Aprendiendo a ser un Zorro Dragón

CAPÍTULO 4

Los días después del "Fracaso" eran un infierno, todos en la oficina habían sido absorbidos por el resentimiento que tenía el jefe hacia mí, aunque la verdad era por miedo a que tratara de desquitarse con quien le hiciera frente o le diga lo contrario. Un típico recurso para quien nunca alcanzara la cima.

Para mí, todo aquel pesado ambiente solo era la práctica para lo que me tocaba en los próximos días, pues el funeral estaba cerca y era la reunión perfecta donde los familiares más cercanos salen de sus agujeros y se hacen presentes denotando empatía ante los más dolidos.

Llegado el día, me era irritante escuchar tantas palabras de conformismo durante el velorio y sabía que empeoraría durante el entierro, incluso durante la reunión. Tantas oraciones que solo la servían como un pase para ver qué tan destrozados estábamos. Criticar que tan mal nos veíamos física y mentalmente, por último, hacer hipótesis mal fundadas de cómo fueron los últimos días de quien habitaba antes el cuerpo encerrado en el ataúd.

La única diversión personal que tenía, era ver el asombro de todos los que se me acercaban a darme el pésame y descubrían mi seriedad. Mi rostro seco y mis ojos sin un rastro de humedad los dejaba con la duda sobre qué es lo que debían hacer. Darme un abrazo incómodo esperando que yo me desborde con eso, o alejarse de ahí en busca del asiento más lejano o donde más comentaban sobre mí.

Mi única función durante aquel lúgubre momento era sostener la mano de mi madre, la cual apretaba cuando alguien se le acercaba y la abrazaba. Dentro de mí tenía la intención de que nadie se acercara a ella o ser yo el que les dictara las palabras que debían decir, pues la estupideces que decían solo la lastimaban y la hacían ver como una tonta. Era obvio que estaba triste, dolida y sabían a la perfección que se fue. Recalcarlo con suave voz o hacer preguntas estúpidas no ayudaban.

Por suerte, el entierro fue rápido y algunos incluso respiraron tranquilidad cuando por fin mostre rastros de humanidad al dejar caer unas cuantas lágrimas mientras suavemente lo bajaban a un profundo hueco, pero todo cambió al momento de la noche de reunión y las claras intenciones de mucho de embriagarse.

Creo que fui el único sensato al rechazar tan absurda idea, ya que me largué de ahí antes de que el alcohol me empujara a cerrar cuantas bocas se atrevieran a hablarme y a botar algunos dientes para hacer millonario al dentista de la familia. Simplemente no podía soportar más aquel ambiente, ya cansado y desgastado me sentía con lo ocurrido en la oficina.

Sonrió levemente ante aquel descubrimiento, pues yo era de los primeros en reclamar a mi padre por dejar que las cosas del trabajo le afectaran en el tiempo con su familia, sin saber que era algo inevitable, incluso algo que se hacía inconscientemente, cuando la verdad solo se buscaba algo de comprensión o ayuda. Esta demás decir que no lo consiguió, solo encontraba en mí una mirada de desaprobación y la decepción ante el fracaso de no hacerlo.

Uno de mis tíos me quiso detener, hasta me preguntó en voz alta el porqué me iba de la reunión. Era un intento de presión social como para que decline mi intención y me quede junto a ellos, pero sin duda no espero que eso no funcionara.

—Me largo por el bien de ustedes, no del mío.

Mis palabras junto con mi actitud enfriaron a más de un payaso y deshizo los efectos de los primeros vasos de wiski que habían servido. Aun cuando no estuviera ahí, sabía que mi ausencia daría para hablar hasta el día siguiente a los que siguieran tomando para no dejar que la resaca los alcance y los que comieran algo para que la misma se vaya.

También se la pasarían la noche recordando a mi padre en tantos momentos que él los acompañó, sus anécdotas que tantas veces nos contaba sin cambiar un solo detalle, los valores que nos quiso transmitir al terminar de contárnoslo siendo lo más necesario para lo que vivíamos y lo invencible que parecía cuando se proponía algo.

Así era mi padre.

Yo no necesitaba estar ahí para que todo eso ocurriese, no había ningún momento que no fuera atestiguado por otra persona..., o más claro, que era para esa persona y yo estaba ahí. Desde hace mucho tiempo atrás evitaba participar en esos momentos, cada vez que me pedían que no me vaya, yo los miraba a los ojos, tratando de leer lo que realmente querían decir.

La forma más efectiva para que alguien no se vaya, es cerrarle la única salida o usar drogas, pero ellos no hicieron nada de eso. Ellos sabían bien lo que podía decir de él y cómo empezaría cada una de mis anécdotas.

"—Él no estuvo en..."

Era la verdad, solo podía nombrar donde no estuvo cuando yo era el protagonista de ese día, porque siempre estaba en su maldito trabajo, ganando más y más para complacer a otros. Hasta que llegue a la adultez y me di cuenta de las grandes mentiras y los profesionales que somos utilizando las mismas palabras, con el mismo tono y hasta en el preciso instante.

Las mentiras de la madurez, nos hace mucho más manipuladores de lo que creemos en la juventud, e incluso aprendí que hay una parte de nosotros que miente inconscientemente, solo para continuar llenando la patética parte que nos satisface o amenisa un doloroso sentimiento.




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