No fue sino hasta después de que pude tener ese deseado baño caliente que noté lo hambrienta que estaba. Suspiré, desviando mi camino hacia la cafetería esperando que todavía estuvieran sirviendo el desayuno; comprendiendo que no conseguiría esas merecidas horas de sueño con mi estómago vacío protestando.
Me sorprendía que no estuviera cayendo desmayada ahora mismo; después de todo habían transcurrido tres días desde la última vez que había dormido algo; ¿o mi cuerpo no podía sentir el paso del tiempo en ese lugar? Eran demasiadas cosas en las que pensar con el estómago vacío.
Park y Will se encontraban en una de las mesas, al parecer ambos habían obtenido ese baño antes que yo y habían decidido comer algo antes de dirigirse a la cama. Me serví un tazón de avena caliente, añadiéndole suficiente jarabe como para tener una sobredosis de azúcar, descarté el café y en su lugar opté por un gran vaso de leche tibia, esperando que la bebida caliente actuara como un somnífero en mi sistema. No es que lo necesitara, sentía que podría caer dormida antes de llegar a mi habitación.
—¿Quiero saber por qué comes como un bebé?
Ignoré la burla de Park mientras ocupaba uno de los asientos vacíos en su mesa. El comedor se encontraba prácticamente vacío, apenas unas pocas personas terminando de desayunar, todo el mundo ya comenzando las actividades del día. Me sumergí en mi tazón de avena, llenándome de la dulce pasta antes de prestarle atención a mis acompañantes.
Will luchaba contra una sonrisa mientras miraba mi plato medio vacío, Park por su parte tenía una mirada horrorizada en mi dirección.
Estaba segura que había batido un nuevo récord.
—Provecho —murmuró el médium mientras vaciaba medio vaso de leche.
—Gracias —repliqué, sintiéndome adormecida ahora que mi estómago estaba lleno y la urgencia del hambre había pasado; entonces añadí notando por primera vez la ausencia de Alec, para mi vergüenza —¿Dónde está Alec?
Ambos compartieron una mirada rápida, antes de que Park se encogiera de hombros. La actitud desinteresada no terminando por convencerme del todo.
—Se retiró a su habitación. Todos necesitamos descansar después de esta misión.
No podía objetar ante eso. Sin embargo, algo en la mirada que habían compartido despertó mis sospechas, el sueño de repente pasando a un segundo plano.
—¿Will? —sabía que no lograría obtener nada de Park. Will, por otro lado. El gigante podría ser feroz en batalla, pero tenía una personalidad amable y honesta. Me diría lo que estaba sucediendo.
Park me lanzó una mirada sucia, adivinando mi truco.
—Estás en tu derecho de guardar silencio —intentó convencerlo —la misión terminó. Ya no es tu comandante.
Pateé a Park por debajo de la mesa, mi mirada encontrándose con la ansiosa expresión del gigante.
—Por supuesto que esta no es una orden, Will. Sólo estoy preocupada.
Will suspiró, como si ocultarme lo que sea que estuvieran escondiendo no fuese una opción, al menos no una que hubiera elegido él, entonces abrió la boca para hablar.
Pero otra voz, y otras palabras, lo interrumpieron.
—Marin Blackthorn —alcé la mirada para encontrarme con uno de los caminantes que solían encargarse de la seguridad de las puertas junto a Mason, no lograba recordar su nombre ahora mismo, pero reconocí el rostro pecoso y los ojos violáceos centellantes de un hijo de Skar —, tienes que acompañarnos.
Miré por encima de su hombro, notando que no se hallaba solo. Otros dos caminantes esperaban alertas a poca distancia. Todos vestían el mismo uniforme oscuro que le había visto vestir tantas veces a Mason durante sus rondas de vigilancia. Eran centinelas.
Las pocas personas que seguían en la cafetería dirigieron su atención hacia nosotros, supuse que era todo un espectáculo. Tantos guardias para arrestar a una simple caminante.
Me hacían lucir…peligrosa.
—Voy a necesitar que seas más específico —bromeé, la tensión inundando mi voz mientras sentía la alerta despertando todos mis músculos a la vez, mi mano se cerró alrededor de la cuchara como si necesitara la falsa protección de un arma.
Una sonrisa sardónica se apoderó de la boca del caminante.
—Estás arrestada por el delito de traición —una sola ceja rojiza se alzó en burla mientras las palabras que acaba de decir se repetían como un eco en mis oídos —¿es eso suficientemente específico para ti?