Apostando tu amor

Capitulo 5

Cap #5

Pasé el día pensando en cómo resultaría aquella invitación a almorzar. Sin darme cuenta, me mordí las uñas mientras intentaba imaginar qué podía haber detrás de todo aquello.

Estaba nerviosa, aunque no sabía exactamente por qué. Supongo que tenía más que ver con la compañía que tendría que con el almuerzo en sí.

—¿Qué crees que quieran, Ally?

Le pregunté a mi mejor amiga, quien me miró con desconcierto. Por supuesto, no le había contado que me habían invitado a almorzar con ellos.

—¿Quiénes, Jenn? ¿Estás bien? —preguntó con su habitual inocencia.

Negué con la cabeza, intentando restarle importancia al asunto.

—Ally... hoy no almorzaré contigo, ¿está bien?

Allison se giró de golpe y me miró como si acabara de decir la peor cosa del mundo.

—¿No almorzarás conmigo? ¿Por qué? ¿Acaso Dante te invitó a almorzar?

Me dio un golpecito juguetón con el hombro, acompañando sus palabras con un tono claramente atrevido.

Puse los ojos en blanco y solté una pequeña risa ante lo absurdo de su ocurrencia. Aunque, pensándolo bien, tan absurda no era. Después de todo, la invitación no había salido directamente de él, pero básicamente estaría almorzando con junto a él.

—Bueno... verás —empecé a decir—. Los chicos me invitaron a almorzar con ellos y, la verdad, todo esto es tan extrañamente anormal que les dije que sí.

Allison dejó escapar algo parecido a un gritito, aunque consiguió contenerlo a tiempo para no ganarse un regaño del profesor.

—¿Qué repampanos estás diciendo? —susurró, aunque su voz subió un par de tonos.

Tuve que darle un leve pellizco en el brazo.

—Shhh... vas a hacer que nos miren. No es para tanto, solo es un almuerzo. Necesito saber qué traman esos idiotas.

Golpeó mi hombro con el suyo, claramente indignada porque la hubiera mandado a callar, pero después pareció quedarse pensando en algo y no volvió a tocar el tema.

El resto de las clases transcurrió con normalidad. De vez en cuando, Ally me lanzaba esas miradas suyas que prácticamente gritaban: «Quiero preguntarte algo, pero no me atrevo». Yo fingía no darme cuenta, aunque conociendola sabría que tarde o temprano terminaría por preguntar.

Y no me equivoqué.

Cuando llegó la hora del almuerzo, me detuvo antes de que pudiera marcharme y finalmente hizo la pregunta que, por sus miradas durante las últimas horas, llevaba rato atormentándola.

—¿Puedo comer con ustedes también?

Añadió esa carita suya de «por favor», mirándome con unos ojos de cachorro que sabía perfectamente que era difícil ignorar.

—¿Qué? ¿Por qué?

La miré sorprendida, en parte por la pregunta y en parte porque no entendía de dónde había salido aquel repentino interés por el grupito de los populares.

En respuesta, se encogió de hombros.

—Solo... pienso que sería muy trágico dejar que mi pobre e indefensa amiga esté sola con ellos —acompañó toda aquella palabrería con una fingida expresión de preocupación, digna de cualquier telenovela.

Era una pésima actriz, por cierto.

En fin, terminé aceptando, aunque no sin antes suplicarle que, por favor, no dijera nada comprometedor o vergonzoso como todas las tonterías que había parloteado en aquel audio de la mañana.

Allison se llevó una mano al pecho, fingiendo estar ofendida.

—Jenn, me lastimas. ¿Cuándo he dicho algo vergonzoso?

La miré en silencio durante un par de segundos.

—No respondas, ya entendí —murmuró ella, conteniendo una sonrisa.

Asentí, satisfecha de que, al menos por una vez, hubiera comprendido el mensaje.

Llegamos a la cafetería y busqué con la mirada a los chicos. No fue difícil encontrarlos; destacaban bastante entre el resto de los estudiantes. Nos acercamos con paso lento y, si hubiera podido, probablemente habría dado media vuelta y salido corriendo en cuanto los vi, pero todo esto era por una causa mayor: necesitaba descubrir qué demonios tramaban.

Allison me apretó ligeramente el brazo mientras avanzábamos.

—¿En serio estamos yendo con ellos, Jenn? —dijo en voz bajita, entre la emoción y los nervios—. Siento que voy a desmayarme si no me sujetas con fuerza.

La miré de reojo.

—Por favor, intenta no hacerlo. No pienso cargarte hasta la enfermería.

Maximiliano fue el primero en levantarse y, con un gesto que parecía de todo menos caballeroso, nos indicó que nos sentáramos.

—Vaya, señoritas... están muy guapas hoy.

Me habría encantado tomarle una foto a la expresión que puso Allison en cuanto escuchó aquellas palabras. Sus ojos se abrieron ligeramente y, por un instante, pareció olvidarse hasta de respirar.

Yo, en cambio, solo pude pensar que aquello era una estupidez y un intento bastante pobre de adularnos. Aunque, por la reacción de Allison, parecía que a ella no le había parecido tan malo.

Apreté los labios en un débil intento por sonreír y recorrí la mesa con la mirada, primero hacia Leonardo, luego hacia Adrián y, por último, hacia Dante. Él me miró de vuelta y sonrió, como si acabara de descubrir algo divertido en mi expresión.

Era un maldito. Si no fuera por esa arrogancia suya, que se notaba a kilómetros de distancia, quizá... solo quizá, no me desagradaría tanto.

Pero ¿en qué rayos estaba pensando?

Sacudí ligeramente la cabeza para alejar aquella absurda idea, salí de mi ensimismamiento y finalmente tomé asiento.

Adrián se inclinó ligeramente hacia mí y, en un susurro, me preguntó si ya sabía qué iba a comer. Antes de que pudiera responder, empezó a repasar el menú del día con una seriedad que no parecía corresponder con lo que estaba diciendo.

—Hay espaguetis con bolas de carne, una cosa café de dudosa procedencia y... tarta de manzana.

Lo miré, tratando de decidir si aquello era realmente el menú de la cafetería o una advertencia para mantenerme alejada de ella.

Definitivamente, la tarta de manzana parecía la opción más segura.




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