Apsara

CAPÍTULO 34

Esperamos a que la camioneta se detuviera detrás de nosotros antes de bajar. Tammen había anulado el escudo que nos envolvía mientras nos estacionábamos, el tiempo suficiente para transmitir el plan a Park y que éste les dijera a todos lo que teníamos que hacer.

Alec fue el primero en alcanzarme, su mirada recorriéndome como una lenta caricia, en parte preocupada, en parte íntima. Sentí la presencia de Tammen detrás de mí, la mirada de Alec abandonándome para dirigirse a la deidad, su mandíbula trabajando con la tensión.

—No hagas eso —dijo, una indudable orden, como si no estuviera hablándole a nada más y nada menos que una maldita deidad, y no cualquier deidad; una jodida deidad primordial. Intenté transmitirle el mensaje de que se detuviera antes de que hiciera algo que lo metiera en problemas, pero mi velo no hacía mucho para dejar entrever mi expresión, y por su parte, Alec tenía toda su atención en Tammen, ni siquiera echando un vistazo en mi dirección —. No nos advertiste que no tendríamos acceso a Marin, no estábamos seguros de que estaba bien. Somos su pelotón, no podemos estar incomunicados con nuestro capitán.

Tammen, lejos de sentirse intimidado ante las llamas ardiendo en la mirada de Alec, sonrió divertido. Caminando hasta detenerse a mi lado, me tensé mientras sentía su cuerpo aproximándose.

—Cuidado, caminante —la amenaza flotaba en el aire entre los tres —podría olvidar quien eres. Podría elegir no recordar quién es tu papi.

La mandíbula de Alec se movió ante la mención de Nuvis, tenía que detener esto ahora mismo.

—Lamento interrumpir —dijo Mason, bendito sea —, pero deberíamos hacer esto antes de que más personas se acerquen.

Miré hacia la pareja extranjera caminando hacia su coche y largándose, claramente debido a algo susurrado por Will quien se encontraba de pie donde antes habían estado ellos; tomándose fotografías cerca del monumento.

Me relajé mientras Tammen asentía y se unía a Will, el intercambio con Alec olvidado. Por el momento. Sintiendo la tensión todavía recorriéndolo, sujeté la mano de Alec, al fin consiguiendo tener su atención.

—Oye —susurré, una mirada rápida me aseguró que estábamos solos, los demás siguiendo a Tammen —¿está todo bien?

Su mirada seguía en nuestras manos unidas, me dio un apretón antes de soltarme.

—Sí, lamento eso. Yo sólo…cuando Park nos dijo que no podía leerte, a ninguno de los dos…

—Lo entiendo. Lamento eso, Tammen puede bloquear a Park. No lo supe hasta que ya fue demasiado tarde.

—¿Por qué haría algo así? Quiero decir, ¿te dijo algo o…?

Me moví incómoda, no muy segura de decirle a Alec lo que Tammen me había dicho, no es que se tratara de algún secreto; sólo deseaba que Alec confiara que podía manejar esta misión por mi cuenta, secretos o no.

—Creo que deberíamos unirnos a ellos —dije en su lugar, comenzando a caminar hacia el monumento —más personas podrían llegar. Será mejor que terminemos con esto.

Alec me siguió en silencio, pero sabía que no estaba contento con mi omisión. Con mi silencio.

Park miró en mi dirección mientras nos acercábamos, supuse que comprobando si su poder seguía funcionando en mí. Idiota, pensé nunca apartando mi mirada de la suya. Su boca se arqueó sardónicamente. Supuse que podía escucharme después de todo.

—Deberán concentrarse —comenzó Tammen tan pronto estábamos todos reunidos. Su voz abandonando la simpleza con la que habíamos conversado en el viaje, ahora un poder latente emanaba de él con cada una de sus palabras. Era poderoso, antiguo, y se sentía extraño estar en su presencia; casi podía sentir a mi propio poder responder, como si estuviera escuchando un canto, un llamado. Intenté concentrarme en lo que decía, luchando con la extraña sensación formándose en mi interior —el lugar al que iremos jugará con sus mentes, es un plano conocido por albergar los deseos más profundos de las almas. Y cosas peores. Cosas que no necesitamos despertar hoy, por lo que deberán ser cuidadosos. Encuentren lo que vinimos a buscar y regresaremos. Sin inconvenientes.

Decirlo era mucho más sencillo que hacerlo, pensé. Tammen eligió ese momento para encontrarse con mi mirada. Moví mi peso de un pie al otro, atrapada.

—¿Cómo sabemos que el libro que buscamos es el que encontremos?

Agradecí en silencio la pregunta de Mason, ya que alejó la atención de Tammen de mí.

—No es cualquier libro. Como imaginaran, es muy importante. O no estaríamos haciendo este viaje tan peligroso —¿peligroso? —. El libro que buscamos responde al nombre de Animarum.

¿Responde? Abrí la boca para preguntar, pero Park fue más rápido.

—Espera, conozco el término —su mirada sorprendida y quizás hasta un poco temerosa estaba en Tammen —¿te refieres al libro de las almas? ¿es eso lo que estamos buscando aquí?

Un escalofrío me recorrió, erizándome la piel. Después de todo, también reconocí el término. Todos lo hicimos, al juzgar por las expresiones asustadas.

El libro de las almas era como el coco para los seres mágicos, una leyenda tan antigua que nadie sabe dónde se originó. Tampoco se conoce su autor. Sólo sabemos, como en cualquier leyenda, que son malas noticias. No era un libro cualquiera, ni siquiera estaba segura si realmente se trataba de un libro. Después de todo, ¿cómo podía un libro infundir tanto temor? Lo cierto es que nadie lo sabía. Pero sí sabían de su poder. El libro de las almas contenía el registro de todas las almas que existieron alguna vez, marcadas y plasmadas en las polvorientas hojas. Sus destinos sellados para siempre. Si sólo fuera ese el caso supongo que no sería tan terrible, pero por supuesto no terminaba allí. La leyenda decía que cualquier mortal en atreverse a tocar dicho libro se enfrentaría a un destino peor que la muerte. ¿Qué podría ser peor que la muerte? Me costaba imaginarlo.



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En el texto hay: romance paranormal, dioses, magia

Editado: 25.10.2026

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