Apsara

CAPÍTULO 10

Al menos tenía mi propia habitación.

Miré alrededor del pequeño cuarto, apenas equipado con una cama queen y un armario que se veía como la puerta secreta a otra dimensión. Un juego de cuchillas junto a la almohada me hizo alzar las cejas.

—Esta era la habitación de Lanka —se disculpó Will, observando también las cuchillas amenazadoras —puedo llevarlas…

—Déjalas —dije, caminando hacia las cinco láminas afiladas, acariciando con un dedo el frío metal —las guardaré hasta volver a verla.

Miré sobre mi hombro al no obtener respuesta, esperando encontrarme con que Will se había marchado, pero seguía ahí. Quizás su tarea consistía en vigilarme de cerca. Casi podía escuchar la risita engreída de Park en mi mente, no necesitaban ponerme un guardián, ya tenían a uno vigilando mi mente todo el tiempo.

—Me gustaría refrescarme antes de unirme a ustedes abajo —dije, lanzando una mirada a la puerta intencionalmente.

—Oh, por supuesto —salió por la puerta, cerrándola y dejándome sola al fin.

Bueno, tan sola como podía estar en una casa llena de cazadores.

El aire salió de mí, llevándose toda la energía que me quedaba, recordándome que no había descansado de verdad, en una cama; en al menos una semana. Pero la siesta estaba fuera de mis planes por el momento.

Me acerqué al armario, más por curiosidad que por algo más, decepcionándome al encontrarlo vacío. Había un espejo en el interior de la puerta, y observé mi reflejo, impresionándome al descubrir que a pesar del velo podía advertir el cansancio de mi rostro en las manchas que rodeaban mis ojos.

Mis manos se alzaron hasta desatar la tela, teniendo un buen vistazo de toda la piel marcada debajo. A veces pensaba que de no ser por las grotescas huellas, hasta podría considerarme bonita. No, bonita no. Exótica. Sí, eso se pegaba más a mi aspecto. Sabía que quienes fueran mis progenitores, al menos uno de ellos, tendría que ser de ascendencia india, el color de mi piel y la forma de mis ojos lo delataban. Pero había algo más, el color de mis ojos no coincidía con ninguna deidad que conociera, esa es otra razón por la que nadie pudo decirme mi origen. Mis ojos se veían completamente normales, como los de cualquier humano. Marrones con pequeñas vetas verdes, que apenas las logré distinguir después de pasarme horas y horas analizándolos en profundidad, desesperada por pertenecer a alguien; a quien sea.

Por no sentir que estaba sola.

Cerré la puerta del armario, odiándome por dejar que mi mente traicionera me llevara a lugares que había enterrado hace tiempo, lugares donde deseaba cosas que jamás podría tener.

Volví a ocultar mi rostro y me dirigí a la planta baja, desesperada por enfocar mi mente en cualquier cosa, lejos de mí misma.

Will y Park se batían a duelo frente a la consola de juegos y un televisor demasiado grande como para intentar adivinar las pulgadas.

Alec se hallaba a una distancia prudencial frente a una computadora, sus dedos moviéndose en el teclado mientras sus ojos iban de su pantalla a la batalla en el televisor, como fiel espectador.

Hombres.

Park ni siquiera necesito mirarme para saber que me encontraba allí.

—Para que conste —dijo, sin apartar sus ojos del televisor —, soy el vencedor. Sólo le dejo pensar que puede ganarme.

Will se limitó a concentrarse en su juego, dejando a Park sin respuesta. Alec, por su parte, tenía toda su atención en mí.

—¿No quieres descansar? No nos moveremos hasta esta noche.

Ignoré la urgencia por volver arriba y sucumbir al cansancio, en su lugar señalé a su pantalla; un mapa de la ciudad se encontraba abierto con varios lugares marcados.

—Prefiero prepararme, por cierto, ¿me dirás al fin lo que estamos buscando o continuarás con el misterio?

El sonido de la batalla se detuvo, demostrando que Will y Park se habían unido a esta conversación.

Alec asintió, acomodándose en su silla y señalando con un movimiento el asiento vacío frente a él. Esperó hasta que me senté para comenzar a hablar.

—Estamos detrás de un grupo de traidores —comenzó, compartiendo la pantalla de su computadora en el televisor, dejando que veamos los indicios que había estudiado —, la Academia consiguió su última ubicación como esta ciudad; desafortunadamente el grupo encargado de encontrarlos fueron…eliminados.

—¿Eliminados? —pregunté, volviendo la mirada a él; su expresión demostraba el desprecio que sentía —¿Te refieres a que…los asesinaron?

Alec se limitó a asentir.

—Este grupo pertenece a una organización de caminantes que trabajan por su cuenta, sin lealtad a nadie más que a sí mismos. Son mercenarios —continuó —y venden sus servicios al mejor postor, incluso a las sectas de hechiceros —me tensé —, por el precio justo, se encargan de capturar médiums antes de que la Academia logre reclutarlos, y venderlos a los hechiceros.

Park lanzó una maldición silenciosa, no pude más que estar de acuerdo. Vender a médiums a los hechiceros, como si no supieran lo que esos monstruos harían una vez los tuvieran en sus manos. Me estremecía sólo de imaginarlo.



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En el texto hay: romance paranormal, dioses, magia

Editado: 25.10.2026

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