Apsara

CAPÍTULO 12

Volvimos a la casa después de recorrer el perímetro y descubrir que habían huido. Park y Will se encargaron de esconder el cuerpo del desertor en la cajuela, iban a tratar con eso más tarde. Miré hacia otro lado en todo momento, como si eso evitara que la imagen permaneciera conmigo.

No lo hizo, el recuerdo jamás me abandonaría.

Uno imaginaría que teniendo en cuenta mi estilo de vida, estaría más que acostumbrada a enfrentarme a la muerte. Y lo hacía, de cierta forma. Pero esto era diferente, no estaba librando al mundo de un monstruo menos al deshacerme de un hechicero; este era uno de los míos. O lo fue en algún momento.

Los desertores eran un secreto a voces, un rumor maldito que recorría los pasillos de la Academia, todos sabíamos de alguien que conocía a alguien que desertó al no poder lidiar con la vida de un caminante. O por negarse a jurar lealtad.

La idea había rondado por mi cabeza, alguna vez, pero siempre la descartaba porque una parte de mí creía que sólo se trataba de eso: rumores. No podía imaginar a la Academia dejando escapar a nadie de la obligación con la que habían nacido.

Ahora entendía por qué Alec se había referido a ellos como fantasmas, no había un término más acertado para estas personas, ya jamás podrían regresar, no pertenecían a ningún sitio. Siempre mirando sobre su hombro, siempre huyendo. Desvaneciéndose.

Como fantasmas.

Hice una mueca cuando la aguja atravesó la piel, Will había adormecido la carne alrededor de la herida, pero la impresión seguía allí.

—Lo siento —se disculpó, aunque no tuviese culpa de nada.

—No te preocupes —lo tranquilicé, sabiendo que no continuaría hasta que yo estuviera de acuerdo.

Asintió y siguió con su trabajo, cociendo la herida en mi brazo.

Alec se unió mientras Will trabajaba en los últimos puntos. Su cabello estaba húmedo, recién salido de la ducha. Una cerveza estaba en una de sus manos, una lata de refresco en la otra. Me ofreció esta última con una mirada de disculpa.

—Será mejor que no bebas con los medicamentos en tu sistema.

Fruncí el ceño mientras aceptaba la bebida, mirando con nostalgia la cerveza. Viva yo.

Una sonrisa adornaba la boca de Alec mientras se sentaba en el brazo del sofá, toda su atención en las manos de Will tratando mi herida.

—¿Cómo te sientes? —preguntó, me tomó un segundo darme cuenta que me hablaba a mí.

—¿Esto? No es nada —dije encogiéndome de hombros, ganándome una mirada fruncida de Will, le ofrecí una sonrisa de disculpa antes de girarme nuevamente hacia Alec —, los he tenido peores.

No estaba muy lejos de la verdad.

La sonrisa en su rostro se atenuó.

—Tengo una buena y una mala noticia —dijo Park, entrando en la habitación, una computadora en sus manos —¿cuál prefieren oír primero?

Will terminó los puntos y vendó la herida. Le agradecí mientras me acercaba a la mesa. Tuve que desatar mi velo para beber un poco del refresco que no era una cerveza, los bordes de la tela ondearon alrededor de mi rostro, acariciando mis mejillas. Suspiré mientras tomaba asiento frente a Park. Sus ojos fueron rápidamente de mi rostro a la venda. Afortunadamente permanecieron allí.

—Lindo.

Sonreí, levantando el refresco en un brindis imaginario.

—Así soy yo.

Una sonrisa luchaba con los bordes de su boca.

—Park —gruñó una voz, interrumpiendo nuestro intercambio. Ambos giramos hacia Alec, que había renunciado al sofá y ahora se paraba junto a la mesa, brazos cruzados, su atención en nosotros.

Alguien estaba de malhumor.

Una mirada curiosa cruzó el rostro de Park mientras miraba de Alec hacia mí, entonces parpadeó y lo único que quedaba era su típica expresión divertida.

—La buena noticia primero —dijo Will, regresando al salón, una cerveza en sus manos. Le lancé una mirada molesta mientras me ofrecía una sonrisa de disculpa. Bebí otro sorbo de refresco apenas conteniendo mi descontento.

—Bien —Park era todo negocios de nuevo —sé dónde están los desertores que escaparon.

El refresco reaccionó como ácido en mi interior, lo dejé en la mesa mientras volvía a colocarme el velo. Todos nos inclinamos más cerca prestándole toda nuestra atención.

—Instalé un rastreador en uno de los tipos a los que pateé el trasero —abrí los ojos sorprendida, no tenía idea de que ellos también se encontraron con un desertor esta noche; Park notó mi mirada y se explicó —. Estábamos luchando cuando escuché tu grito, lo dejé escapar para llegar a ti.

El calor inundó mis mejillas, afortunadamente el velo estaba nuevamente en su sitio, escondiendo mi reacción a sus palabras.

—¿Cuál es la otra noticia? —gruñó Alec, interrumpiéndonos, de nuevo.

Miré hacia él, preguntándome cuál era su problema. Él podía beber una cerveza si le apetecía.

Park también le prestó atención, pero ya no había curiosidad. Ahora parecía…entretenido.

—La mala noticia es que siguen en movimiento —continuó Park —deberíamos acercarnos sigilosamente para asegurarnos de que no escapen del radar.



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En el texto hay: romance paranormal, dioses, magia

Editado: 25.10.2026

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