Apsara

CAPÍTULO 24

Fue demasiado tarde para escapar.

La cabeza oscura salió del agua, la mirada dorada encontrándome de pie junto a la piscina, todavía un poco aturdida por toda la piel bronceada que había vislumbrado mientras nadaba. Las gotas se aferraban a los oscuros mechones pegados en su frente mientras permanecíamos en silencio, simplemente observándonos mutuamente. Su mano se alzó para borrar la humedad de su rostro mientras comenzaba a caminar hacia mí, el agua acariciando su cuerpo al avanzar, revelando más y más de su desnudez.

Él no iba a seriamente caminar desnudo en mi presencia, ¿verdad? Un lado de su boca se alzó, como si adivinara a dónde habían ido a parar mis pensamientos.

Por supuesto que lo haría.

Sabía que tenía que apartar la mirada y esperar a que se vistiera. Beso de por medio o no, Alec seguía siendo mi superior. Y esto…lo que sea que estábamos haciendo ahora mismo, era increíblemente imprudente. Casi obedecí a la pequeña voz de la razón, girándome para darle algo de privacidad antes de enfrentarlo; pero entonces su mirada atrapó la mía y lo que vi allí gritaba más alto que cualquier vestigio de sentido común que me quedara. Desafío. Denso y crudo.

Alec me estaba retando a permanecer de pie frente a él, observando como su cuerpo se revelaba mientras el agua descendía con cada paso que se acercaba a mí. Quería probarme, empujarme para que rompiera las reglas.

Y quizás, yo lo quería también.

No me giré. En su lugar dejé que mi hambrienta mirada bajara, la piel bronceada brillaba bajo el suave resplandor platinado de la luz que entraba por las aberturas talladas en la roca del techo y las superficies espejadas. Podía observar la dureza de sus músculos, incluso en la distancia. No estaba sorprendida por eso. Nuestra formación había pulido no sólo nuestras mentes, también habían trabajado nuestros cuerpos. Éramos máquinas de matar después de todo; todos entrenábamos duramente y nos esforzábamos incluso más que eso. Sabía que su cuerpo estaría cuidadosamente tallado; pero verlo en persona no le quitaba el dulce sabor. Las gotas se aferraban a él, reacias a soltarlo. Y no podía culparlas. Alec era hermoso. No sólo en el exterior, había algo en él, en su caminar, en la confianza que parecía rodearlo como su propia aura. Quizás era su poder, demostrando que era increíblemente poderoso incluso para ser un caminante, quizás simplemente era él. Su esencia.

Me concentré en su imagen, en sus hombros anchos y fuertes; en las oscuras sombras que suponían sus pezones en comparación al mar dorado de su piel. Y había algo más. Un diseño protuberante interrumpiendo la superficie lisa de su pecho, justo encima de su corazón.

Su marca. Su juramento de lealtad.

No podía verlo con claridad a esta distancia, pero conocía el diseño por Mason, sabía lo que vería; el escudo de la Academia, una espada y una rosa entrecruzadas, y por encima de éste, el símbolo elemental de la deidad que le había dado la vida. Una llama encendida, en su caso.

El agua se encontraba a la altura de sus caderas, distrayéndome de cualquier otro pensamiento que pudiera tener. Las líneas allí eran otro tipo de marcas que tenían toda mi atención. La V se acentuaba, profunda e imponente, dando paso a…

Un trozo de tela azulada emergió del agua, ocultando el resto de su desnudez.

La decepción que me aplastó fue humillante, su risa ronca sólo lo empeoró.

—No creías que realmente estaría nadando desnudo aquí, ¿verdad? —preguntó sonriendo, finalmente alcanzándome —No me sentiría seguro con tantos ojos curiosos dando vueltas —su mirada me recorrió a consciencia y tuve que admitir que, si bien estaba cubierto, ese pedazo de tela hacía poco y nada por ocultar lo interesado que se encontraba ahora mismo. Alcé la mirada rápidamente, horrorizándome al comprender que estaba jodidamente ruborizada —. No importa lo tentadores que me resulten estos ojos curiosos.

No iba a responder a eso.

—Estaba buscando a Mason —dije, porque no sabía qué otra cosa decir frente a mi jefe a quien no sólo había besado sino también había espiado con la esperanza de encontrarlo desnudo. Tragué —. Obviamente no está aquí.

—Obviamente —murmuró mientras se estiraba hacia una toalla gris que en mi descuido no noté.

La tela acarició toda esa piel, borrando finalmente las gotas persistentes. Casi sentí pena por eso. La mano se detuvo y alcé la mirada otra vez para encontrarme nuevamente con su sonrisa burlona. Mierda, atrapada. Sacudí mi cabeza esperando borrar los pensamientos traicioneros con la acción. No funcionó.

—Bueno, como no está, seguiré buscándolo en otro lugar…

—Espera —colgó la toalla sobre un hombro mientras se acercaba hasta detenerse a un paso, alcé la mirada para encontrarme con la suya, la diversión borrada de su expresión —hay algo de lo que quiero hablar contigo.

¿Hablar conmigo? Me tensé. Supuse que en algún momento mencionaría el beso, después de todo el recuerdo del mismo había viajado con nosotros desde Foxley Wood, ocupando un asiento en el interior del coche; pero no estaba segura de tener una respuesta, ni siquiera estaba segura de cuál sería su pregunta.

¿Me gustó? Sí, no podía mentirme. Lo había disfrutado, y eso me aterraba.

¿Podía fingir que nunca sucedió? Quería creer que sí, pero no estaba tan segura.



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En el texto hay: romance paranormal, dioses, magia

Editado: 25.10.2026

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