Apsara

CAPÍTULO 22

Llegamos a la Academia con el amanecer, no nos habíamos detenido en ningún momento por temor a que la desertora causara problemas y tengamos demasiados testigos; desafortunadamente eso significaba que apenas podía mantener mis ojos abiertos al tiempo que cruzábamos las grandes puertas de la fortaleza; los caminantes en el muro dejándonos pasar al comprobar la identidad de Alec.

Todos bajamos de la camioneta soltando suspiros agradecidos; no era la única que habría preferido estirar las piernas una o dos veces en todas esas horas de viaje. Alec le dirigió una mirada a Park y supuse que también le habló en su mente porque lo siguiente que supe fue que Park asentía y arrastraba a nuestra prisionera rumbo a donde sabía se encontraban los calabozos de la Academia.

Una sensación fría me invadió, nunca había pisado ese lugar, pero había oído historias de terror llenas de fantasmas y gritos en la oscuridad sobre los helados rincones de piedra escondidos bajo tierra. Al juzgar por la expresión dudosa de la chica, ella había escuchado los mismos rumores.

Park bufó, no sabía si se burlaba de mis pensamientos o los terrores de ella. No iba a preguntar.

—Pido permiso para ausentarme unas horas —la petición de Will llamó la atención de todos, incluso Park detuvo su caminar para mirar incrédulo en su dirección.

Alec lo observó esperando en silencio.

—Me gustaría comprobar el estado de Zoe.

Ahora la que miraba incrédula era yo. Alec luchó con una sonrisa mientras asentía.

—Te pido actualizaciones.

—Por supuesto —Will se alejó, en busca de Zoe supuse.

—Bueno…—Park seguía mirando incrédulo hacia la amplia espalda de Will, husmeando en sus intenciones ocultas imaginé.

—Park.

La voz de Alec no admitía discusión.

Park espabiló, recordando que tenía una misión.

—Sí, sí. Ya voy.

La mirada de la desertora se encontró con la mía mientras se alejaba, me negué a reaccionar a pesar de que todo dentro de mí exigía respuestas. No había dicho nada más después de su declaración de que teníamos una “amiga” en común. Una amiga que al parecer le habría hablado tanto de mí que podía reconocerme con una simple mirada. Me moría por hacer preguntas al respecto, pero Alec había dejado claro que sería el concejo quienes llevarían a cabo el interrogatorio.

—¿Estás bien?

Aparté mi atención de Park y la chica para encontrarme con Alec; se había acercado en mi distracción y ahora apenas nos separaban un par de pisadas. Miré rápidamente alrededor del patio central en busca de posibles espectadores, pero además de los guardias en los muros no parecía haber nadie cerca.

—Sí, por supuesto. Sólo me preguntaba…no mentí. Antes cuando me preguntaste si la conocía. No lo hago, no sé quién es ni cómo me reconoció.

Alec asintió, sus ojos dorados manteniendo mi mirada cautiva.

—Lo sé —dijo simplemente —Park me hubiera alertado si ese no fuera el caso.

Quise protestar, pero me contuve. No necesitaba que Park testificara a mi favor, mi palabra debería ser más que suficiente.

—Escucha —dijo —sobre lo que sucedió con la deidad…

Ojos plateados se interpusieron en mi mente.

—Tampoco mentí entonces —casi gruñí, esto de defender mi inocencia no se me daba muy bien —. No sé quién era.

Y al menos tenía la satisfacción de que la deidad tampoco había descubierto mi identidad.

Alec asintió, aunque una mueca se instaló en los bordes de su boca. No estaba contento.

—Mira podemos hablar sobre…

—¡Marin!

Ambos nos giramos hacia el dueño de la voz, Mason atravesaba el patio en nuestra dirección; su vestimenta de entrenamiento sobre él, hoy no se encontraba custodiando las puertas.

—Supongo que los dejaré solos.

Antes de que pudiera responder Alec se alejó a grandes zancadas, no tuve tiempo de verlo desaparecer dentro del edificio porque lo siguiente que supe fue que unos brazos fuertes me alzaban del suelo en un abrazo y me hacían girar alrededor. La risa de Mason hizo cosquillas en mi oído mientras me dejaba nuevamente sobre mis pies y retrocedía un paso o dos lejos de mis golpes.

—Idiota —me quejé.

Su sonrisa no decayó mientras me observaba de pies a cabeza, entonces como si recordara que no me encontraba sola miró hacia donde Alec se había marchado. Seguí su mirada, pero no había rastros de Alec Nuvis.

Suspiré.

—¿Qué hiciste para enfurecer al príncipe tan temprano?

Lo observé en silencio. Soltó un bajo silbido.

—Creo que necesitas gastar frustraciones tanto como yo —dijo, un brazo rodeo mi cuello mientras nos encaminaba hacia el gimnasio —y sé perfectamente cómo hacerlo.

Ignoré la insinuación mientras le permitía arrastrarme lejos del patio.

Gruñí lanzando el cuerpo de Mason sobre el tatami, el sudor bajaba como un río por mi espalda y no quería imaginar el aroma que me rodeaba ahora mismo, pero él había estado en lo cierto; una lucha cuerpo a cuerpo era lo que necesitaba para deshacerme de mis frustraciones, como lo había llamado. No es que iba a admitirle eso.



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En el texto hay: romance paranormal, dioses, magia

Editado: 25.10.2026

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