El caos se desató en el salón.
Después de que el estupor por parte de los miembros del Concejo desapareció, todos comenzaron a hablar al mismo tiempo; entre protestas y preguntas inquisidoras sobre la posible relación entre esta deidad y una simple bastarda no reclamada. Fue la voz de la duquesa Nadine la que sobrepasó al resto, dirigiendo su pregunta a Tammen mientras sus ojos astutos y maliciosos me recorrían, descartándome para regresar a la deidad junto a mí; su mirada brillante con interés nada disimulado.
—¿Cuál es el motivo de tal exigencia? Esta caminante pertenece a la Academia Blackthorn y el Concejo tiene derecho a conocer todos los detalles de tal petición. Nos concierne.
Quise hacer una mueca ante semejante discurso de propiedad, estaba más que claro que yo no era una persona para ellos; no era más que un mueble que les pertenecía, como ese trono, como la mesa detrás de la que se sentaban. Era suya, simple y llanamente.
Tammen no parecía intimidado por la bravuconería del Concejo; imagínate.
Descartó las palabras de la duquesa sin siquiera concederle una respuesta, en su lugar regresó su atención a mí. Sorprendiéndome con la confianza con la que me habló.
—Necesito que reúnas un equipo —dijo mientras mi sorpresa sólo iba en aumento —no más de cinco personas, y sólo reúne a personas en las que puedas confiar. Regresaré por la mañana y nos iremos. Te explicaré el resto en el camino, no se preocupen por sus herramientas, tengo todo lo que necesitarán.
Seguía demasiado aturdida como para hacer otra cosa que no sea asentir.
—Tammen —esta vez fue Fairfax quien habló, claramente había escuchado las palabras de la deidad y no estaba dispuesta a ceder a las demandas del dios —. Me temo que Marin pertenece a un escuadrón liderado por Alec Nuvis, puedo solicitar su presencia para que discutas con él los detalles de esta…misión.
Por supuesto, después de todo sólo los cabecillas eran los que tenían todos los detalles de las misiones. Iba a ofrecerme para ir en busca de Alec, cuando Tammen habló.
—¿Está Alec Nuvis entre las personas que ibas a elegir para tu equipo?
Me tomó un momento comprender que se estaba dirigiendo a mí. Asentí.
—Sí, iba a pedirle a mi escuadrón que me acompañara en esta misión. Puedo ir en busca de Alec…
—No —me detuvo, una de sus manos tocando mi brazo, sobre la tela del velo enrollada allí —. Estará en tu equipo, pero seguirá tus órdenes. Quiero que tú seas la que dirijas esta misión.
Mi primera misión como comandante, y sin haber jurado lealtad. No podía creerlo. La mirada de Tammen se dirigió al Concejo, descartándolos después de un segundos; entonces volvió a mí.
—Te veré por la mañana, Marin.
Lo observé salir del salón, como si fuese el amo y señor de todo lo que pisara, preguntándome si esas palabras eran una promesa o una amenaza.
—A ver si lo entiendo —dijo Park paseándose de un lado al otro por la sala de estudio en la que les había citado para darles la gran noticia. Su caminata se detuvo mientras se giraba hacia donde estaba, sentada sobre uno de los escritorios oscuro de madera; Mason ocupaba la silla junto a mí, sus largas piernas extendidas frente a él mientras sus brazos se cruzaban en una falsa postura relajada. Alec y Will habían preferido permanecer de pie cerca de la pizarra —¿la deidad con la que luchaste en Foxley Wood no es otra que Tammen? ¿el jodido dios de la vida?
Aquí íbamos otra vez.
Tan pronto como había logrado huir del Concejo, corrí hacia la biblioteca donde descansaban todos los escritos y registros de las deidades, en busca de información sobre Tammen. Necesitaba saber a dónde me estaba metiendo, y lo hice. Sólo para horrorizarme al descubrir que no era otro sino una de las cuatro deidades primordiales, un dios de la vida. Estaba buscando información sobre el Simposio cuando Mason me había encontrado.
Y aquí estábamos.
—Y no sólo interrumpió tu ceremonia de juramento, sino que además te nombró comandante de una misión secreta de la que ni siquiera el Concejo está al tanto.
Asentí.
—Ese es un buen resumen —dije, ganándome una mirada divertida de Mason —gracias por tus servicios, Park.
Park parecía listo para decirme una cosita o dos, pero Alec nos interrumpió.
—¿Entonces quieres que formemos parte de tu equipo?
Lo miré, notando que su rígida no había cambiado desde que había ocupado el lugar junto a Will; lanzándonos una mirada a Mason y a mí. Suspiré, teníamos tanto de qué hablar, pero me negaba a pensar en eso con Park en la misma habitación.
—Ustedes son mi equipo —dije, encontrándome con la mirada de cada uno, incluso con el idiota de Park —. Tammen dijo que sólo eligiera personas en las que podía confiar. Confío en ustedes.
Y lo hacía, la idea sorprendiéndome todavía. Pero los chicos me habían demostrado que arriesgarían su pellejo por el mío, si podían confiar en mí de la misma forma en esta misión, entonces no necesitaba considerarlo más.
Alec asintió, alejándose unos pasos hacia la salida.
—Entonces nos uniremos a ti. Nos encontraremos con la primera luz en el patio central.