Un suave golpe en la puerta me sorprendió. Levanté la mirada para encontrar a Gretta parada allí, esperando en el umbral.
Había tomado una rápida ducha después de mis tareas del día, el dolor sordo de la carne chamuscada había sido un recordatorio de lo que había hecho la noche anterior. Había unido mi vida a la de Morgan. Le había jurado lealtad, sin dudarlo.
Todavía no lograba sentir arrepentimiento por aquello, supuse que ese sentimiento jamás me encontraría. No por esto.
—¿Te importa si entro un momento?
Negué recordando que Gretta seguía esperando invitación. Noté tardíamente que llevaba un pequeño frasco en sus manos. Las palabras escaparon antes de que lograra contenerlas.
—¿Dónde está Morgan?
La pregunta quedó colgando entre nosotras, mi preocupación evidente. Miré nerviosamente a la toalla descartada sobre mi camastro.
—Está con Mason —dijo Gretta, librándome de mi tormento —. Insiste en pasar tiempo con él —su mirada recorrió tímidamente la austera habitación —. Es sorprendentemente bueno, con los niños.
La tensión abandonó mi cuerpo mientras soltaba un bufido divertido ante su comentario.
—Sí, quién diría que el hijo del dios de la guerra y destrucción sería una niñera excelente, ¿verdad?
Gretta sonrió débilmente, su mirada pegada al pequeño frasco en sus manos.
—¿Qué tienes ahí?
—Oh, lo siento. Es para ti. Para tu... —señaló hacia donde descansaba la venda en mi pecho, cubriendo mi marca en proceso de curación.
—Claro. Gracias.
Asintió mientras quitaba la tapa y un aroma dulce inundaba el aire de la pequeña habitación, detecté notas de lavanda mientras untaba un poco de aquel líquido espeso en un pequeño paño y se acercaba, haciendo a un lado mi venda con sumo cuidado y limpiando la herida suavemente. Apenas lo sentí mientras volvía a untar un poco más y regresaba el vendaje a su sitio.
—Deberías repetirlo cada cuatro horas —dijo distraídamente —las hermanas son muy buenas en medicina casera, estoy segura que ayudará.
—Muchas gracias. Se siente mejor.
Lo hacía, ya podía sentir el leve cosquilleo de la medicina surtiendo efecto en la carne maltratada. Gretta asintió, pero no hizo ademán de irse, iba a preguntarle si necesitaba algo más cuando me interrumpió.
—¿Por qué lo hiciste? —la observé en silencio, entonces añadió —. El juramento. La marca, ¿por qué lo hiciste?
—No lo sé —confesé —yo sólo...lo sentí. Que el momento había llegado. Que mi lealtad estaba atada a él.
La emoción brilló en sus ojos, apartó la mirada antes de que alguna lágrima pudiera escapar. Fingí no notarlo.
—No lo comprendía —dije pensativamente, sorprendiéndome —por qué la Academia exigía ese tipo de sacrificio. Nunca lo comprendí, ¿por qué marcarnos de esa forma? Como si fuésemos ganado.
Sentí a Gretta tensándose.
—Creo que lo entiendo ahora. No es sobre la marca. O las palabras. Es el dolor.
La sorpresa la obligó a encontrarse nuevamente con mi mirada.
—Pensar en aceptar ese dolor. En someterte tú mismo a esa sensación tan...indescriptible. Es simplemente...
—Inimaginable —adivinó. Asentí.
—Creo que de eso se trata. Si estás dispuesto a atravesar ese tipo de dolor sólo para pasar una prueba...creo que estás demostrándoles que serías capaz de hacer cualquier cosa que te pidieran.
Seguí a Mason en silencio mientras nos acercábamos a los límites de las tierras de la abadía. Desde aquí tenía un lejano vistazo de las grisáceas aguas más allá de la playa. Casi podía escuchar la risa de Morgan acompañando el estallar de las olas contra las piedras en el viento que azotaba nuestros rostros. El otoño se sentía mucho más cruel en esta parte de la isla.
—Gretta tiene razón —las palabras rompieron con la brisa, miré hacia Mason, encontrándolo todavía concentrado en el pacífico paisaje —la Academia no tardará en encontrarnos aquí.
Asentí para hacerle saber que había oído sus palabras. Eran las mismas que se repetían una y otra vez en mi propia mente. Atormentándome.
—Tenemos que irnos antes de que eso suceda.
Ese no era el problema precisamente.
—¿A dónde iremos?
Mason mordió la esquina de su boca, miré maravillada su hermoso perfil. Había deseado muchas veces en el pasado caer enamorada por él. Sabía que sería la acción más noble que podría haber logrado mientras viviera, amar a un hombre tan increíble como él. Me había maldecido cada vez que no lo había conseguido. Ya no lo hacía. Ahora sabía que el amor que había crecido entre nosotros se había forjado con otras llamas, desde un lugar diferente del alma. Quizás hasta más profundo que un amor romántico.
Amaba a Mason como amaba el aire salado que llenaba mis pulmones. Lo amaba con toda la magia que recorría mis venas, con todo lo que me hacía ser quien ahora aquí y ahora.
—Creo que tenemos que esconder a Gretta y Morgan, sólo un tiempo mientras tú y yo…