Apsara

CAPÍTULO 17

—Será mejor separarnos aquí —miré sorprendida hacia Alec, mientras detenía la camioneta en medio de un camino rodeado de frondoso bosque. El escenario perfecto para morir asesinado si me lo preguntan.

—¿Separarnos? ¿No estábamos visitando a tu…a Nuvis?

Un pesado silencio cayó sobre nosotros, todos incómodos con mis palabras todavía colgando en el aire. Alec alejó su mirada de mí, sus ojos en el camino frente a nosotros apenas iluminado; nos había llevado unas buenas horas de viaje llegar a Foxley Wood, sus manos aferradas al volante hasta el punto de tener los nudillos blancos.

—No se presentarán ante Nuvis —dijo, apenas modulando entre dientes —yo lo haré. Solo.

¿Solo? Había perdido la razón.

Abrí la boca para discrepar, pero Park eligió ese momento para interrumpirme; quizás escuchando lo que Alec se negaba a decir.

—Rastrearemos a los desertores, puedo sentirlos en el bosque, pero están muy lejos para llegar a ellos. Y están por todas partes, parece que buscan algo.

Alec asintió, su agarre relajándose apenas. Finalmente me prestó atención, una disculpa en su rostro; suspiré. Siempre podría interrogarlo después. La mirada que me lanzaba me dijo que él sabía que no lo dejaría aquí.

—¿Podrás con esto? Tu brazo aún no ha terminado de sanar.

Después de nuestro tenso entrenamiento me había obligado a dejarlo revisar la herida verificando que, a pesar de la incomodidad, seguía intacta; todavía sanando. Ahora mismo ni siquiera la sentía.

Supongo que el coctel de analgésicos que había tomado antes de emprender el viaje tenía algo que ver con eso.

—Estoy bien —dije, restándole importancia —ya ni lo siento.

No era una mentira después de todo.

Escuché una tos en el asiento de atrás, sospechaba que Park estaba metiéndose donde no era bienvenido, de nuevo. Lo ignoré.

—Bien, nos veremos en este punto en cuatro horas. Es el tiempo límite, no intentes ser una heroína, si te acorralan, huye.

—¿Huir? ¿Cómo una cobarde?

Sus ojos dorados me detuvieron.

—Como una sobreviviente, Marin. No quiero tener que despedirme de ninguno de mis hombres. Eso te incluye.

—¿Entonces esta es una orden?

—Así es. Te ordeno que regreses a mí.

Mis mejillas enrojecieron por la forma en la que lo dijo. Definitivamente estábamos creando un ambiente incómodo ahora mismo.

—Odio interrumpir —dijo Park, claramente contento de interrumpir —pero los desertores siguen alejándose. Tenemos que irnos.

Asentí, abriendo mi puerta. Park y Will siguieron mi ejemplo, bajando de la camioneta. Saqué la mitad de mi cuerpo cuando una mano en mi antebrazo me detuvo. Miré sorprendida hacia Alec, encontrándolo observándome con una intensidad correspondiente a su fuego.

—¿Está todo…bien?

Alec reforzó su agarre, arrastrándome al interior nuevamente, entonces su otra mano se alzó hasta dar con el extremo de mi velo, retirándolo de mi rostro. Mi aliento se detuvo mientras el aire frío se colaba por su ventanilla y acariciaba mi piel. Su mirada abandonó la mía mientras sus ojos recorrían el territorio recién descubierto. No podía hablar, la emoción enmudeciéndome. Una parte de mí deseaba esconderse, aterrada de ser expuesta de esta forma, tan abiertamente; pero Alec no parecía estar juzgándome, no. Sus ojos brillaban con algo muy parecido a…la admiración.

Alec Nuvis ciertamente no podía estar pensando en…

Su boca se cerró sobre la mía, robándome un chillido de sorpresa. Los bordes ásperos de una barba en crecimiento me hicieron cosquillas, su boca se moldeó a la mía, provocándome, incitándome a seguirlo en un lento baile. Y lo hice. Dejé que sus labios persuadieran a los míos a abrirse, saboreé su sabor; un poco del café que habíamos conseguido en el viaje, un poco de él. Casi podía saborear la ahumada esencia de su magia. Todo en él era fuego, incluso sus besos.

No había estado tan errada al asumir que tarde o temprano me quemaría.

Nos separamos reaciamente, apenas alejándonos un par de pulgadas, su mirada ardía mientras me miraba.

—Ten cuidado, por favor.

Por favor.

Una emoción me ahogó, no estaba acostumbrada a sentir esto. La forma en que Alec me estaba mirando nada tenía que ver con la manera tierna en que Mason era conmigo.

—Tú también —dije torpemente —te veré en cuatro horas.

Salí de la camioneta ignorando las sonrisas cómplices de Park y Will, adentrándome a la masa de árboles con un malestar en mi pecho. Le había dicho que regresaría, aun sabiendo que no podía asegurar algo así.

Alec Nuvis estaba poniendo mi mundo patas arriba. Y eso era aterrador.



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En el texto hay: romance paranormal, dioses, magia

Editado: 25.10.2026

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