Apostando tu amor

Capitulo 1

CAPITULO 1

¿Mi nombre? Tan sencillo como decir Jennifer. No es impresionante, no suena imponente ni poderoso. Me lo repetía siempre, y no solo yo. La gente a mi alrededor siempre decía que no había nada especial en mí.

Mi día a día se basa en ir a la universidad y regresar. Pocos amigos y ningún interés romántico, pero no me quejo. Me gusta la vida que llevo y cómo la he manejado hasta ahora...

Otro día inicia. Me levanto temprano, miro hacia la nada por un par de minutos y me preparo para otro día de caos en donde estudio. Corro hacia el baño para lavarme la cara, me saco la ropa de dormir para vestirme con lo que llevaré hoy y finalmente bajo las escaleras para tomar mi desayuno.

Algo nada complicado: agarro el pan que sobró de anoche y salgo de mi pequeño departamento a la otra orilla de la ciudad. Subo a mi auto y, aunque a veces parece que se quedará varado a medio camino, me costó mucho conseguirlo, así que no quiero cambiarlo, al menos por ahora.

Mientras Camino por los pasillos de la universidad, divago un poco sobre mis actividades durante el día. Pienso que clase tomaré después de otra y así continuamente.

— ¡ Jenn!

Escucho que alguien me llama por detras y me encojo al suponer de quien puede tratarse. Sigo caminando, tratando de ignorar el hecho de que me está llamando la persona con la que más adoro compartir mi espacio, pero al mismo tiempo no...

Para mí mala suerte unos cuantos pasos después, dicha persona me ha alcanzado y coloca una mano firme sobre mi mochila, impidiendome seguir andando.

— Jennifer, enserio ¿Porqué siempre tengo que ir detrás tuyo? Cómo odio que me ignores.

Me giro. Es Allison, por supuesto. Con su cabello perfectamente planchado y a medio recoger con un par de pasadores. Impecable como siempre, como si no hubiera corrido media universidad
solo para alcanzarme.

— No te ignoro, solo... estaba en modo automático. — murmuro.

— Si claro modo automático — responde poniendo los ojos en blanco.

Ella me gira con ambas manos y empieza a empujarme por los hombros.

Atravesamos los pasillos de "Los populares" sintiendo las miradas de Dante y su grupo de amigos sobre nosotras.

Los ignoro como siempre, al fin y al cabo, solo son recipientes vacíos. Gente que solo vale por la ropa que lleva puesta, por cuántos likes tiene su última foto o por con quien se le vio el fin de semana. Si les quitas el dinero, el auto y la chaqueta de marca, no queda nada.

Sin embargo, cuando me dispongo a girar la cabeza nuevamente para mirar hacia el frente, noto algo que jamás en mi vida me habría imaginado.

Dante me está sonriendo. No era su sonrisa burlona de siempre, esa que usa cuando quiere que todos se rían de alguien. Esta era distinta. Una que no encajaba para nada con su personalidad.

Allison me empujó un poco más fuerte cuando notó que me quedé anclada al suelo, pero no le hice mucho caso. Di una vista rápida al resto del grupo popular y me dí cuenta que todos nos veían con interés. No me refiero al interés habitual para juzgar a alguien. Esto era completamente distinto.

Fueron pocos segundos, pues cada uno empezó a moverse para ir a clase.

Frené el empujón que Allison todavía intentaba darme para que me moviera con las puntas de mis tennis.

— Ally ¿Nos estaban mirando? — le pregunté sin girarme, aún con la vista clavada en el lugar donde habían estado antes.

— ¿Qué? ¿Quiénes? — dijo ella, parpadeando como si acabara de volver a la tierra.— No ví nada, yo solo quiero que lleguemos temprano a clases. Ya camina.

Solté un suspiro antes de empezar a caminar por mi cuenta.

— Tienes razón no es nada importante. — dije en voz baja , dando una última mirada mientras sujetaba la correa de mi mochila con fuerza.

¿Qué tenía el destino en mi contra ese día?

No lo sé.

Allison entró primero, justamente cuando el timbre sonó. Cuando intenté entrar el profesor me miró con cara de pocos amigos antes de negar con la cabeza.

Volví a suspirar.

Me dí la vuelta con resignación. Era mi tercer retardo y eso significaba qué tendría que cumplir con un castigo. Caminé a la oficina de dirección pensando en que me haría perder mi tiempo libre de la tarde.

— ¿Limpieza de aulas? — repetí, mirando a la secretaría. — Pero eso toma mucho tiempo, es casi toda la tarde. ¿No hay algo más? No sé, quitar carteles, poner carteles, cargar libros.

— Cariño, si hubiera querido darte opciones, te habría dado opciones. — respondió la mujer sin levantar la vista del monitor.

Suspiré ya por tercera vez.

Tomé el papelito amarillo y lo guardé dentro de mi mochila como si eso hiciera que desapareciera.

La puerta del aula que me tocaba limpiar estaba entreabierta. Empuje el trapeador como si fuera una espada, lista para pelear contra el polvo de toda la semana.

Y ahí estaba él.

Sentado sobre uno de los pupitres, con las mangas arremangadas y sosteniendo otra escoba como si no supiera para que servía.

Levantó la vista en cuanto entré y sonrió.

— Parece que tú también llegaste tarde.— dijo.

Le dediqué una media sonrisa, de esas que salen cuando no sabes que decir, o cuando la situación es tan absurda, que parece una broma de la vida.

— Soy Dante por cierto. Supongo que seremos compañeros de condena.

Dante.

Repetí su nombre en mi mente. Se presentó como si su nombre no recorriera los pasillos, como si no fuera el popular de la escuela.

Todo pasó tan rápido que parecí olvidar la pose tan absurda en la que me encontraba. Bajé el trapeador lentamente apoyándome sobre el.

— Ah sí, yo soy...

— Jeniffer — interrumpió.

Así que me conocía...

— Si, así es. — asentí lentamente, mirando alrededor del aula, examinando un poco lo que había que limpiar. — ¿Sabes cómo se usa eso?

Señale la escoba en su mano.

Dante me miró y luego miró el objeto en su mano con extrañeza.




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