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TODO PUEDE CAMBIAR... Y NO SER DEL TODO MALO.
Willow Creeks Children’s Home
- Jonah -

El día está raro.
Desde hace bastante tiempo, he visto entrar y salir a distintas personas de este orfanato, adultos y niños. Muchos adultos han venido a visitarme, pero ninguno de ellos me ha llevado a su casa. Mi peor miedo es que ninguna familia quiera adoptarme, ¿qué pasa con los niños que nadie nunca adopta? Tuve esa conversación varias veces con la Srta. Trainor, ella simplemente me pedía ser paciente, pero hoy... hoy siento un ambiente diferente, como si algo en el interior me alertara…
No es como cuando vienen personas a ver niños… Esos días siempre hay ruido, las cuidadoras apurándonos, diciendo que tengamos siempre una sonrisa, que nos veamos bien y presentables. Hoy no. Hoy todo está más… callado.
Como cada día, yo estoy sentado en la mesita de mi alcoba, dibujando. Mis dibujos están por todos lados en las paredes de la habitación, muchos de ellos son de autos, animales, juguetes… Hoy no es nada especial, solo líneas… Una casa, creo. O algo parecido.
Escucho pasos provenientes del pasillo. Acostumbrado al ruido de otros niños corriendo, gritando, así que no corro a ver. Miro un par de segundos la puerta, y pienso que casi nadie se queda mucho tiempo, y si llega a ser un adulto queriendo adoptar, no me escogerá a mí así que por mi bien, no me emociono. Pero… Hay algo en esos pasos, no suenan igual… Son más lentos. Como si la persona no tuviera prisa.
Dejo mi lápiz sobre la hoja de papel y escucho con atención.
Alguien llama a la puerta, me levanto en un salto, me dirijo a abrir, y cuando la puerta se mueve, logro ver a un hombre joven, de un porte impresionante, me da una primera impresión terrorífica. No sonrío. Él tampoco, los adultos casi siempre sonríen cuando nos ven, aunque sea falso. Él no. Solo… me mira.
Bajo la mirada y voy de nuevo a la mesita, el hombre se acerca. Sus zapatos suenan fuerte en el piso. Limpios. Me percato que todo en él se ve… ordenado.
Se detiene frente a la mesa… Y yo espero.
— Buenos días, ¿Jonah? — pregunta para saber si es mi nombre — ¿Qué estás dibujando?— su voz es baja… no como la de los demás. Tiene un efecto sorprendentemente tranquilo.
— miro mi hoja — No sé… — me encojo de hombros — Creo que es una casa. Levanto la vista, pero no mucho. Solo lo suficiente para verlo rápidamente — Pero no se parece.
— Es un placer, jovencito. Mi nombre es Conrad Griffin — toma una de las sillas pequeñas de madera que hacen juego con la mesa, se sienta a mi lado y observa. De inmediato me doy cuenta que es un hombre muy joven, muy apuesto, limpio y tiene una actitud inquebrantable. Levanta las cejas y sigue mirando mi mano mientras sigo haciendo trazos sobre el papel — Es impresionante — señala el dibujo — ¿Por qué crees que no parece una casa?.
— me quedo quieto un momento. No dejo de dibujar, pero ya no estoy pensando tanto en la hoja… sino en él. Nadie se sienta así conmigo. Los adultos normalmente hablan rápido… o se van. Él no. Aprieto un poquito el lápiz — Porque… — hago una línea más, pero me sale chueca — Las casas tienen que verse… como casas — frunzo un poco el ceño, como si eso tuviera sentido — Con puertas bien… y ventanas iguales… — hago un cuadrito, pero no queda centrado — Y esto no… — me detengo. Miro el dibujo, luego a él, pero solo un segundo — No tiene sentido — bajo la voz, más bajito — Parece que está mal hecha — mis dedos se quedan quietos sobre el papel — O… incompleta.
— Ninguna casa luce como un cuadrado con ventanas y puertas perfectas — esboza una leve sonrisa — Pero es curioso que creas que no parece una casa.
— levanto la mirada un poco más esta vez. No sonríe como los demás… pero eso que dijo me hace pensar. Miro otra vez mi dibujo — En la tele sí… y en los libros — paso el dedo por una de las líneas, como si pudiera arreglarla así — Ahí todas son iguales — me quedo en silencio un segundo. Luego lo miro otra vez, un poquito más directo — Las de verdad, ¿no…? — digo, más pensando en voz alta que preguntando — Pero… entonces no sé cómo hacerlas — aprieto los labios, dudando — Si no son así… — señalo el cuadrito mal hecho — ¿Cómo saber cuándo sí es una casa? — lo miro mejor ahora, con curiosidad de verdad — ¿Usted sí sabe?
— Claro, he visto casas muy distintas en toda mi vida, ninguna es igual a las demás — sujeta otra de las hojas de papel de la mesa, con habilidad y trazos sorprendentemente firmes, dibuja varios tipos de casas, todas inician de la misma manera, pero al final, terminan siendo distintas... — Aunque sea por un pequeño árbol junto a la puerta, ninguna es igual que el resto... — me entrega la hoja.
— dejo de mover el lápiz, lo miro con atención genuina esta vez; su mano se mueven con agilidad, sin apuro y con verdadero conocimiento de lo que hace y sin siquiera haber tocado el papel aún. Me inclino, para observar más de cerca, solo un poquito. Al terminar sus trazos, sujeto la hoja, la observo por algunos segundos — Vaya… Todas las inició del mismo modo, pero ninguna terminó siendo igual — digo bajito, siguiendo las líneas con mi dedo — levanto la vista, no sonrío, pero tampoco me siento como siempre — Entonces, ¿usted cree que no importa si se ven mal al inicio? — miro el dibujo que hice antes y que no me gustó — ¿Puedo arreglarlo? — aprieto la hoja, con algo de esperanza.
— Así es, eres muy listo Jonah — posa su mano suavemente sobre mi cabeza, agitando ligeramente mi cabello. Segundos después retira la mano — Noté que no me has mirado bien desde que llegué, no tienes nada que temer — se pone de pie — Pronto tendremos noticias el uno del otro.