Aprender a Florecer

CAPÍTULO V: Todo Lo Que Me Rodea No Deja De Ser Un Dolor De Cabeza.

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JUSTO LO QUE NECESITABA FUE ARRUINADO.

Obsidian Glass House

- Conrad -

El viernes por la tarde tiene un peso distinto en Aura. Cuando el reloj marca las siete, el aire corporativo de las oficinas principales se disipa para dar paso a una tensión más selecta. Apago la pantalla de mi ordenador, guardo las plumas estilográficas en el cajón de caoba y me ajusto los puños del saco morado oscuro. Sé perfectamente cómo va a terminar esta noche. Obsidian Glass House me espera, el santuario arquitectónico de líneas negras y cristales ahumados donde soy el anfitrión de las reuniones más exclusivas y los acuerdos menos públicos de la firma.

Salgo del edificio principal directo al estacionamiento privado, donde Emma y Liam ya me esperan apoyados cerca de mi Mercedes. Ambos pertenecen a firmas aliadas clave para la expansión del próximo trimestre, pero esta noche sus funciones trascienden lo estrictamente financiero.

Observo a Emma mientras me acerco. Es una mujer delgada, de una estatura compacta que no pasa de los 1.65 metros, pero con un porte tan regio y aristocrático que despierta la envidia inmediata de cualquier mujer en la sala. Su cabello castaño cae en ondas perfectas sobre un vestido sastre de seda oscura que delata una elegancia milimétrica.

A su lado, Liam ofrece el contraste perfecto. Con sus 1.76 metros de altura, queda un poco más abajo de mis 1.86, exhibiendo una fisonomía sutilmente fornida y esculpida en gimnasio que se adivina bajo el corte italiano de su traje. Emana un aura andrógina y delicada, una dualidad magnética que siempre ha capturado mi atención y que rompe la rigidez del entorno.

— Buenas noches, Conrad — dice Liam con una modulación suave, abriendo la marcha hacia el vehículo.

— El mercado está listo para nosotros — añade Emma, dedicándome una mirada felina que conozco de sobra.

Conduzco por la autopista elevada hacia las afueras de la ciudad, donde la estructura de Obsidian corta el horizonte. Al llegar, las rejas automatizadas se abren sin hacer ruido. El interior de la residencia es un despliegue de lujo minimalista: techos altos, mármol oscuro pulido y luces bajas que reflejan el estatus de los presentes. En el salón principal ya se encuentran varios de los altos ejecutivos del consorcio, rodeados de vasos de cristal de roca con licores añejos y el denso aroma de puros de importación costosos.

Al vernos entrar a los tres juntos, las conversaciones se pausan por un instante. Las miradas recorren la rigidez de mi postura y la proximidad con la que Emma y Liam me escoltan. Los hombres del consejo sonríen, compartiendo códigos silenciosos; saben perfectamente qué tipo de dinámicas se desatarán en mis habitaciones privadas una vez que el negocio formal concluya.

— Conrad, siempre con la mejor comitiva de la industria — bromea uno de los directores principales, alzando su copa de coñac desde un sofá de cuero — Esperamos que la auditoría de esta noche sea tan productiva como la de la semana pasada.

— Las alianzas estratégicas requieren un control absoluto en todos los niveles — respondo con mi habitual frialdad, tomando asiento en la cabecera de la mesa central mientras un camarero nos sirve tres tragos cortos.

Nos sumergimos de inmediato en una conversación técnica y densa. Durante más de una hora, el ambiente se llena de terminología financiera compleja: analizamos el impacto de las tasas impositivas sobre la repatriación de capitales, la estructura de costos de la nueva planta en el extranjero, los contratos de cobertura cambiaria y los márgenes de apalancamiento neto para blindar los activos frente a las fluctuaciones del mercado. Estoy atento, diseccionando cada cifra con interés metódico, disfrutando del poder que otorga el control absoluto de los números. Emma aporta datos sobre la retención de acciones con una precisión fría, mientras Liam expone las proyecciones de riesgo con esa voz pausada que mitiga la aridez del tema.

El alcohol comienza a surtir efecto, relajando los hombros pero agudizando las intenciones. En un momento de la discusión sobre los fondos de contingencia, Emma estira la mano por debajo del borde de la mesa, sujetando la mía con firmeza. Sus dedos recorren mi palma antes de ponerse de pie con una calma estudiada. Me mira fijamente, indicándome con la inclinación de su cabeza que es momento de abandonar el escrutinio público del salón.

— Creo que los términos principales de la fusión han quedado claros, caballeros. Es hora de revisar los anexos en privado — dice ella, con una formalidad impecable que no oculta el doble sentido de sus palabras.

Me pongo de pie, abotonando el saco. Miro a Liam de reojo y, con un sutil gesto de la mano, le indico que nos acompañe. Él se levanta de inmediato, dejando su vaso vacío en la barra. Los ejecutivos asienten entre risas contenidas y comentarios en voz baja mientras los tres enfilamos el pasillo que conduce a mi suite presidencial en el ala este de la casa.

Al cruzar el umbral de la habitación, el ruido exterior desaparece tras la pesada puerta insonorizada. La habitación está dominada por una cama de dimensiones colosales vestida con sábanas de seda negra y un gran ventanal que domina la propiedad. El ambiente está cargado de una quietud densa.

— Desvístanse — ordeno sin preámbulos, desatando el nudo de mi corbata mientras me encamino a la barra privada de la habitación para servirme otro whisky.

La sumisión de ambos es inmediata, ejecutada con la gracia de quienes conocen su papel en mis términos. Me siento en un sillón individual de piel, observándolos bajo la luz ámbar. La noche transcurrirá bajo mi control absoluto y riguroso. Observo el contraste de sus cuerpos, la entrega de Emma al terminan de deslizar sus pantaletas hasta sus tobillos, liberando por completo esa anatomía deliciosa que no puedo evitar recorrer con una mirada lasciva y vulgar. A unos centímetros de ella, la docilidad de Liam desnudo, ya con el miembro erecto, se acerca a Emma para besarla, siguiendo mi orden que fue un sutil señalamiento con la mirada hacia la chica a su costado…



#108 en Joven Adulto

En el texto hay: adopcion, drama, vinculos

Editado: 30.08.2026

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