Federico casi en pánico.

—Claro, y yo soy un idiota, ¿No?—

—Hermanito, por favor hermano no puedes hacernos ésto.— ruega Laureem y trata de arrastrarse hasta sus pies. Pero él amenaza con patearla.

—Que sea la última vez que ustedes tres pisan mi casa o siquiera el mismo sitio donde mi esposa y mi hijo estén. Y a mí papá díganle que sí se atreve a decir algo, también tengo balas para él— les dijo.

Michelangelo tomó una pistola y les disparó en las piernas a los tres. Luego mandó a que los arrojaran afuera a esperar las ambulancias.

—De los graciosos que dejaron entrar a esos tres me ocupo más tarde.— dice Michelangelo y más de un guardia tiembla.

Se levantó de su silla y subió las escaleras a la habitación de Miguel Ángel. Aún Leticia y Teresita estaban dentro. Michelangelo tocó en clave y Teresita trató de abrir, pero Leticia lo impidió. Michelangelo tocó tres veces más con la misma clave y sólo entonces Leticia dejó que Teresita le abriera la puerta. Cuando Michelangelo la vió, Teresita tenía un parche con sangre en un costado de la cabeza. Teresita le hizo una reverencia y salió de la habitación. Michelangelo entró y Leticia estaba sentada en el suelo, aún temblando, con el bebé dormido entre sus brazos. El kit de emergencia de Miguel Ángel estaba cerca de ellos, aún abierto y faltaban ya algunas cosas. Michelangelo se arrodilló al lado de ambos. Leticia abrazó a Miguel Ángel contra su pecho, lágrimas formándose en sus ojos. Michelangelo se acercó más y los rodeó a los dos con los brazos. Sólo entonces Leticia se permitió llorar. Michelangelo intentaba consolarla y besaba su cabello y sus manos.



#2450 en Fantasía
#505 en Magia

En el texto hay: comedia, drama y secretos, curación y magia

Editado: 02.08.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.