Apsara

CAPÍTULO 27

Nadé con furia, el enojo instándome a seguir moviendo los brazos a pesar de que sentía que los músculos ardían. La otra alternativa era detenerme y sospechaba que mis extremidades caerían apenas dejara de nadar.

Así que nadé, y nadé y nadé. Hasta que sentí que podría morir y caer en el fondo de la piscina, mi cuerpo perdiéndose en las sombras, en lugares que la luz no lograba tocar. Y esa era una mejor alternativa a lo que me esperaba el día siguiente.

Mi juramento de lealtad.

Mis pulmones ardieron, recordándome que había pasado demasiado tiempo desde que respiré, por lo que alcé mi cabeza jadeando. La distracción fue suficiente como para perder el ritmo de las brazadas y mi cuerpo entero tembló en protesta por el duro trato. Si no salía rápidamente del agua mi premonición bien podría hacerse realidad.

—Deberías descansar.

No.

Su voz venía de la zona más oscura de la habitación, y me preguntaba cuánto tiempo llevaba esperando, observándome en mi lento camino a la locura. Me obligué a nadar en dirección a esa voz, mi cuerpo entero protestando y rebelándose a la acción.

Se encontraba sentado en el borde de la piscina, sus piernas balanceándose, sus pies hundidos en el agua. Desde mi posición sólo veía sus piernas desnudas y la amplitud de su pecho, sus brazos soportaban su peso mientras se recostaba hacia atrás; totalmente cómodo con su desnudez. Su cabello oscuro caía sobre su frente mientras me observaba en silencio, esperando.

—No deberías estar aquí —dije, notando tardíamente que sonaba sin aliento.

Una ceja oscura se alzó, desapareciendo tras los mechones en su frente.

—Podría decirte lo mismo. Mañana es un gran día, deberías estar descansando.

Mañana.

Miré hacia la superficie cristalina, las sombras volvían imposible la vista del fondo. Me pregunté cuánto tiempo le tomaría a la Academia descubrir mi cuerpo en la oscura profundidad.

—Marin.

Lo miré.

—No podía dormir —dije, sorprendiéndome al responder con la verdad.

Sus ojos escanearon mi rostro, quizás notando por primera vez que no llevaba ninguna máscara y no hablaba sólo del velo que permanecía en mi habitación, no estaba escondiendo mi verdad de sus ojos; ojos que podían sentenciarme.

—Sé que lo que diré sonará estúpido, pero ¿a qué le tienes miedo? Eres una gran caminante, has ido a más misiones por tu cuenta que muchos de los que pertenecen a los grandes escuadrones. Entonces, ¿por qué hacerlo con la marca de la Academia en ti lo hace diferente?

Cómo explicarlo para que el caminante perfecto lo entendiera.

—La primera vez que te vi —comencé, aturdiéndome al comprender que iba a confesarle algo así a nada más y nada menos que Alec Nuvis —, lo recuerdo.

Silencio.

—Yo también lo recuerdo —susurró.

Lo miré esperando algún sentimiento en su rostro, pero permaneció inescrutable, esperando por mis palabras.

—Creí que iba a morir esa noche —continué —, lo deseaba. Estaba más allá de sentir dolor y lo que me hicieron…

—Fueron unos monstruos —el gruñido en su voz demostrándome un sentimiento más allá de su máscara, la furia —. Me alegro haberlos matado, desearía poder hacerlo otra vez. Y otra vez.

Mi ángel vengador. Sonreí.

—Me marcaron —dije, y pude notar la sorpresa parpadeando en su rostro —, no me quitaron mi poder; pero se aseguraron de dejarme algo para que los recordara constantemente. Cada vida que salvo, cada hechicero que mato. Nunca se trata sobre ellos, ¿sabes? Siempre es sobre mí, sobre mi venganza.

Alec me estudió en silencio.

—Es como…como si con cada muerte de uno de ellos recupero un pedazo de mí, un poco de lo que me quitaron. Pero también parece un ciclo sin fin, como si jamás voy a conseguir todas las piezas, siempre habrá partes que se llevaron y yo nunca recuperaré.

Si mañana era mi último día, bien podría decir mis últimas palabras.

—Y este juramento. El hecho de que necesiten marcarme para asegurarse de que les pertenezco. Como si necesitara otra marca más —me reí sin humor, Alec simplemente me miró —¿Cómo puedo jurarles mi alma cuando todavía no consigo todas las piezas?

Alec me sorprendió metiéndose en el agua, acercándose hasta que estábamos frente a frente, casi tocándonos. Una de sus manos emergió del agua, bañándonos a los dos con pequeñas gotas salpicando, sus dedos tocaron suavemente la cicatriz en mi rostro, recorriéndola con tanto cuidado que quise llorar.

—No eres una suma de todas las partes, Marin —susurró, casi se sentía como si estuviéramos compartiendo un secreto en el cobijo de la oscuridad y quizás lo hacíamos —. Simplemente eres tú. Con todo lo malo, sí; pero también todo lo bueno. Y aunque se trate de tu venganza, todavía arriesgas tu vida para salvar la de alguien más. Deberías darte más mérito.

Su dedo recorrió una última vez la marca en mi rostro antes de descender lentamente por mi garganta, atrapando mi aliento, sus ojos siguieron la huella de sus dedos, deteniéndose en mi clavícula. Pensé que se detendría ahí, pero otra vez me sorprendió al apartar la tira de mi sujetador, bajándola por mi brazo.



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En el texto hay: romance paranormal, dioses, magia

Editado: 25.10.2026

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