Dandelion aparece en Milán poco después de salir del Reginato y se acerca a la puerta de la casa. Toca y Rosita le abre dedicándole una mirada de duda.
—Buenas tardes jovencito, ¿Qué puedo hacer por usted?— le dice Rosita con cautela, sin querer admitir que el niño frente a ella era de sumo precioso.
—Buenas tardes señora, quisiera hablar con el señor Baorrounotti. Me envían del Reginato a darle buenas nuevas.— dice con una sonrisa.
—No sabía que los Híbridos predicaran. Rosita, déjale pasar. Bienvenido Dandelion.— le dice Michelangelo con el bebé en sus brazos.
Dandelion entra a la casa y se acerca a la sala, dónde Leticia lo mira con expresión confundida. Él llega y hace una reverencia delante de Michelangelo, luego le besa un piecito al bebé, inquieto y feliz de verlo allí.
—No era mentira que su Alteza es súper mono en ese estado. ¿Usted es la madre de su Alteza? Es un honor conocerla.— dice y también hace una reverencia delante de Leticia.— Lord Mathías, le traigo el mensaje que tenía ya un mes esperando poder darle. Se logró. Ésta tarde logramos capturar a Dion Agnel y el Regente está preparando su deportación. Quedó atrapado en el tótem de energía sagrada y hechizos de retención que Su Alteza y el Hechicero hicieron. Se logró, mi Lord. Dion ya no es un peligro para su Alteza.—
Michelangelo cerró los ojos con fuerza y asintió con una sonrisa. El bebé finalmente se lanzó hacia Dandelion y él se sentó en el piso. Leticia se cubrió la boca, feliz, pero en cierto modo lamentándose. Sabía que ahora sí se llevarían a Miguel Ángel de su lado.
—No soy digno de cargarlo, Alteza.— dice Dandelion desde el suelo, pero el bebé sigue lanzándose hacia él.
—Parece que no le interesa eso.— dice Michelangelo sonriente. Lo deja en el piso frente a Dandelion y el bebé gatea hasta subirse sobre él.— Cuídalo, ya regreso.—
Le hizo una señal a Leticia y ella asintió. Un “Relájate, no tengas miedo” disimulado. Subió las escaleras a su habitación y llamó a Karim. Él estaba sobre Samuel, proporcionándole caricias subidas de tono mientras él texteaba algo en su teléfono rápidamente, antes de que Karim se pasara de la raya y ya no pudiera resistirlo. Karim contestó el teléfono dedicándole una sonrisa coqueta a Samuel.
—Hola hermano, háblame, ¿Qué pasó?—
—¿Tienes a alguien cerca de la base de Dion?— le pregunta Michelangelo.
—Si. Me informan que hace menos de media hora salió hace el Reginato.—
—Bueno, háblale a Samuel ya mismo y dile que movilicen a los hombres allá. Captúrenlos a todos. Oigáse bien. “CAPTURAR”. Verifica al final que no falte ninguno.—
—No te apoyo, pero ya le marco a Samuel.—
—Sí, claro, debe ser que yo soy idiota y no sé que están los dos juntos en la base. Te salvaste de que no tuve tiempo de hablar contigo al respecto.— Karim palideció.
—Ah, yo, yo, yo puedo explicarlo Michel'—
—Ay ya cállate. Haz lo que te digo y después siguen con lo suyo. De todos modos lo veía venir.—
—... ¿Qué?—
—¡J***r Karim! ¡Haz lo que te digo hombre!— exclamó y Karim dió un salto. Luego se recompuso, pero ya Michelangelo había colgado.
Samuel se levantó rápidamente de la cama dónde estaba para ver qué había pasado.
—¿Karim? ¿Está todo bien?—
—Dice Michelangelo que mandemos a atacar la base de Dion y capturar a los que estén allí. Qué cuidemos que no falte nadie...— dice apenas sopesando lo ocurrido.
Samuel levantó su teléfono y ordenó la movilización. Karim también. Al colgar, seguía consternado. Samuel se acercó y le besó la cara.
—¿Qué pasó?—
—Lo sabe, Samu'. Él lo sabe. Sabe que estamos juntos. Posiblemente sepa desde hace cuánto... Dijo que debíamos hablar al respecto... No sé cuando se enteró... Pero... Parecía muy tranquilo al respecto... No había rabia en su voz al decirlo, sino ironía. Que lo veía venir dijo... Yo, no logro entender...— dijo y las manos le temblaron. Los dedos de sus pies empezaron a moverse sin control y su respiración se volvió más rápida. Samuel le tomó las manos rápidamente y lo abrazó contra sí.
—Karim, Karim, amor mío, cálmate. Por favor mírame. No pasa nada. Te amamos Karim. Eso es todo lo que pasa. A tu hermano no le importa que me ames a mí. Conociéndolo como lo conozco desde hace 12 años, el Jefe no va a tratarte mal por ésto. Karim, cálmate por favor.— le dijo susurrando en sus oídos.
Samuel no lo sabía, pero Karim ya no lo podía ver. Habían luces y sombras danzando en sus ojos, formas que al principio parecían sólo manchas y luego rostros humanos perturbadores. Samuel lo abrazó contra sí y le puso una pastilla en los labios mientras le hablaba suavemente y le servía agua. Le dió el agua en la boca, sin que Karim lo soltara en ningún momento. Finalmente Karim se relajó y las alucinaciones fueron desvaneciéndose rápidamente. El rostro de Samuel volvió a aparecer en sus ojos y Karim lo besó. Samuel le correspondió mirándolo con ternura.
—¿Quieres que te prepare algo de comer?— le dice Samuel aún con sus labios cerca de los de él.
—De comer si quiero, pero no exactamente comida... ¿Quieres oír qué quiero?—
—Creo saberlo... Y también puedo dártelo con mucho gusto, mi querido loquito.— dijo y sus manos bajaron disimuladamente a las caderas de Karim.
—Por eso me encantas, no tienes idea de cómo te amo, mi gorila manos largas.—
Cuando Michelangelo volvió a la sala, Dandelion jugaba con Miguel Ángel y un carrito, mientras Leticia servía té y galletas para ambos.
—¿Incluso siendo bebé toma té?— pregunta Dandelion ladeando la cabeza.
—Te sorprenderías, Dandelion. Ven Miguel Ángel.— dice Leticia extendiendo los brazos.
Miguel Ángel empezó a gatear hacia Leticia mientras iba balbuceando algo, pero iba directamente a la mesa otra vez. Dandelion lo detuvo en el acto y lo quedó mirando.
—¿Su Alteza tiene miopía? Pareciera que no vió la mesa.— dice Dandelion dejándoselo a Leticia en los brazos.