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¿QUÉ FUE ESO?
Azure Horizon Villa
- Conrad -

Fue solo un segundo. Un parpadeo. Pero en el fondo de sus ojos descubrí una corriente completamente distinta a la de siempre. No es la admiración del pupilo ni la timidez del adolescente; hay una intensidad nueva, un brillo consciente y una fijeza que me remueve severamente las emociones, provocándome un vuelco helado en el estómago.
De inmediato, una alarma se enciende en mi mente y me reprendo a mí mismo con crudeza. «Basta, Conrad. Controla tus demonios. No te atrevas a cruzar ninguna línea ni a permitir que los ecos perversos de Obsidian, o las sospechas retorcidas de los tiburones de la junta directiva, salpiquen tu relación con él. Jonah está bajo tu protección, no es un juego, no es un tabú que romper. Disciplina». Sepulto el impacto de mi mente bajo mi habitual máscara de hierro y regreso a la superficie, justo a tiempo para ver cómo el chico, visiblemente perturbado por su propio tren de pensamientos, empuja sin querer una bolsa de verduras.
— los vegetales casi se le resbalan de las manos — ¡Ah! — los atrapa con un reflejo rápido, las mejillas encendidas por el nerviosismo — Lo siento… creo que estoy un poco distraído hoy.
— Tranquilo, es temprano aún — respondo, forzando mi voz a recuperar su tono bajo y aristocrático — Terminaremos de hacer la cena rápidamente — lo observo tomar la tabla de picar y el cuchillo con manos ligeramente temblorosas. Sospecho que tal vez el apuro y la torpeza se deben a algo tan simple como el apetito físico. O al menos, prefiero convencerme de eso — ¿Tienes hambre?.
— Jonah se detiene a pensar, mirando el filo del cuchillo — No, no es eso — niega con la cabeza.
— abro el grifo para lavar bien cada verdura, dejándolas ordenadamente a su lado para que pueda comenzar a trabajar — ¿Seguro? Podemos pedir algo a domicilio si estás cansado, y dejamos esto para cocinarlo mañana.
— No, estoy bien — sonríe, un esfuerzo evidente por disimular el caos que parece rugir en su mente.
Lo dejo con su tarea mientras me enfoco en el pollo. Me coloco unos guantes de nitrilo negros, que ceden con resistencia y se sienten un poco estrechos para el tamaño de mis manos. Corto la carne en cubos medianos con cortes limpios y precisos, espolvoreando de forma milimétrica las especias: pimienta negra, sal de ajo, cebolla en polvo, una pizca de sal marina y paprika. A pesar de mi concentración, noto que Jonah intenta seguirme el ritmo, pero su atención se rompe cada pocos segundos. Me mira de reojo más de lo normal, buscando mi perfil con una insistencia casi magnética, y esa distracción le hace errar un corte sobre la zanahoria.
— …No soy muy bueno en esto — admite en un murmullo, soltando una risa suave, cargada de una timidez que me desarma — La Sra. Schneider lo hace ver mucho más fácil.
— me quito los guantes sin ninguna prisa, arrojándolos al cesto de basura. Me acerco a él. Después de lo que estuve pensando hace un momento, tengo la idea que cortar distancia con Jonah es un asunto delicado, por lo que mantengo mi elegancia ejecutiva. Me coloco justo a su lado, lo suficientemente cerca para guiarlo pero cuidando de no invadir su espacio vital. Deslizo mi mano sobre la suya, envolviendo sus dedos alrededor del mango del cuchillo. Siento su pulso acelerado bajo mi tacto. Con suavidad, guío su brazo, mostrándole el movimiento oscilante y rítmico que debe hacer — No es que lo haga fácil — le digo con calma, manteniendo mi voz cerca de su oído — Es que ya aprendió a no tenerle prisa a las cosas. Así… Deja que el peso del cuchillo haga el trabajo, no la fuerza.
— Ah… sí… así — responde. Su voz desciende un octavo, volviéndose un hilo. Está notablemente nervioso por la cercanía, pero no se aleja.
Me quedo ahí, firme y tranquilo. No hay espacio para regaños ni interrupciones. Sostengo una calma impecable, actuando como si este pequeño caos doméstico fuera el orden natural del universo.
Trabajamos en silencio durante unos minutos. Pero no es el vacío incómodo de los extraños; es un silencio densamente compartido, donde cada respiración cuenta. Jonah mejora el ritmo, aunque sus movimientos conservan la encantadora torpeza de la inexperiencia. Se ríe con timidez cuando una pieza de calabacín sale notablemente desigual.
— Esto definitivamente no se parece a lo que imaginé — comenta, mirándome con una sonrisa leve — Pensé que cocinar juntos sería… algo más elegante.
— suelto una pequeña exhalación que roza los límites de una risa; un lujo que rara vez me permito, pero con él me ha pasado mucho últimamente — Lo es — le aseguro — Solo que la elegancia no siempre se manifiesta de forma perfecta.
— Jonah vuelve a buscar mis ojos de reojo. Detecto que hay un enigma en él esta tarde, un impulso oculto cada vez que me mira, pero elijo ignorar el motivo por su propio bien — Conrad… — dice tras una pausa, su tono volviéndose más suave, casi íntimo — ¿Siempre has sido así de… paciente?
— no respondo de inmediato. Me tomo mi tiempo para organizar los recipientes de los condimentos en la barra, estirando el silencio — No con todo el mundo — admito finalmente, clavando mi mirada en la suya — Pero contigo sí — la frase flota en el aire, pesada y significativa.
— Jonah baja la vista hacia el plato, y un destello de genuina felicidad le suaviza las facciones — Entonces voy a intentar hacerlo bien — murmura, renovando su postura con una determinación casi infantil — No quiero arruinar la comida.
— No la vas a arruinar. La estamos haciendo juntos — tomo la bandeja del pollo y la deslizo dentro del horno programado, mientras Jonah enciende la estufa eléctrica para saltear los vegetales.