Interludio
—¿Y bien? —preguntó uno de los chicos, apenas lo vio acercarse—. ¿Cómo va tu gran conquista?
Él dejó caer su mochila sobre la banca y sonrió.
—Primer día.
—¿Y?
—Tenemos castigo juntos mañana.
Sus amigos se miraron entre ellos.
—Eso no responde la pregunta.
Él soltó una risa.
—Digamos que ya conseguí que me recuerde.
—¿Cuánto tiempo le das?
Él levantó tres dedos.
—Tres semanas.
—¿Tres semanas para enamorar a Jennifer? — se miraron asombrados entre ellos.
—Exactamente.
—Estás loco. Esa chica te odia.
Su sonrisa se hizo más grande.
—Entonces tendré que conseguir que cambie de opinión.
Los demás comenzaron a reír.
Él también.
Para ellos solo era una apuesta.
Un juego.
Ninguno imaginaba que, para cuando terminara aquel juego, él ya no estaría intentando ganar.