Park nos encontró al día siguiente.
Nuestros cuerpos se habían acercado en algún momento de la noche, quizás buscando el calor del otro, quizás buscando consuelo para nuestras tormentosas existencias. Cualquiera fuera el motivo, no era excusa para que uno de tus compañeros de escuadrón te encontrara en la cama con tu comandante después de haber pasado la noche juntos.
No existía velo lo suficientemente grueso como para cubrir mi vergüenza.
Escapé apenas pude, huyendo con la excusa de necesitar buscar más medicina para mi brazo herido. No era del todo una mentira. La herida había comenzado a picarme apenas abrí los ojos, todavía sensible en la carne lastimada.
Will me encontró en la cocina.
—¿Cómo te sientes?
Lo observé sospechosamente, preguntándome si Park ya había ido con el chisme; pero la expresión inocente en su rostro era demasiado honesta como para ser fingida.
—Mejor. Gracias de nuevo, por tratar la herida.
El gigante amable sólo asintió mientras se dirigía a la cafetera y se servía una taza del oscuro brebaje. Su cabello estaba húmedo, peinado en todas direcciones como si se hubiera conformado con pasar una toalla, sin usar algún peine. Parpadee cuando una taza apareció bajo mi nariz.
—Oh, gracias.
Acepté la taza que me ofrecía, tragando el resto de las pastillas con la cafeína, a pesar de la mirada atenta que lanzó en mi dirección.
—Todo el mundo —llamó la voz de Park desde las escaleras —reunión de equipo.
Suspiré. Supongo que ya no podría seguir escondiéndome.
Alec y Park ya se encontraban en el salón. Evité mirar en dirección de Alec, aunque pude sentir el peso de su mirada siguiendo mis movimientos mientras ocupaba una de las sillas vacías en la mesa junto a la ventana. Will se sentó en el sofá junto a su comandante. Park eligió permanecer de pie, siempre adorando ser el centro de atención.
Su boca se alzó, burlándose de mis pensamientos. Los ojos oscuros se encontraron con los míos, la advertencia en ellos era clara.
Miré hacia la taza en mis manos.
—Como informamos —comenzó Park —nos encargamos del cuerpo sin problema, digamos que ahora el traidor debe estar nadando en el infierno.
Me tensé.
—Park —gruñó Alec. Supuse que para alguien acostumbrado a lidiar con la muerte hacer bromas al respecto no era la gran cosa, pero el tono frio y desinteresado que había tomado la voz de Park envió un escalofrío a mi espalda. El médium no le dio importancia, encogiéndose de hombros y continuando con su relato.
—Después de eso, seguimos la señal hacia su base. Se estaban escondiendo en una posada de la ciudad. Al parecer siguen nuestro ejemplo de ocultarnos justo bajo los ojos del enemigo. No podíamos hacer mucho más que quedarnos en las sombras y escuchar por sus próximos movimientos.
—¿Obtuvieron alguna información relevante?
Podía entender lo plana que sonaba la voz de Alec, dudaba que esa gente estuviera platicando sus planes con posibles testigos escuchando.
—De hecho —canturreó Park, ocupando la silla vacía frente a mí. Lo miré sospechando, pero sólo me dedicó un guiño antes de robar la taza de mis manos y beberse el resto de mi café —alcancé a escuchar cuál es su próximo destino.
Todos esperamos a que terminara su pausa dramática y continuara.
—Foxley Wood.
Noté a Alec tensándose, Will y yo compartimos una mirada sin comprender por qué esto era una mala noticia. Al parecer Park y Alec sabían cosas que nosotros no. Figúrate.
—¿Van a acampar?
La boca de Park se curvó ante mi pregunta.
—Foxley Wood —explicó pacientemente —es propiedad de una deidad.
Me tensé.
—Y no cualquier deidad —continuó cansinamente —es propiedad del dios del fuego.
Todos miramos a Alec, su mandíbula apretada mientras sus ojos trataban fervientemente de no demostrar nada. No es como si importara, las llamas ardían detrás de esos pozos dorados.
Nuvis.
Supongo que le haríamos una visita a su papi.