No podía obligarme a conciliar el sueño ni aunque lo intentara con todas mis fuerzas. Mi cabeza seguía dándole vueltas a lo que había sucedido en el pasillo. La presencia de la hermana Clotilde se había visto tan real, tan…material. Habíamos mantenido una conversación como dos viejas amigas que se reencuentran después de mucho tiempo. Nada de esto tenía algún sentido en mi mente.
¿Así lucían los fantasmas que no habían perecido en el tiempo aun? ¿Podían tener conversaciones conscientes como si estuvieran vivos?
Me rendí a mi intento de dormir y caminé hacia mis botas, tomando la navaja de Gretta en mi camino fuera de la habitación, intentando no perturbar el sueño de Mason en mi huida.
Caminé por los pasillos vacíos, sin atreverme a volver al lugar donde había visto a la mujer, temerosa de volvérmela a encontrar. Era risible. Mi miedo hacia un fantasma mientras tenía a todo un ejército de caminantes entrenados sobre mi rastro.
Caminaba cerca de la cocina cuando un sonido me detuvo. Parecían cajones cerrándose descuidadamente. El resoplido ocasional de la persona me decía que era sólo una, y que no estaba muy preocupada en cubrir su huella, sólo parecía apresurada. Una mano en mi hombro me detuvo. Mi cuerpo entero se tensó, listo para la lucha, relajándose en el próximo segundo al oír el suave susurro de Mason en mi oído.
—Parece que se han metido a robar.
Asentí, había llegado a la misma conclusión segundos antes. Compartimos una mirada llena de entendimientos y nos adentramos silenciosamente en la cocina.
Un bolso se encontraba abierto sobre la encimera de madera, algunos panes envueltos y manzanas escapaban de él, vislumbré tres botellas vacías alineadas junto al saco de tela, las llamas del hogar encendido iluminaron la delgada silueta moviéndose del otro lado de la isla, arrojando más comida a la bolsa mientras un termo descansaba sobre una de las hornallas encendidas de la cocina.
Me tomó un segundo demasiado largo comprender lo que veía.
—Gretta.
El quejido sorprendido de la figura resonó en la silenciosa estancia. Las llamas del hogar iluminaron su rostro culpable mientras se giraba, finalmente reconociendo nuestra presencia, de pie en el umbral.
Se mantuvo en silencio mientras las pruebas de lo que planeaba hacer descansaban entre nosotros.
—Por favor, dime que no estás haciendo lo que creo que haces.
Las palabras de Mason cargaban con un alto grado de desaprobación, era extraño, presencia ese matiz en su normalmente serena voz. Supuse que era incluso peor ser la receptora de esas palabras, al juzgar por el color apareciendo en las mejillas de Gretta.
—No tengo otra opción.
Las palabras se clavaron en mí como cuchillas.
—Siempre hay otra opción. Lo sabes.
Me concentré en el bulto en los brazos de Gretta, comprendiendo ahora el porqué de su descuido mientras intentaba reunir suministros para su huida. Morgan permanecía allí, sorprendentemente dormido a pesar del alboroto que había hecho su madre momentos antes.
—¿Y cuál es esa opción? —exigió Gretta mientras el fuego iluminaba su mirada desesperada —Dime, por favor. La Academia va tras ustedes. No tardarán en buscarlos aquí. ¿Qué haré entonces? Si saben lo que hice, que el bebé nació sano y salvo…no puedo arriesgarme a que caiga en sus manos. Me lo arrebatarán, esta vez para siempre.
—Eso no sucederá —intentó razonar Mason con ella, pero ya estaba más allá de escuchar razones.
—¿No? ¿Cómo estás tan seguro? Porque créeme que Tonya estaba muy segura de que jamás volvería a caer en manos del Concejo y es allí donde terminó.
Retrocedí un paso, como si me hubiera golpeado. Y quizás lo habría hecho. Los dioses saben que me lo merecía después de lo que había hecho. Sentí a Mason tensándose junto a mí, sabía que saltaría en mi defensa, cuando al parecer no lograba defenderme a mí misma de esas palabras. De esas verdades.
—Lo siento —dijo Gretta, sorprendiéndome —, pero no puedo arriesgar la vida de Morgan…por esto. Juraron lealtad a la Academia. Cuando llegue el momento, sentirán el peso de ese juramento.
Mason permaneció en silencio. Sabía que sólo intentaba calmar su temperamento, pero Gretta no lo sabía. Todo lo que ella recordaba, es que él llevaba la marca enemiga grababa a fuego en su piel.
Mi mirada viajó hacia las llamas ardiendo en el hogar. Las palabras escaparon antes de que lograra reconocerlas.
—No he jurado lealtad.
Sentí la mirada de ambos sobre mí, me obligué a encontrarme con Gretta.
—Nunca juré mi lealtad a la Academia. No podía hacerlo y me molestaba el no comprender realmente el porqué. Ahora lo comprendo —mi susurro la llenó de confusión, di otro paso dentro de la habitación —. Mi lealtad no es hacia ellos. Jamás estuvo con ellos. Mi lealtad es hacia los inocentes. Hacia los seres que protejo. Hacia los que amo. Daría mi vida por ellos sin dudarlo, ¿qué otra cosa sino es la lealtad?
Miré hacía el bulto dormido en brazos de Gretta. El balbuceo se había quedado en mi mente, grabándose allí y reproduciéndose sin mi permiso. Caminé lentamente hacia el hogar encendido, deslizando la navaja de mi bolsillo. Su navaja. Me arrodillé frente a las llamas, extendiendo la hoja metálica sobre el fuego, esperando pacientemente a que el metal se calentara. Ignorando el calor molestando mi piel. Cuando estuve satisfecha volví hacia ellos, ninguno parecía comprender la razón de mi comportamiento. Lo comprenderían muy pronto.