Apsara

CAPÍTULO 14

El recuerdo del dolor era siempre tan real. No importara cuántas veces tenía este sueño, el dolor nunca disminuía.

Siempre se sentía como revivir todo aquello, como volver a sufrirlo.

Sentía el fantasma de la cuchilla cortando mi carne, no importaba cuanto forcejeara para liberarme, las manos seguían manteniéndome cautiva mientras la sangre, mi sangre, escapaba de la herida abierta; llenando el cáliz en una de esas malvadas manos.

Ahora sabía de qué se trataba todo aquello, lo que esos monstruos buscaban de mí. Pero en ese momento sólo había estado confundida, sorprendida, horrorizada.

Y desesperada por vivir a pesar de todo ese dolor.

Grité, mi garganta doliendo mientras el atormentado sonido escapaba de mí. El dolor quemaba mi rostro, las risas fantasmales llenaron mis oídos. Pero había algo más, algo intentando abrirse paso a través de aquel recuerdo.

—¡Marin!

Grité nuevamente mientras nuevas manos sostenían mis hombros, sacudiéndome con demasiada fuerza. Esa sensación predominando lentamente sobre el recuerdo, pero todavía desconocida y alarmante.

—Marin, despierta. Es una pesadilla. No es real.

El sueño se negaba a desvanecerse, permaneciendo en los bordes de mi mente, reacio a desaparecer del todo. La sensación de las manos sosteniéndome con firmeza intentaba espantarlo, sin mucho éxito. Entonces lo sentí.

Calor.

Escapó de las manos que me sostenían, adentrándose en mi cuerpo, recorriéndome como una rápida caricia mientras terminaba de despertarme. Finalmente.

Había sido extraño. Como una rápida quemadura. La sensación todavía sin gustarme del todo. Pero había sido efectiva.

Ya no estaba soñando.

Y podía notar claramente el cuerpo semidesnudo de Alec Nuvis sobre mí, sus manos todavía en mis hombros; sus ojos dorados brillando desesperados en la oscuridad.

—Lo lamento —dije, cuando el silencio se extendió más allá de la comodidad. Hice una mueca cuando las palabras dolieron en mi lastimada garganta —. Lamento haberte despertado.

¿Cuán alto había tenido que gritar para atraerlo de esta forma? Sólo esperaba que ningún vecino se acercara preocupado a preguntar.

—¿Estás bien? —Alec ignoró mis disculpas, sus manos subiendo y bajando lentamente por mis brazos, como si necesitara comprobarme.

—Sí —mentí —sólo fue una pesadilla.

La duda cruzó su rostro, pero afortunadamente no insistió. Sus manos abandonaron mis brazos, la sensación de abandono sorprendiéndome. Miré hacia otro punto en la penumbra mientras su cuerpo se exponía ante el suave resplandor que entraba por la ventana.

No llevaba camiseta, y no me sentía lo suficientemente valiente como para comprobar el resto de su vestimenta o la falta de la misma. Me concentré en las motas de luz sobre la pared frente a mí.

—¿Park y Will?

Lo sentí moverse, aunque todavía sin abandonar la cama.

—Aún no regresaron. Informaron que se deshicieron del cuerpo y estaban rumbo a buscar al resto.

Asentí, tragando mientras buscaba en mi mente alguna otra cosa que decir para borrar esta incómoda situación.

—¿Seguro estás bien?

Suspiré.

—Lo estoy. Sólo fue…no sé por qué recordé aquello. No he soñado con esa noche en mucho tiempo.

Alec no necesitaba que le aclarara a qué noche me refería. Era la noche que nos conocimos, después de todo.

Permanecimos en un largo silencio, cada uno analizando sus propios fantasmas.

—También tengo pesadillas —susurró casi confidencial —a veces despierto y me toma un momento convencer a mi mente que…ya no estoy en ese lugar. Con esa gente. Que soy libre.

¿Ese lugar?

La pregunta no escapó de mi boca, pero Alec lo entendió de todos modos.

—Viví con Nuvis hasta los quince años —dijo, sorprendiéndome. Sabía que Nuvis lo había reclamado orgulloso, pero no había escuchado jamás un caso de una deidad criando a su descendencia. Realmente era el príncipe del fuego —. Las cosas que vi en aquel lugar…sólo digamos que las deidades son otro tipo de monstruos. No fui diferentes a los propios hechiceros. Quizás peores porque se creen con el derecho de salirse con la suya. La Academia me sacó de ese lugar, pero todavía tengo estos recuerdos. Siempre los tendré.

Quería extender mi mano y consolarlo como él había hecho conmigo. No lo hice.

—Quizás sea algo bueno —murmuró —. Recordar.

Lo miré, esperando a que se explicara. Su mirada dorada brilló en la mía.

—Estos recuerdos nos mantienen alerta. Sabemos a dónde no queremos regresar. Conocemos a nuestros enemigos. Sobrevivimos a través de ese dolor. Y seguiremos haciéndolo. Siempre dejando esos recuerdos donde pertenecen, en el pasado.

Usar aquel dolor como una prueba de que ya había soportado lo peor, lo había tolerado y sobrevivido. Un recuerdo como una prueba de mi fortaleza.

—Me gustaría quedarme contigo hasta que puedas volver a dormir.



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En el texto hay: romance paranormal, dioses, magia

Editado: 25.10.2026

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