Apsara

CAPÍTULO 16

Permanecimos en Norwich otra semana.

Todos los días una pareja salía de la casa y seguía el rastro de los desertores para asegurarnos que todavía no se habían marchado a su siguiente destino. Al parecer el equipo de desertores estaba preparándose para salir cualquiera de estos días.

Nosotros también teníamos que estar listos para seguirlos en cuanto eso sucediera.

Park y Alec atravesaron la puerta con la primera luz del día. Habían tomado la guardia de anoche, la seriedad en sus rostros nos advirtió que algo estaba sucediendo. Finalmente.

—Será esta noche —informó Alec —abandonaran la ciudad rumbo a Foxley Wood esta noche.

No había hablado con Alec desde que Park tiró esa bomba en el salón, y la curiosidad sólo había aumentado con cada día que pasaba.

¿Qué querían los desertores en Foxley Wood? ¿Estaban al tanto de que ese territorio pertenecía a una deidad, el dios del fuego nada menos?

Sospechaba que todos nos hacíamos las mismas preguntas, supuse que el único que podía estar más cerca de tener alguna respuesta no era otro sino Alec.

Como si lo invocara, miró en mi dirección.

—Necesito verte en la sala de entrenamiento.

Alcé las cejas ante la inconfundible orden. Will y Park miraron en otra dirección sintiendo la incomodidad aumentando en el aire.

—Yo…claro. Te veré allí.

Sin otra palabra, Alec subió las escaleras; rumbo a su habitación, adivinaba.

La sala de entrenamiento no era otra cosa que una elegante manera de llamar a la habitación vacía en planta baja. Los chicos habían quitado todo el mobiliario y lanzado un tatami barato para entrenar durante su estadía en este lugar.

Llegué antes que Alec, por lo que me puse a estirar. No tenía idea de por qué quería verme, pero no iba a encontrarme desprevenida. Un movimiento en mi brazo lastimado hizo que soltara una mueca. Había estado evitando usarlo tanto como podía, y ahora estaba pagando las consecuencias. La extremidad se sentía rígida debido al poco uso. Incluso el más leve movimiento me hacía notar donde la carne dañada luchaba por recuperarse. Los puntos habían aguantado, pero todavía podían romperse antes de que la herida sanara del todo.

—Es por eso que quería verte.

La voz me sobresaltó. Mucho para no dejar que me encontrara desprevenida.

Alec entró en la habitación. Había tomado una ducha a juzgar por su cabello mojado. También había cambiado su ropa por un conjunto de entrenamiento oscuro. Se detuvo descalzo frente a mí, sobre el tatami.

—Si tu brazo te incomoda, puede ser una desventaja al momento de luchar. No puedo permitir que te enfrentes a desertores en este estado.

Me tensé.

—¿Vas a impedirme ir con ustedes?

Mi puño se apretó, ¿qué haría si hacía eso? No podía discutir con sus órdenes. Él era, de hecho, quien mandaba aquí.

—La idea cruzó mi mente —admitió —pero sospecho que no es una orden que te gustaría seguir.

Permanecí en silencio, sin demostrar nada. Alec sonrió sin gracia, como si mi actitud dura le divirtiera.

—También existe la posibilidad de que no consiga concentrarme lo suficiente si te dejo atrás. Me estaré preguntando si estás aquí, sola y enojada conmigo. O si usaste esa oportunidad para finalmente escapar.

Mi respiración se detuvo. Escapar. Por supuesto, si era dejada atrás esa idea cruzaría mi mente en algún momento, ¿verdad? Me asustaba lo cómoda que me estaba sintiendo con esta rutina, en este escuadrón.

Había estado en distintos escuadrones desde que mi entrenamiento había finalizado, hace dos años. Me habían enviado a rescatar médiums y asesinar hechiceros a ciudades cercanas a la Academia. Y si tenía suerte, había conseguido tareas en solitario. Pero esta era la primera vez que congeniaba con ellos. La primera vez que trabajaba tan bien con otros caminantes.

Había olvidado que eran mis carceleros. Que esta era otra prueba de la Academia.

Estúpida, estúpida Marin.

—Así que irás —continuó Alec —, para eso necesito asegurarme que puedes usar tu brazo con normalidad.

Lo observé en silencio.

—Lucha conmigo, Blackthorn.

Inhalé.

—¿Disculpa?

Se paseó a mi alrededor, casi bailando, hasta detenerse detrás de mí. Lo miré sobre mi hombro. Una sonrisa rompió la seriedad de su rostro.

—Lucha conmigo. Necesitas entrenar tu lucha con el brazo herido. Puedo ayudarte con eso.

Mis mejillas ardieron y no por primera vez agradecí tener el velo en su lugar, protegiéndome de esa mirada curiosa.

—No es necesario —dije rápidamente, buscando alguna excusa para escapar —puedo entrenar sola. O puedo pedirle ayuda a Will o Park, no tienes…

No tienes que ser tú.

La sonrisa abandonó su rostro. Las palabras no habían escapado de mi boca, pero lo había entendido de todas formas.

—Entrenarás conmigo —dijo, su voz llenándose de autoridad nuevamente —. No quiero oír nada más al respecto.



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En el texto hay: romance paranormal, dioses, magia

Editado: 25.10.2026

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