Park y Will nos encontraron en el parque. Alec había detenido su magia, pero no había conseguido acercarse a mí otro paso. Si él avanzaba yo retrocedía, recuperando la distancia entre nosotros; no es que fuera alguna garantía, pero me daba una falsa sensación de seguridad y eso era todo de lo que disponía ahora mismo.
Estaba acorralada, incluso en medio de la extensión de este parque. Estaba atrapada.
La Academia finalmente lo había conseguido. Jamás escaparía de ellos.
Sacudí ese pensamiento rápidamente al notar los ojos de Park sobre mí, sabía que había oído la idea traicionera y la misma era más que suficiente para llevarme a rastras frente al concejo y exponerme como lo que era: una traidora. Pero, por alguna razón, Park no mencionó nada, simplemente compartiendo una mirada aburrida como si todos los días tuviera que lidiar con caminantes paranoicas lanzándolo por las escaleras y huyendo.
Una sonrisa rompió su expresión aburrida, estaba husmeando de nuevo. Me tensé.
—Deja de hacer eso —gruñí.
Su sonrisa sólo aumentó, enseñando un endiablado hoyuelo en su mejilla izquierda.
—No puedo evitarlo —no se molestó en disculparse —, es mi trabajo mantenerme abierto a todas las mentes a mi alrededor; es bastante aburrido, te sorprenderías la cantidad de personas que se la pasa recordando memes la mayor parte de tiempo. Sin embargo, puedo decirte que tu mente es todo…menos aburrida. Es un cumplido.
Avancé un paso, lista para mandarlo a volar otra vez. Will adivinó mis pensamientos, interponiéndose en mi camino.
¿Me caía bien? Había estado tan equivocada.
Una voz nos interrumpió.
—No es lo que crees —dijo Alec, sin hacer ademán de acercarse, quizás temiendo que me lanzaría a correr nuevamente —. Park es para nuestra protección, no usará nada de lo que vea en tu contra.
—Bueno… —comenzó Park, deteniéndose cuando Alec miró en su dirección, la sonrisa se mantuvo en su rostro, sin embargo, como si todo esto fuese un maldito juego para él.
—No sabes lo que creo —escupí hacia Alec —. No intentes jugar a comprenderme. No lo necesito.
Park silbó por lo bajo, demasiado entretenido para mi gusto.
—De hecho —dijo, ignorando la mirada que Alec y yo le estábamos dando —, sí que sabe lo que crees. Piénsalo. Eres una caminante que no ha jurado lealtad, aunque ya pasó tu tiempo de hacerlo. Eres buena en lo que haces, lo suficiente para poner al concejo nervioso contigo dando vueltas por ahí, sin dejar en claro a quién sirves. Entonces, descubres que te asignaron al equipo de nada y nada menos que el caminante estrella, el dreamwalker más leal que la Academia pudo forjar; sólo para enterarte que uno de los integrantes es un médium entrenado, y sorprendentemente atractivo, en leer todos y cada uno de tus pensamientos, ¿el concejo se enterará de tus motivos para no jurar? ¿te considerarán una traidora al menor error? ¿realmente es Park tan imposiblemente sexy?
Ahora tenía la atención de los tres. Su sonrisa se volvió más grande, demostrando que sólo tenía un hoyuelo, por qué eso lo volvía todavía más atractivo estaba más allá de mí.
—La respuesta a todo es sí —dijo cuando nadie se atrevió a interrumpir su monólogo —, pero como dijo Alec, no tienes que temer. Después de todo somos un equipo, ahora, ¿verdad?
Sabía lo que estaba haciendo, me daba la oportunidad de escapar por la tangente. No hablaría de lo que había escuchado hace unos minutos. No mencionaría que había sido una traidora en mi mente. Lo miré otro momento antes de asentir lentamente.
—Excelente —aplaudió, sacándonos a todos de nuestro estupor —sugiero que volvamos a la casa, hay una pareja de ancianos demasiado cerca y ya me cansé de hacerles creer que están viendo cuatro ardillas jugueteando en el césped.
Miré hacia atrás, notando que efectivamente había una pareja de ancianos mirando y señalando hacia donde nos encontrábamos con sonrisas en sus arrugados rostros.
—No sabía que los médiums podían hacer eso —dije al fin, caminando hacia la salida del parque, rodeada de mis tres carceleros. Park se acercó, mirándome como si supiera que la pregunta iba dirigida exclusivamente para él —. Leer y controlar las mentes —aclaré —, creí que su poder estaba ligado a…
—¿La muerte? —dijo alegremente, hice una mueca antes de asentir para que continuara, sin embargo, fue Alec el que respondió.
—No todos llegan a este nivel de control —explicó —, conlleva muchísimo entrenamiento, e incluso después de eso, no es seguro que lo logren.
—No todos son tan geniales como yo —guiñó Park.
Will soltó un resoplido, como si la actitud bromista de su compañero fuera algo a lo que ya se había acostumbrado.
—Sólo he conocido a otro médium además de Park capaz de lograrlo —dijo Alec, casi pensativamente.
Miré hacia él, esperando que continuara. Su mirada se unió a la mía después de un momento.
—Tú también lo has hecho —dijo, cuando comprendió que esperaba una explicación.
Me tensé, comprendiendo que alguien más había estado dentro de mi mente sin que lo hubiera notado. Fue Park quien terminó de decirlo, mientras abría la puerta principal y se giraba para darme otra de sus intrigantes sonrisas.