Thiago no volvió a ver a Sofía ese día.
O al menos no de cerca.
En una ocasión creyó reconocerla al otro lado del patio de la universidad, caminando con un par de libros en las manos, pero cuando intentó acercarse ya había desaparecido entre la gente.
Eso solo hizo que sonriera.
No estaba acostumbrado a que alguien fuera tan difícil de alcanzar.
Al día siguiente, llegó temprano a la universidad.
Demasiado temprano para su propio gusto.
—¿Desde cuándo madrugas? —preguntó Marcos, dejándose caer en la silla frente a él en la cafetería.
Thiago se encogió de hombros.
—No siempre.
—Claro.
Marcos lo miró con una sonrisa sospechosa.
—No tendrás algo que ver con cierta apuesta, ¿verdad?
Thiago tomó un sorbo de su café.
—Solo estoy adelantando trabajo.
—Sí, seguro.
Antes de que pudiera responder, vio a alguien entrar a la cafetería.
Cabello largo.
Mochila clara.
Y la misma expresión tranquila de siempre.
Sofía.
Thiago se levantó de la mesa sin decir nada más.
—Ahí va —murmuró Marcos, divertido.
Sofía estaba esperando su turno en la fila cuando alguien se colocó a su lado.
No necesitó mirar para notar su presencia.
—Buenos días —dijo una voz familiar.
Sofía giró la cabeza.
—Ah, eres tú.
Thiago fingió una expresión ofendida.
—¿"Eres tú"? Esperaba algo más cálido.
—Buenos días, Thiago —dijo ella con tono neutral.
—Mucho mejor.
Hubo un pequeño silencio mientras la fila avanzaba.
—¿Siempre vienes tan temprano? —preguntó él.
—Cuando tengo clases temprano, sí.
—Qué coincidencia.
Sofía lo miró de reojo.
—¿Coincidencia?
—Yo también tengo clase temprano.
Ella no respondió.
Cuando llegó su turno, pidió un café y pagó.
Thiago pidió algo también, pero su atención seguía en ella.
Cuando Sofía tomó su vaso y empezó a caminar hacia una mesa, él la siguió.
—¿Puedo sentarme?
Sofía lo miró unos segundos.
Luego señaló la silla frente a ella.
—No puedo detenerte.
Thiago se sentó con una sonrisa.
—Eso lo tomaré como un sí.
Sofía dio un pequeño sorbo a su café.
—¿Siempre hablas tanto?
—Solo cuando estoy con alguien interesante.
Ella levantó la mirada.
—No sé si eso fue un cumplido o una excusa.
—Un poco de ambos.
Sofía negó suavemente con la cabeza.
—Eres extraño.
Thiago apoyó el brazo sobre la mesa.
—Y tú eres difícil.
—No lo soy.
—Un poco sí.
Hubo un momento de silencio entre los dos.
Sofía observó a las personas caminando por la cafetería.
Luego volvió a mirarlo.
—¿Por qué hablas conmigo?
Thiago sonrió.
—Porque quiero conocerte.
Sofía sostuvo su mirada unos segundos.
Como si estuviera intentando descubrir algo.
Finalmente suspiró.
—Eso es sospechoso.
—¿Sospechoso?
—Sí.
—¿Por qué?
Sofía apoyó el vaso sobre la mesa.
—Porque las personas no suelen querer conocerme así de la nada.
Thiago se inclinó un poco hacia adelante.
—Tal vez soy la excepción.
Ella lo observó en silencio.
Luego tomó su café y se levantó.
—Tal vez.
Y sin decir nada más, se fue.
Thiago la vio alejarse otra vez.
Esta vez su sonrisa fue más grande.
Definitivamente…
Sofía no era como esperaba.
Y eso hacía todo mucho más interesante.
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Editado: 12.03.2026