Apostando tu amor

Capitulo 4

Cuando los primeros vestigios de luz se asomaron por las ventanillas, desperté lentamente. Me dolía absolutamente todo debido a la posición tan incómoda en la que me había quedado dormida.

Intenté estirarme, pero un pequeño quejido escapó de mis labios al sentir la rigidez de mi espalda.

—Genial... —murmuré, llevándome una mano al cuello.

Por unos segundos no recordé dónde estaba. Parpadeé varias veces antes de mirar a mi alrededor y la realidad volvió de golpe.

Claro, estábamos en la biblioteca, habíamos pasado toda la noche encerrados aquí.

Giré la cabeza en busca de Dante. Lo encontré dormido a unos metros de distancia, apoyado contra una de las estanterías, con los brazos cruzados sobre el pecho.

Lo miré un par de segundos antes de incorporarme con cuidado en la silla y observé la hora en mi teléfono.

—Las siete...

Mi estómago se revolvió al pensar en todo lo que me esperaba al salir de allí.

Perfecto... Una noche sin dormir, dolor de espalda y, probablemente, una explicación bastante difícil de dar.

Me levanté, apoyándome en una de las estanterías para lograr sostenerme, cuanto estuve completamente erguida, una punzada me recorrió la espalda y tuve que quedarme quieta unos segundos.

—Ay...

Definitivamente, dormir en una silla había sido una pésima idea.

Tomé mi mochila y miré hacia Dante, seguía profundamente dormido, completamente ajeno al hecho de que en pocos minutos comenzarían a llegar los estudiantes.

Me acerqué, lentamente hacia él... Sufriendo con cada paso que daba debido al dolor.

—Dante. — dije despacito, pero el no respondió.

—Dante —repetí, dándole un pequeño toque con el pie en el zapato. —Vamos, despierta. Ya casi van a abrir la biblioteca.

Dante abrió un ojo con dificultad y me miró, todavía medio dormido.

—¿Ya es de día?

—No, seguimos en medio de la noche y decidí despertarte por diversión.

Frunció el ceño, claramente demasiado adormilado para captar mi sarcasmo.

— Qué graciosa, Jenn...

Sonreí, aprovechando que estaba lo suficientemente perdido como para notarlo.

—Levántate. Si nos encuentran aquí cuando empiecen las clases, tendremos que explicar por qué pasamos la noche encerrados.

Dante se incorporó lentamente y se pasó una mano por el cabello, despeinandolo aún más mientras se estiraba.

—Definitivamente necesito una cama.

—Créeme, yo necesito un masaje. — me encogí un poco al sentir otra punzada de dolor en el cuello.

Él terminó de incorporarse y me miró de arriba abajo, una sonrisa lenta apareció en su rostro.

—Puedo darte uno.

Lo miré con los ojos entrecerrados.

—Ni lo sueñes.

—¿Por qué? —preguntó con la misma sonrisa ladeada—. Soy bastante bueno con las manos.

— No lo dudo campeón, pero no vas a poner tus manos sobre mí y menos en esta situación, si alguien entra y ve eso nos matarán.

— Entonces... Si fuera otro el caso ¿Si me dejarías? — me guiñó un ojo juguetón.

— No fue eso lo que dije tarado.

Suspiré, por un momento llegué a pensar que quizá Dante era un poco diferente de lo que siempre había creído.

Qué equivocada estaba.

Solo habían hecho falta unas horas encerrados juntos para que volviera a ser el mismo idiota de siempre. Y yo que ingenuamente, había empezado a creer que aquella conversación de anoche había mostrado una parte de él que no conocía.

Ignorando su coqueteo, saqué mi teléfono del bolsillo y, después de comprobar que todavía tenía batería, busqué el contacto de Allison.

Necesitaba contarle lo que había pasado antes de que se enterara por alguien más.

Jennifer: Ally, no te asustes, pero tengo un pequeño problema.

Los tres puntos aparecieron casi de inmediato.

Allison: ¿Qué hiciste ahora Jenn?

Fruncí el ceño.

Jennifer: ¿Por qué asumes que hice algo yo?

Allison: Porque te conozco.

Suspiré de nuevo y miré de reojo a Dante, que todavía intentaba acomodarse la ropa después de dormir en el suelo.

Jennifer: Estoy encerrada en la biblioteca por el tonto castigo que me gané ayer.

Tardó unos segundos en responder.

Allison: ¿QUÉ?

Me mordí el interior del labio antes de enviar el siguiente mensaje.

Jennifer: Y antes de que preguntes...Si, Dante está conmigo.

Esta vez la respuesta llegó prácticamente al instante.

Allison: ¿¡QUÉ!?

Jennifer: Tampoco es para tanto, Ally... Recuerda que estamos castigados.

Apreté "enviar" y volví a guardar el teléfono en mi bolsillo para asomarme por la ventanilla de la puerta.

Mi teléfono vibró nuevamente segundos después. Era un audio de Allison.

Sin pensarlo demasiado, presioné reproducir. El volumen estaba más alto de lo que esperaba y su voz resonó por toda la biblioteca.

—¡¿JENN, ESTÁS ENCERRADA CON DANTE?! ¡No puedo creerlo! Bueno, al menos dime que aprovechaste para comprobar si de verdad es tan malo como dices. Aunque, si te quedaste dormida a su lado, espero que no hayas babeado sobre él, porque sería demasiado vergonzoso ¿Se besaron? Se que no es de tu agrado pero es una gran oportunidad para ti, ya que nunca has tenido novio ¿Verdad?

Abrí los ojos de golpe y pausé el audio.

—¡¿Pero qué demonios...?!

Sentí cómo el calor me subía hasta las orejas.

Levanté lentamente la mirada, deseando con todo mi corazón que él no hubiese escuchado.

Claramente , mis plegarias no fueron escuchadas. Dante me observaba desde el otro lado de la biblioteca, claramente entretenido.

—¿Quieres que siga escuchando? —preguntó, señalando mi teléfono.

Me reí, Pero no era una risa común... Era una de esas que salen cuando estás en el momento más incómodo de tu vida y tienes que disimular que no ha pasado nada.

— No es nada importante.... — miré hacia todas partes menos hacia él.

—¿No lo es? A mí me pareció bastante divertido. — se acercó a mí unos cuantos pasos.




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