Apsara

CAPÍTULO 45

La resignación era incluso peor que todas las fases anteriores.

No se me había ocurrido ningún plan maestro para escapar del que parecía ser mi destino en las horas posteriores a la visita de Alec. Habían traído una bandeja con comida, algún puré amarillento de apariencia arenosa y un vaso de agua que había mojado el bollo de pan. No me molesté en probar ninguno, cediendo sólo ante las súplicas de mi cuerpo deshidratado y bebiendo el vaso de agua antes de regresar al camastro. Me hice una bola, enrollándome en mí misma mientras rogaba por el bendito escape temporal que me proporcionaría el sueño.

No conseguí más que unas pocas horas dormitando dentro y fuera de la inconsciencia, sintiendo tanto frío que mis dientes se sentían a punto de comenzar a castañear. Me abracé más fuerte, apretando mis ojos cerrados hasta que vi estrellas tras mis párpados.

La puerta se abrió.

Me giré, incorporándome rápidamente, ¿ya era hora? ¿iban a deshacerse de mí ahora mismo? Ni siquiera podría despedirme de…

—¿Mason?

Tenía que estar dormida. O alucinando. Quizás había perdido la batalla contra la hipotermia y me había ido sin notarlo. Muriendo en esta solitaria celda helada. De pronto deseé hacer una segunda marca en la piedra de la pared, un último intento de imponer mi presencia, decirle al próximo desafortunado que visitara este lugar después de mí que yo había estado aquí.

Yo estuve aquí. No pueden borrarme por completo.

Pero no lo había hecho, la marca, y ahora no quedaba nada mí además de un cuerpo congelado que el Concejo podía quemar hasta las cenizas.

—Hey —susurró la visión de Mason, adentrándose en mi gélida tumba y arrodillándose a mi lado. Su mano encontró mi mejilla, la de la cicatriz, y me pregunté cómo era posible sentir su calor a pesar de estar muerta. La muerte debía sentirse helada, ¿verdad? —Aquí estás.

Aquí estaba, quise llorar, pero ni siquiera tras ese vaso de agua podía ordenarle a mi cuerpo que produjera más lágrimas. Quizás los fantasmas no podían llorar. Desearía haberle hecho esa pregunta a Park antes de…

—No tenemos tiempo, cariño. Tenemos que irnos antes de que las alarmas despierten a todo el mundo.

Lo miré confundida, y asombrada con el detallado recuerdo de su rostro. Podía notar la pequeña marca que había conseguido en su pómulo izquierdo después de su primera misión. Abrí la boca para decírselo, para decirle que lamentaba no haberme despedido apropiadamente, pero su mano abandonó mi rostro y rebuscó en una mochila que no había notado que cargaba con él. Fruncí el ceño mientras me extendía una chaqueta, mi chaqueta de cuero oscuro noté tardíamente, empujándola en mis manos. Mi par de botas favoritas le siguieron, dejándolas junto a mis piernas.

—Aquí. Vístete. Tengo otro cambio de ropa para ti, lo prometo, pero preferiría que nos marcháramos ahora mismo. Podrás cambiarte cuando estemos lejos de este lugar.

El cuero se sintió frío en mis manos, la sensación familiar distrayéndome un momento. Mason hizo un sonido de impaciencia mientras decidía hacer el trabajo por su cuenta, comenzando por calzar mis botas en mis pies.

—También traje uno de tus velos —dijo, con una mano ajustando los cordones del zapato mientras con la otra extraía una tela oscura de la mochila —. Realmente necesitamos movernos rápido, cariño.

Esto estaba sucediendo realmente.

La emoción apretó mi garganta mientras aceptaba la tela familiar, mis dedos estrujándola, aferrándome a esa sensación que reconocía bien.

—¿Estás realmente aquí? —mi pregunta escapó tan bajo que dudé que me hubiera oído, pero lo hizo. Sus manos detuvieron su tarea mientras me miraba —¿No estoy muerta?

Algo feroz se apoderó de su rostro. Algo que me daría miedo si no fuera él, Mason. Mi amigo. Mi familia.

—No, cariño. No estás… —se calló, la palabra rehusándose a ser pronunciada por su boca —. No lo permitiría. Jamás.

Tragué alrededor del nudo, asintiendo como si eso tuviera sentido. Porque lo tenía. Mason daría su vida por mí. Yo daría mi vida por él.

—¿Estás conmigo? —susurró.

Lo miré.

Asentí.

No me tomó mucho tiempo descubrir cómo Mason se había colado en mi celda. Alcé las cejas sorprendida cuando arrastró un cuerpo desde el pasillo, arrojándolo sin miramientos sobre el camastro, cubriéndolo por completo con la delgada manta que sabía por experiencia no proporcionaban nada de calor.

—¿Es ese Lorch? —dije recordando el nombre que Alec había mencionado más temprano, Mason me llevó fuera de la habitación, cerrando la puerta tras nosotros.

Asintió mientras su mano se apoderaba de mi brazo, nos movimos por los pasillos subterráneos rápidamente, me sorprendí con cada vuelta a la esquina que dábamos sin que alguien nos detuviera.

—Se dejó sobornar por una visita rápida —dijo, no había nada de arrepentimiento en su voz —su dinero seguirá con él cuando se despierte. Hizo un servicio excelente.

Quise reír, pero sentía que esto era demasiado nuevo todavía. Demasiado bueno. En cualquier momento alguien quitaría la alfombra bajo mis pies y mi caída sería inminente.



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En el texto hay: romance paranormal, dioses, magia

Editado: 25.10.2026

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