Aposté por tu corazón

CAPÍTULO 1

El ruido de la cafetería de la universidad era el mismo de siempre: conversaciones mezcladas, el sonido de bandejas chocando y alguien riéndose demasiado fuerte en alguna mesa cercana.

Sofía apenas prestaba atención a todo eso.

Estaba sentada sola, con su jugo casi intacto frente a ella, mientras revisaba algo en su teléfono. De vez en cuando levantaba la vista, observando a las personas que pasaban, pero sin realmente interesarse en ninguna.

Prefería así las cosas.

Menos drama.

Menos problemas.

Mientras tanto, en una mesa no muy lejos de ahí, un grupo de chicos hablaba entre risas.

—Te digo que podrías intentarlo con cualquiera —dijo uno de ellos, recostándose en la silla—. Nunca te rechazan.

Thiago soltó una pequeña risa.

—Porque sé elegir bien.

—O porque tienes demasiada confianza —respondió otro.

Las bromas continuaron por unos segundos, hasta que uno de ellos miró alrededor de la cafetería.

Entonces señaló discretamente hacia otra mesa.

—¿Ves a esa chica?

Thiago siguió la dirección de su mirada.

La vio casi de inmediato.

Sofía estaba sentada sola, mirando su teléfono con una expresión tranquila, como si todo lo que pasaba a su alrededor no tuviera nada que ver con ella.

—¿Y qué pasa con ella? —preguntó Thiago.

—Esa sí sería imposible.

Thiago levantó una ceja.

—¿Imposible?

—Nunca habla con nadie —explicó su amigo—. Nadie la ha visto salir con algún chico.

Thiago volvió a mirarla.

Por un momento, solo observó cómo ella acomodaba un mechón de su cabello detrás de la oreja sin levantar la vista del teléfono.

Luego sonrió ligeramente.

—No creo en los imposibles.

Sus amigos se rieron.

—Claro que no.

—Entonces demuéstralo.

Thiago apoyó los brazos sobre la mesa.

—¿Qué quieres decir?

—Haz que se enamore de ti.

Hubo un pequeño silencio.

Luego alguien agregó:

—Si lo logras… ganas la apuesta.

Thiago volvió a mirar hacia la mesa de Sofía.

Ella seguía completamente ajena a la conversación.

Ni siquiera había mirado en esa dirección.

Él sonrió de lado.

—Está bien —dijo finalmente—.

Sus amigos se inclinaron hacia adelante, interesados.

—Acepto.




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