Jamás volvería a quejarme sobre la cacería en las ciudades.
Tropecé por quinta vez con una raíz, maldiciendo en voz baja mientras las hojas secas crujían bajo mis botas. A este paso anunciaría a todos los desertores del área de mi llegada. Si bien la magia de Will había despejado los senderos, todavía quedaban algunos restos superficiales y las propias raíces de los árboles que no se irían a ningún lado.
Había decidido hace una hora que tendría una charla con el chico sobre ese gps interno suyo, claramente estaba defectuoso porque lo único que había encontrado en la dirección en la que me había enviado eran hojas secas y raíces decididas a romperme el cuello. Ni siquiera podía oír el canto ocasional de algún ave ya. Ese pensamiento me detuvo, mis sentidos elevándose con fuerza, casi dejándome mareada.
Definitivamente ya no recurriría a los analgésicos antes de alguna misión.
No podía oír ningún sonido además de mis ocasionales maldiciones, o el crujir de las ramas y hojas caídas. Pero estaba segura que había oído el ulular de un búho unos minutos antes.
¿O estaba enloqueciendo?
Aguanté mi respiración mientras me concentraba en mi entorno, buscando signos de alguna mente además de la mía. No parecía haber nada, pero…allí. Un latido débil como si se estuviera apagando. Seguí el extraño rastro, preparándome para lo que sea que pudiera encontrarme.
Caminé diez minutos hasta que la señal se detuvo abruptamente.
¿Qué mierda? Paré en seco, mirando alrededor. No tenía idea de lo que fuera que me estuvo llamando, pero no conocía nada que pudiera acallar la mente de esa forma, era casi como si…estuviera muerto.
¿Había llegado demasiado tarde? ¿Otro desertor había elegido terminar con su vida a caer en nuestras manos? La imagen del tipo cortándose la garganta se coló en mi mente, estremeciéndome. Cerré los ojos intentando desesperadamente borrar el recuerdo, no tenía sentido, ¿por qué elegiría morir a enfrentarse a mí? Nada de esto tenía ningún…
Un búho ululó sobre mí.
Abrí los ojos sorprendida, observando alrededor por el siniestro animal. Lo encontré sobre una rama baja, observándome con sus inquietantes ojos enormes. Su color blanquecino le hacía inconfundible entre el follaje, su mirada nunca se apartó de mí mientras me acercaba. Me detuvo a los pies de la rama, por curiosidad extendí mis sentidos hacia él, pero solo recibí el mismo cosquilleo que sentía al contemplar la mente de animales; nada emocionante allí.
—Hola, amiguito, has estado siguiéndome, ¿verdad? —extendí una mano lentamente, mis dedos picando por intentar tocar su plumaje.
La mirada que me estaba dando parecía retarme a intentar acariciarlo.
¿Los búhos eran peligrosos? No lograba recordar ningún documental animal en este momento, pero su extraña presencia me mantenía absurdamente tranquila. Como si supiera que no me haría daño.
Genial. Había terminado de enloquecer.
—¿Cómo te llamas?
Casi esperaba que el misterioso animal respondiera. No lo hizo, sin embargo, fue otra voz la que nos interrumpió.
—Su nombre es Baltazar —dijo la gruesa voz a mis espaldas, me tensé maldiciéndome internamente por no haber estado prestando atención; el maldito bicho había sido una distracción, una acertada —, aunque también responde a Baz, es un rebelde.
Baz ululó una última vez al recién llegado y emprendió vuelo, alejándose. Me giré hacia el dueño de la rica voz, un acento espeso bordeaba sus palabras, pero por mi vida podría localizar el origen.
Su belleza me golpeó como una patada. Su cabello corto brillaba en hilos plateados, cayendo desordenadamente sobre su frente mientras inclinaba la cabeza, examinándome también. Mi velo escondía cualquier rasgo memorable, pero eso no pareció detenerlo en su examen. No veía un motivo para detener el mío, tampoco.
Su tez era inusualmente dorada, como besada por el sol constante, reforzando mis sospechas de que no era de por aquí. Era alto y fuerte, pero no gigante como Will, su figura era más elegante, pero no por eso menos poderosa.
Su mirada se encontró con la mía, robándome el aliento.
Ojos plateados.
Casi podía ver su magia escapando de esos pozos cristalinos. Nunca había visto una magia así.
¿Era un desertor?
¿Por qué no estaba atacándome?
Más importante aún, ¿por qué no lo había atacado yo aún?